Es muy paradójico ver a muchísima gente llorar por las tonterías que publica este pobre imbécil, "llamado" Xocas, cuando muchos de los que lloran son los mismos que aplaudieron el ascenso de los youtubers porque se veían mucho más reflejados en ellos que con los artistas profesionales, "que cobraban mucho dinero". Y no, yo no tengo por qué defender a Ester Expósito, que ni siquiera conozco. Lo que me molesta es ver cómo la sociedad le ha podido dar audiencia a estos pobres idiotas a quienes molesta cualquier cosa que no sean ellos y sus ideologías paranoides.
La cómica paradoja, también, es que estos desechos, que un día observaron que las tecnológicas les pagaban mucho más por decir y hacer idioteces que por ir a trabajar en cualquier otro lado, amasaron mayores fortunas que muchos de los artistas profesionales, además de emigrar a otros países para no contribuir con sus ganancias mediante los impuestos que sí pagaban otros (aquí es verdad que este sujeto es de los pocos que no ha emigrado, tal y como hicieron muchos otros en cuanto ganaron X dinero).
Por tanto, ver a una caterva de cientos de miles de idiotas llorar por las redes por algo que ellos mismo crearon, cual Frankestein, hace ya más de una década, es comprobar como aquella gente no era más que una masa de imbéciles, frustrados y mediocres para quienes sujetos como este, u otros como Llados, —puros opinólogos profesionales— eran el reflejo de su propio yo chabacano, desinformado e ignorante supino.
Todos estos imbéciles, que ahora lloran, llevan años siendo la materia prima perfecta de esa perversa simbiosis entre tecnológicas y puros sinvergüenzas.