@ChuecaNatalia Cómo te gusta el postureo Natalia,
mientras te dedicas a joder el servicio de ayuda a domicilio quitando los refuerzos dejando a toda la plantilla en la más absoluta precariedad, sois unos sinvergüenzas
@heraldoes Pués me parece fenomenal que con lo que van a recortar mi sueldo y el de mis compañeras auxiliares de ayuda a domicilio del ayuntamiento de Zaragoza al quitarnos los " refuerzos" se paguen parte de estás luces, no tendremos para comer, pero mira que bonitas las luces
@periodicoaragon Pués me parece fenomenal que con lo que van a recortar mi sueldo y el de mis compañeras auxiliares de ayuda a domicilio del ayuntamiento de Zaragoza al quitarnos los " refuerzos" se paguen parte de estás luces, no tendremos para comer, pero que bonitas las luces
Y las trabajadoras de ayuda a domicilio del @zaragoza_es salen a la calle para reclamar que no les recorten jornada y en consecuencia su salario “Los refuerzos no se tocan” @CCOOHabitat_AR reclama mayor reconocimiento a este servicio público indispensable
@Ganchito67 En Zaragoza tanto en dependencia como en SAD, es obligatorio tener el título de auxiliar, yo trabajo en SAD y te aseguro que mis funciones son distintas en cada servicio y he trabajado en dependencia y realmente son prácticamente las mismas
Estas mujeres levantan unos 300 kilos al día, que se dice pronto. Atienden a varias personas en situación de dependencia cada día, las levantan de la cama, las bañan, les dan de comer. @AnitaBotwin nos acerca estas historias esenciales e invisibles. https://t.co/OknKl7ffTZ
Elisa Garrido, la que dinamitó una fábrica nazi
Nació en Magallón (Zaragoza) en 1909, y se fue a trabajar como sirvienta a Barcelona, donde conoció al que luego sería su marido y se enroló en la CNT. Con ella partió como miliciana a combatir en el frente de Aragón, desde donde tuvo que exiliarse a Francia. Pero solo era el primer capítulo de su azarosa vida, reconstruida por los memorialistas.
En el país galo siguió ayudando a los exiliados con la CNT, y luego también a la resistencia contra la invasión nazi, ya en los Alpes, donde se la conocía como la ‘mañica’ y se ganó su alias de Françoise.
En 1943 fue capturada por la Gestapo en Toulouse, y torturada en la cárcel sin que los nazis lograsen que traicionara a su organización. Al año siguiente, tras pasar por la cárcel parisina, fue trasladada al campo de concentración de Ravensbrük, y de allí a otro en Leipzig, asociado a un campo de trabajo de fabricación de obuses. Le hacían desmontarlos, e iba reservando pólvora hasta que reunió la suficiente como para hacer volar la línea de trabajo. Ella no lo contó, pero sí lo admitió a otras prisioneras, lo que permitió reconstruir esta notable hazaña.
Finalmente formó parte de un canje de prisioneros en el que, no sin más avatares (su transporte fue ametrallado) y peregrinajes por Europa, terminó volviendo a Francia y se reunió con su marido. En los años 50 volvieron a España e intentaron establecerse en Mallén, pero no tuvieron suerte y volvieron a Francia, donde fue reconocida como heroína.
Hasta su muerte a finales de los 80, le quedó una gran fuerza y dignidad y una tirria por los coches alemanes, a los que no podía evitar insultar si veía, como recordaba una sobrina francesa en una emotiva carta leída en el acto de inauguración de la calle dedicada a Elisa Garrido en su localidad natal.