Este mismo infeliz que hoy dice con orgullo que ha recorrido el mundo dictando conferencias junto a @JuanManSantos es el mismo degenerado desgraciado que nos amenazaba a cientos de niñas con una cruz si no nos dejábamos abusar. Esa es la injusticia más grande para cualquier niña, hoy mujer, que haya sufrido los abusos de estos criminales.
Mientras ellos pueden caminar por todo el mundo dictando conferencias, las mujeres sobrevivientes llevamos años suplicando justicia. Como colombianos, deberíamos sentir vergüenza de tanta impunidad.
@BluRadioCo La jueces de este país son corruptos,por eso hay tanta violencia porque no imparten justicia,aquí tienen más garantías los criminales los delincuentes los VICTIMARIOS que las VÍCTIMAS,por causa de ésos jueces corruptos aquí muchos se toman la justicia por mano propia! HIJUEPUTAS!
@AdrianaVeterin Si esto es verdad,me confirma que tenía razón al nunca más de darle mi voto al @CeDemocratico@AlvaroUribeVel es desleal, recuerdo la que le hizo a @LilianaDeFrente LILIANA RENDON en Antioquia, cuando quería ser candidata a la gobernación -que seguro hubiese ganado-la traicionó
@Redepaz_Oficial Cuál Paz? eso se les volvió un negocio para desvíar recursos y una plataforma política para elecciones, que se aplique la ley y el sistema judicial trabajando se llega a la paz
Carta de H.D.Thoreau a Cepeda...
Senador Iván Cepeda:
Le escribo estas líneas no desde el lenguaje de la tribuna parlamentaria, el cual desconozco y desprecio, sino desde la severa soledad de los bosques de Concord, donde aprendí que la única patria del hombre libre es su propia conciencia. He observado sus apelaciones a la "desobediencia civil", y como autor de la idea de que un hombre justo debe romper la ley cuando esta lo obliga a ser el agente de una injusticia, me veo en la obligación ética de desnudar la falsedad de su discurso.
Cuando examino la historia moderna, veo hombres que, con imperfecciones, rozaron la grandeza de la objeción de conciencia. A Mohandas Gandhi podría criticarle la masificación de su movimiento; a Martin Luther King, su excesiva fe en que las leyes del Congreso podían remendar el alma de una nación; a Nelson Mandela, su pragmatismo final al sentarse en la silla del magistrado. Pero mis críticas hacia ellos son, en última instancia, querellas filosóficas sobre el método. Ninguno de ellos dejó de poner el cuerpo: pagaron con años de presidio, con el destierro y con el asedio del poder el derecho a llamar "desobediencia" a sus actos. Desobedecieron desde abajo, sufriendo el peso del Estado.
Lo que usted hace, senador, es una impostura de un orden completamente distinto, y la rechazo con la mayor vehemencia.
Usted pretende vestir con el ropaje sagrado de la desobediencia civil lo que no es más que una vulgar estrategia de agitación partidista. Usted no está desafiando al Estado para salvaguardar su integridad moral; usted ES el Estado. Usted es un legislador de la República, un hombre protegido por la inmunidad parlamentaria, que goza de los privilegios, escoltas y salarios que paga el mismo pueblo a través de los impuestos coercitivos que yo me negué a financiar.
Que un funcionario público con poder real convoque a la "desobediencia" para presionar a las cortes o a sus contradictores políticos no es resistencia: es coerción estatal disfrazada de victimismo.
Pero su jugada más peligrosa y contradictoria —aquella que traiciona cualquier noción de libertad— es su pretensión de convocar a una Asamblea Constituyente con el argumento de "cuidar las conquistas" de su proyecto político.
Entiéndalo bien: la idea de refundar las leyes superiores de una nación para blindar los dogmas de una facción y someter a la minoría bajo el rodillo de una supuesta "voluntad popular" no tiene nada que ver con la libertad. Al proponer que las masas se movilicen para petrificar su visión del mundo en un texto legal, usted se está comportando más como un fascista que como un amante devoto de la libertad. El fascismo siempre ha amado la calle, siempre ha amado las grandes concentraciones y las apelaciones al "pueblo soberano" para aplastar las instituciones que le estorban.
Un verdadero amante de la libertad no busca crear un Estado más fuerte, ni más leyes, ni constituciones perfectas para pastorear a los ciudadanos. Busca que el Estado se aparte. Busca que el individuo sea soberano. Al querer utilizar el poder constituyente como un escudo para sus fines políticos, usted demuestra que no confía en la conciencia libre de los hombres, sino en la maquinaria del control legal.
La desobediencia civil es el último recurso del individuo desarmado frente al tirano. Cuando el cortesano y el legislador intentan expropiar ese recurso para defender su propia parcela de poder, cometen la más baja de las profanaciones políticas. Si de verdad desea ser un desobediente, renuncie a su curul, despójese de sus prebendas, camine solo y asuma las consecuencias de sus actos. Mientras tanto, sus palabras no son más que retórica de palacio.
Desde Walden,
Henry David Thoreau
@DanielSamperO Muy difícil que lo entiendan los izquierdistas discapacitados mentales y cognitivos a los que @fecode les castró el PENSAMIENTO y RAZONAMIENTO CRÍTICO los ADOCTRINARON para ser resentidos sociales y odiar y seguir corruptos como @petrogustvago o @IvanCepedaCast
Mi nombre es Jaime Felipe Lozada. Permanecí tres años secuestrado por la guerrilla de las Farc, mi hermano Juan Sebastián igualmente permaneció secuestrado el mismo tiempo, a mi mamá Gloria Polanco la secuestraron durante casi ocho años y a mi papá Jaime Lozada el mismo grupo guerrillero lo asesinó en el año 2005, en cuyo atentado resulté herido. Lo digo sin rencor pero sí con claridad, la decisión de la JEP me duele, me indigna y me revictimiza profundamente.
@petrogustavo "Todos los hombres que ansían aventajarse a los demás animales deben procurar con sumo empeño que no transcurra su vida oscuramente como la de las bestias, a quienes la naturaleza creó inclinadas a la tierra y esclavas de su vientre". Salustio
Los invito a compartir, ayuden a que este mensaje llegue lejos. Ayúdenme a dar la batalla cultural
M-19: LA FARSA ROMANTICA
Por: Abg. Lorena Lázaro Ocampo
1° Parte...
Si uno escuchara ciertos relatos contemporáneos, llegaría fácilmente a la conclusión de que el M-19 no fue una guerrilla sino una mezcla entre facultad de humanidades, taller de poesía latinoamericana y club de lectura bolivariano que, por una desafortunada confusión logística, terminó acumulando fusiles, explosivos y secuestros en lugar de libros y separadores de páginas.
Porque esa es probablemente la mayor obra de ficción política producida en Colombia desde la invención del realismo mágico: la transformación de una organización armada en una experiencia cultural inmersiva.
Una especie de insurgencia con sensibilidad artística.
Una revolución, pero con departamento de literatura.
Una toma armada, pero con vocación pedagógica.
Y claro, siempre aparece alguien dispuesto a explicarnos que aquello no era violencia sino simbolismo, no eran fusiles sino metáforas y no eran guerrilleros sino jóvenes idealistas con una relación un poco excesiva con la pólvora.
Porque aparentemente el plomo adquiere propiedades democráticas si se cita suficientes veces a Bolívar antes de dispararlo.
La democracia liberal tiene muchos defectos para el revolucionario romántico; obliga a debatir, obliga a convencer, obliga a ganar elecciones, y lo más humillante de todo: a veces obliga incluso a perderlas.
¡Qué sistema tan autoritario!
Mucho más razonable parece la teoría según la cual cuando las urnas producen resultados incómodos siempre queda disponible el plan B: reemplazar el escrutinio por la munición y el debate parlamentario por la creatividad balística.
La historia universal, curiosamente, no ha producido demasiados casos de éxito bajo esa metodología.
Pero las leyendas tienen ventajas extraordinarias sobre la historia; la historia exige hechos.
Las leyendas apenas necesitan narradores suficientemente entusiastas.
Y así apareció uno de los fenómenos más fascinantes de la política colombiana: la extraña capacidad de convertir retrospectivamente una guerrilla en una experiencia estética y la violencia política en una especie de posgrado acelerado en sensibilidad democrática.
Las víctimas, naturalmente, suelen quedar fuera del programa académico; pues arruinan bastante la narrativa.
La democracia puede reconciliarse.
Puede perdonar, puede permitir que antiguos combatientes hagan política, se sometan a las reglas y participen en las instituciones.
Eso precisamente diferencia a una democracia de aquello que pretende reemplazarla.
Lo que no debería hacer es aceptar la idea de que las armas fueron una forma especialmente apasionada de participación ciudadana.
Ni que el problema de una guerrilla fuera únicamente que el resto del país no supo apreciar correctamente su propuesta estética.
Porque las sociedades maduras, deben enseñar historia completa, no la que le están enseñando a nuestra juventud, deben enseñar historia con contexto, con responsabilidades, con víctimas, pero sobre todo con memoria, una memoria real y no amañada según quién la dicte.
No para alimentar odios sino para evitar que la pólvora termine disfrazada de nostalgia y la violencia de patrimonio cultural, para evitar terminar, nuevamente repitiendo las malas historias y ejemplos que nos persiguen como sombras.
Porque una democracia puede perdonar a quienes dejaron las armas. Lo que no debería hacer es aceptar que ahora intenten convencernos de que las armas eran utilería de una obra romántica.
Y quizá el verdadero realismo mágico colombiano no sea el de Gabriel García Márquez.
Tal vez sea haber logrado que algunos crean que una guerrilla era simplemente una facultad de humanidades con problemas de manejo de inventario militar.
@hoffmanpacheco Que nos ganamos con #IgnoremosAPetro si aún hay 12 millones de discapacitados mentales y cognitivos sin RAZONAMIENTO y pensamiento crítico,fanáticos ADOCTRINADOS seguidores de corruptos como @petrogustavo e @IvanCepedaCast