Amigos, les pido difundir consulta especial Cardio-Vascular este próximo lunes 12 de octubre de 9 a 13 Hrs. Corazón - Várices.
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LA CIENCIA DE CALENTAR LA SILLA
La ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, ha decidido compartir una credencial profesional extraída de una fábrica de 1920: “Yo era la primera que llegaba al trabajo y la última que se iba”. Formidable. También el guardia nocturno puede pasar más horas en el edificio de una empresa que su gerente general. ¿Debería, por ello, dirigir la empresa?
El problema no es que la ministra haya trabajado mucho. El esfuerzo merece respeto. El problema comienza cuando la extensión de una jornada se exhibe como certificado de excelencia. Más aún para quien desarrolló parte de ese trabajo en Estados Unidos, un país donde se premia la productividad y la eficiencia. Confundir permanencia con productividad es tan absurdo como medir la inteligencia de una biblioteca por el número de horas que permanece abierta.
Un cirujano que resuelve una intervención compleja en dos horas no es menos competente que otro que demora ocho. Un programador que automatiza en una mañana una tarea que antes exigía tres días no merece una reprimenda por retirarse temprano. Y un bombero no es mejor porque el incendio dure más. Aunque, siguiendo esta curiosa doctrina, quizá convendría premiarlo por la cantidad de humo inhalado.
Imagine a un piloto anunciando orgulloso que su vuelo tardó catorce horas en vez de diez. O a un ingeniero que necesita seis meses para construir lo que otro realiza en tres, y exige una medalla por su extraordinaria permanencia en la obra. Bajo este criterio, el restaurante más eficiente sería aquel cuyo cocinero tarda una eternidad en servir el almuerzo.
La productividad tiene una definición bastante menos romántica: es la relación entre lo producido y los recursos utilizados. El tiempo es uno de esos recursos, no un trofeo. Si dos personas alcanzan el mismo resultado y una emplea la mitad de las horas, esta ha sido más productiva. No por flojera, sino por eficiencia. Una distinción elemental que debería resultar familiar en un ministerio dedicado al conocimiento.
La economía tampoco acompaña esa nostalgia del reloj marcador. John Pencavel, economista de Stanford, estudió los rendimientos decrecientes de jornadas prolongadas: después de cierto punto, sumar horas aporta cada vez menos producción y puede aumentar errores y fatiga. La OCDE también ha documentado esa relación. No es conspiración sindical: es evidencia.
Hay además una dimensión humana que el culto a la oficina suele omitir. Quien abandona su trabajo a tiempo puede cuidar a sus hijos, leer, estudiar, dormir, amar o simplemente vivir. Nada de eso es una falla ética. Convertir el sacrificio permanente en virtud laboral termina castigando a quien organiza bien su trabajo y premiando al que administra mal su agenda.
Lo más desconcertante es la cartera desde la cual se pronuncia semejante elogio. Ciencia significa cuestionar supersticiones con datos; tecnología significa hacer más con menos; innovación significa reemplazar procesos ineficientes por otros mejores. Y, sin embargo, su titular rescata como emblema personal una superstición gerencial: que la silla ocupada durante más horas vale más que el problema resuelto.
Ser la primera en llegar puede demostrar disciplina. Ser la última en irse puede revelar compromiso. Pero también puede indicar sobrecarga, mala planificación o una organización incapaz de distribuir tareas. Sin información sobre resultados, ninguna de esas hipótesis puede darse por cierta. La puntualidad no es un indicador de impacto, ni el agotamiento acredita talento.
Ministra, Chile necesita más investigadores que descubran, más empresas que innoven y más instituciones que resuelvan. No un campeonato nacional sobre quién apaga la luz. El progreso no consiste en habitar el lugar de trabajo: consiste en transformar lo que allí se hace.
Porque si el mérito se midiera por las horas que alguien permanece sentado, el mobiliario de oficina sería, por lejos, el trabajador más destacado del país.
@MisColumnas
Se nos va Piero y nos deja un legado de canciones para cantar a todo pulmón contra los enemigos del pueblo. Quedan sus canciones y su amor por Colombia, su defensa de la paz, su ingenio y su humor para contar y cantar la vida.
Cantemos fuerte por el pueblo.
Gracias Piero. Buen viaje ❤️
Un perseguido de la Derecha.
Por Piero.
Soy un agradecido con la vida. Todo lo que he vivido ha sido un regalo de la vida misma, pese a todas las cagadas que algunas veces nos mandamos. Aprovecho y pido disculpas por las veces que no he estado a la altura.
Cuando mi música empezó a ser reconocida en Argentina por el mensaje de mis letras, me comprometí con la gente:
“Yo les prometo que voy a ser la voz de ustedes".
Con el pasar de los años, esa promesa se empezó a extender por toda América Latina, haciendo de las canciones generosos gritos de valentía y cambio, en busca de que cada día, cada uno de nosotros sea un mejor ser humano.
Porque mi promesa trasciende lo musical y busca una transformación social, en donde todos, sin importar de dónde seamos, podamos vivir en paz bajo un abrazo solidario.
Yo soy un hombre común, con buenas intenciones, ese es el legado más allá de la música, con el que quiero ser recordado.
Hablar de Venezuela es muy difícil, son historias pesadas… Lo que espero y lo que sería muy bueno, es que todos nos demos un abrazo de fraternidad.
Para llevar en canciones el mensaje del pueblo, se necesita una gran valentía. Como muchos artistas y argentinos en general, en 1976 debí salir de mi país y vivir en el exilio hasta 1981, año en que estaba finalizando la dictadura, y decidí volver a mi tierra. El exilio fue un momento muy difícil en mi vida, pero también haber vivido eso me permitió seguir adelante con mi música, y sentir aún más el cariño del pueblo.
Latinoamérica unida tiene fuerza natural, la alegría no es delito, ni la paz calamidad.
Hoy en día, aunque los artistas reflexionan de diferente forma la vida, siempre hay algunos tapados que entienden los verdaderos cambios que pueden ayudar a lograr. En ese camino de la música, me acompaña mi hija Fiorella de Benedictis —a quien defino como una "ternura social"—, con la cual sacamos un EP en 2024 titulado Lo mismo que vos.
Durante mis 60 años de trayectoria he tenido muchísimos momentos felices, pero recuerdo con gran aprecio el Latin Grammy a la Excelencia Musical recibido en 2016, y sobre todo, las luchas sociales en donde estuve presente, acompañando al pueblo.
Entre tantos recuerdos, uno inolvidable fue aquel concierto en 1993 en el estadio El Campín de Bogotá junto a mi querido Pablo Milanés. Simplemente algo inolvidable y hermoso.
Recuerdo que me lo pasaron al teléfono a Pablo, boludeando y boludeando, empezó a surgir la idea del concierto juntos en El Campín. Justamente ayer lo estaba viendo y recordando, fue hermoso de verdad. Duramos cinco horas tocando.
A lo largo del camino han quedado canciones como “Si vos te vas, Soy pan, soy paz, soy más”, “Los americanos” y “Llegando, llegaste”. Pero hay dos producciones que merecen un punto aparte.
Primero, el disco para niños llamado “Sinfonía inconclusa en la mar”, lanzado en 1973, que hasta hoy en día es mi disco más vendido: es una obra que, más que hacerme sentir orgulloso, trascendió, y deja un bonito mensaje para los niños. Y la segunda, “Mi viejo”, escrita por José Tcherkaski: una manera de agradecer. Todo lo que ocurrió alrededor de la canción nunca termina de asombrarnos.
Latinoamérica unida tiene fuerza natural, la alegría no es delito, ni la paz calamidad. Ese es el mensaje en el cual pongo gran énfasis, y quiero que lo escuche toda la región, porque a mis 80 años, todavía pongo un pie al frente, y lucho de manera amable y tierna por una Latinoamérica unida en la solidaridad, una Latinoamérica en paz.
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Fuente: “Piero es pan, es paz, es más… es Latinoamérica”. Rolling Stone Magazine, 1 de octubre de 2025
"Viejo, mi querido viejo" . Se va Piero y nos deja sus canciones, la esperanza y su modo sencillo y cálido. Nos visitó en 2022 en La Pintana y fue un fueguito en el corazón. Gracias por todo, Piero.💜🦋
Llegando, llegaste
Te miré de frente
Después puse un nombre
Te llamé “ternura”…
Llegando, llegaste
Y fuimos pensando
Me fui animando
Luego te besé. ❤️
Piero
QEPD.
Por esto te tratan de convencer que el estallido y la convención fueron un desastre. Se asustaron.
Fue el grito desordenado de un país asfixiado por esta gente.
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