Mi padre siempre me decía:
"Si quieres salir a correr, sal a correr, no busques compañía. Tarde o temprano, en tu quinta o vigésima carrera, personas con ideas afines te encontrarán".
Recientemente me he dado cuenta de que este principio funciona en todas partes.
Durante mucho tiempo me pasaba que no quería hacer preguntas en la chamba por qué pensaba que me verían como alguien que no sabía nada.
Pero ese sentimiento solo estaba en mi cabeza, no en la realidad.
Cuando me vuelve ese sentimiento, pienso: “prefiero preguntar, resolver la duda y sentir paz y no me importa como me ven los demás”
Al final obtengo mucho: tranquilidad, puedo seguir trabajando y sacar proyectos antes, y me demuestro a mi mismo que ese sentimiento solo era el síndrome del impostor una vez más