Nadie ha pedido un teleférico en el Valle.
Nadie ha pedido más turistas en una zona que debería estar protegida.
Igual que nadie pidió columpios gigantes en cada pueblo de Cantabria.
Pero una vez más, se cree que la base económica de este país tiene que ser el turismo aunque eso conlleve destrozar parajes naturales.
Lugares que son un remanso de paz y costumbres, algunos de ellos solo conocidos por quienes vivimos aquí, pasarán a ser un vaivén constante de tráfico y autobuses que provocarán que un precioso ecosistema quede manchado para siempre.
Ponerse unas botas y caminar no es suficiente. Ahora hay que masificar poblaciones que no llegan a 150 habitantes para que cientos de imbéciles tengan una foto que podrían haber tenido si se hubieran puesto unas botas y echado a andar.