@PresidenteKast Nazi y sensible, como Hitler!!... metiste presa a una mamá porque el hijo no se ensució la mano contigo... Schoenstattiano falso... ¡María vomitaria! si fuese real.. ¿Eres valiente con quienes se defienden y tiene acceso a prensa?
LA CRUEL DESIGUALDAD
La trampa intelectual o ignorancia de confundir desigualdad con diferencia.
Existe una frivolidad intelectual particularmente dañina en el debate público contemporáneo: reducir la desigualdad económica a una simple cuestión semántica. Con frecuencia aparecen voces que intentan relativizar uno de los problemas estructurales más graves de las democracias modernas argumentando que “todos somos desiguales” porque cada individuo es distinto o posee talentos y trayectorias personales únicas. La trampa es elemental: confundir diferencia humana con desigualdad económica.
No son lo mismo.
Las sociedades modernas se construyen sobre la diversidad. Las diferencias entre personas son inherentes a la condición humana y constituyen una riqueza cultural e intelectual invaluable. Diferimos en carácter, sensibilidad, vocación y experiencias. Pero la desigualdad económica no trata de identidades individuales; trata de la distribución del poder, de la riqueza y de las oportunidades dentro de una sociedad.
Cuando economistas como Joseph Stiglitz hablan de desigualdad, no se refieren a que unos prefieran la música clásica y otros el fútbol. Hablan de estructuras económicas donde el acceso a educación, salud, crédito, seguridad, justicia y movilidad social queda condicionado por el origen socioeconómico. Hablan de sistemas donde el mérito deja de ser el principal motor de ascenso y es reemplazado por la herencia y los privilegios.
La desigualdad económica aparece cuando las reglas del juego dejan de ser equidistantes.
Una sociedad profundamente desigual no es simplemente una sociedad “distinta”; es una sociedad asimétrica. Y la asimetría erosiona la cohesión social porque convierte las oportunidades en patrimonio exclusivo de ciertos grupos. El problema no es que existan ricos y pobres. El problema es que la distancia entre ambos destruye la posibilidad de una experiencia común de ciudadanía.
Allí es donde la meritocracia comienza a desmoronarse.
El mito liberal clásico supone que el esfuerzo individual permite progresar independientemente del punto de partida. Pero cuando la concentración de riqueza alcanza niveles excesivos, el punto de partida determina casi todo. El acceso desigual a capital cultural, redes de contacto y educación convierte la competencia social en una ficción.
La desigualdad severa no premia más mérito; premia más privilegio.
Y sus consecuencias van mucho más allá de lo económico. Las sociedades altamente desiguales generan fragmentación política y deterioro institucional. La segregación territorial crea ciudadanos que viven en países paralelos en un mismo territorio: unos acceden a servicios privados de excelencia mientras otros dependen de sistemas públicos deteriorados. Se rompe el sentido de comunidad.
La concentración extrema de riqueza también distorsiona la democracia. Quien concentra recursos concentra influencia política, capacidad de lobby y poder regulatorio. El mercado deja de ser competitivo y el Estado comienza a responder desproporcionadamente a quienes financian campañas o controlan industrias.
Las sociedades más desarrolladas entendieron hace décadas que la desigualdad excesiva no es solo un problema moral: es una amenaza económica. Reduce productividad, limita el consumo, desperdicia talento humano y deteriora la estabilidad institucional necesaria para crecer sostenidamente.
Por eso resulta intelectualmente miserable refugiarse en juegos gramaticales para negar el fenómeno. Decir que “todos somos desiguales porque todos somos distintos” es tan absurdo como afirmar que la pobreza no existe porque todos carecemos de algo. La discusión seria nunca ha sido sobre diferencias humanas; ha sido sobre estructuras económicas que producen exclusión persistente y movilidad social decreciente.
“La desigualdad no nos hace distintos. Nos hace distantes”.
@MisColumnas
@jakastadriasola Súper deberíamos también meter presos a todos los que son antipatriotas y se llevan sus cápitales al extranjero.... asi como su familia
INDIGNACIÓN GRATIS…👇🏻👇🏻👇🏻
Este es Gabriel Zaliasnik, el nuevo embajador en Israel, quien fue protagonista de una red con Luis Hermosilla para nombrar jueces afines y obtener favores.
Durante el estallido social, Zaliasnik defendió al General Rozas, imputado por violaciones a los derechos humanos, y recibió honorarios gestionados por Loreto Silva, presidenta de ENAP, y Andrés Chadwick.
Los chats revelan gestiones para fijar los honorarios, incluyendo la participación de Chadwick para presionar a Silva.
Prepárese un café, tome asiento cómodamente y lea…
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Estudiante visiblemente herida es detenida por Carabineros en medio de la brutal represión contra la marcha estudiantil de la Confech en la Alameda de Santiago.
Fotografía, créditos a: @agenciaunochile