Jamás había valorado tanto la vida hasta que empecé a ver a mi alrededor, y me di cuenta de que hay gente que me quiere, hay gente que se alegra de verme y hay gente que me incluye en sus planes aunque yo no sea tan presente.
Te das cuenta de que, en algún momento de la vida, tus padres se vuelven poco a poco como tus hijos. Hacen preguntas sencillas, repiten historias y dependen de tu paciencia, igual que tú dependías de la de ellos.