Me pone triste pensar que probablemente jamás voy a experimentar un nivel de euforia que se asemeje tan siquiera un poco a lo que debió haber experimentado cualquier señora católica que estaba rezando en el momento que María Corina apareció de la nada en la iglesia
Este discurso tiene dos elementos sumamente peligrosos. El primero es la estigmatización de la gente que se manifiesta pacíficamente para exigir sus derechos. El segundo es el de "reconocer" (verbo riesgoso) solo lo que el poder considera que tiene validez y puede existir.