Tal vez mi generación no sabe hacer tamales, no sabe distinguir un video con IA, no le entiende al SAT, no reconoce el love bombing, baila aplaudiendo, dice qué te pasa calabaza y no tiene casa propia, pero sigue escuchando a Juan Gabriel y eso nos define como personas.
Hay países que levantan monumentos para celebrar sus victorias.
En México, las madres y los padres buscadores tienen que enterrarlos para recordar a quienes el Estado no ha encontrado. Más de 135 mil personas desaparecidas no son una cifra. Son una silla vacía. Un cuarto que sigue intacto. Una llamada que nunca llegó.
Hoy, en la avenida más importante de la Ciudad de México, enterraron un monumento que no celebra nada. Denuncia. Duele.
Y nos obliga a mirar de frente una tragedia que ya no cabe debajo de la tierra.
Si crees que es normal insultar y gritarle a tus residentes, te frustras porque no entienden algo QUE NI PARA EXPLICAR PUEDES, no estes en un hospital con residentes, internos y estudiantes.
Vayan a terapia, sanen sus mierdas, igual la enseñanza no es para cualquiera.