Entre ella y MCM, solo una ha tenido que correr riesgos personales reales. Y es casualmente la única de las dos a la que le importa Venezuela.
Y de paso que venga a burlarse de ella, después de todo lo que ha tenido que pasar.
Ya por ahí mides de qué está hecha.
:)
La primera reacción de la nueva premio Nobel de Paz es un comentario pasivo-agresivo para meterse con Trump y María Corina Machado. Sí, la misma que mientras Maduro machacaba a los venezolanos y violaba derechos humanos, decidió guardar silencio y no mover un solo dedo.
LESSONS FROM HISTORY | WASHINGTON 🇺🇸 MISREAD DE GAULLE 🇫🇷. IT IS MISREADING MARÍA CORINA MACHADO 🇻🇪
Roosevelt distrusted de Gaulle, then in exile in London. Even as France fought to free itself, Washington maintained relations with Vichy and promoted General Giraud as a more manageable French leader. De Gaulle was stubborn, yes. He insisted that France belonged to the French.
He prevailed. The French knew who had stood for them when their country was occupied by Hitler.
Today Washington praises and parades Delcy Rodríguez while María Corina Machado struggles to return to Venezuela. President Trump can sign agreements with Delcy, give her an unearned seat at the table and pretend she speaks for the country. But he cannot give her the mandate Venezuelans gave the democratic opposition on July 28, 2024. Maduro lost that day. So did the Rodríguez siblings.
María Corina will return. Venezuelans will decide who governs Venezuela. Washington must again confront an awkward reality: it used precious time propping up people the country had already dismissed for solid and inevitable reasons.
@realDonaldTrump@SecRubio@delcyrodriguezv@MariaCorinaYA
Es interesante leer a los propagandistas chavistas excitados por la posibilidad de que la tirana inelecta pueda besarle los pies, en vivo y directo, a Donald Trump en un pasillo de la ONU; allí donde hace unos años Hugo Chávez dijo que "olía a azufre" y a no muchas cuadras de la prisión donde están Nicolás Maduro y Cilia Flores, a quienes Delcy Rodríguez traicionó y entregó el 3 de enero.
El chavismo siempre fue un movimiento miserable, entreguista, sin principios y cobarde, pero el chavismo en esta, su etapa más pura y también convaleciente, es de lo más antivenezolano que ha producido nuestra historia. Por eso han preferido arrodillarse ante un país al que llevan 30 años insultando antes que entregar el poder a la persona que los venezolanos eligieron para gobernarnos.
No importan los malabares retóricos que usen: ustedes, chavistas, los poquitos que quedan, terminaron siendo unos fantoches desechables de Estados Unidos y el régimen más aborrecido de nuestros dos siglos de República.
No es fácil entender que existiendo un amigo y aliado natural que cuenta con cerca de un 80% de respaldo en su patio, algún vecino prefiera conversar con un enemigo y adversario tradicional que además cuenta con cerca de 80% de rechazo en ese patio
Nada nuevo bajo el sol.
Si en la Asamblea General de la ONU hablaron Mugabe, Gadafi, Fidel Castro y Bashar al-Assad, ¿qué tiene de extraño que hable Delcy?
La ONU ha puesto el micrófono frente a personajes de sobra conocidos por el mundo.
Que Delcy hable no la convierte en demócrata, ni la limpia de su pasado.
El micrófono de la ONU no otorga legitimidad.
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥
Apuntes de una ciudadana del mundo sobre María Corina Machado, escritos sin encargo, sin redacción que los reclame y sin más permiso que el de la propia conciencia.
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Quiero aclararlo antes que cualquier otra cosa, no por humildad fingida sino porque me parece que importa: no escribo para un periódico, no me paga una revista, no hay un canal detrás de estas líneas ni un editor esperándolas con la impaciencia del cierre. Toda mi tribuna son dos o tres cuentas en redes sociales con apenas unos cuantos seguidores, gente que me lee por cariño o por costumbre y que nunca me pidió que escribiera sobre esto. Tampoco me ampara esa coartada tan cómoda de las credenciales, esa que permite decir lo que uno piensa poniéndole encima el escudo de una institución para que el golpe no llegue directo al cuerpo. Escribo desde el único lugar desde el que cualquiera puede escribir cuando ya no soporta el silencio, que es el lugar sin techo, sin gremio y sin salario, ese punto de la intemperie donde una persona se queda a solas con una historia que la desvela y decide que va a contarla aunque nadie se la haya pedido. Si estas palabras vuelan y alguien las lee del otro lado del mundo, magnífico, que vuelen. Y si se quedan aquí, apagándose despacio como se apagan casi todas las cosas que escribimos de madrugada, también está bien, porque entonces habrán servido al menos para dejar constancia de que una mujer cualquiera, en un momento cualquiera de este siglo apresurado, se detuvo a mirar de frente lo que otra mujer estaba haciendo con su vida y no pudo quedarse callada.
Hay una idea instalada, casi un axioma de nuestra época, según la cual la política es un oficio de dentaduras impecables y promesas negociables, un teatro donde los papeles se reparten por conveniencia y se abandonan por lo mismo. Y después está esta señora venezolana, ingeniera industrial de formación, mujer de números y de proyectos financieros, que en 1992, cuando podía haber dedicado su cabeza privilegiada a multiplicar patrimonios ajenos y propios, abrió una casa para los niños que dormían en las aceras de Caracas. Pienso mucho en ese detalle, más de lo que quisiera. Pienso en la clase de persona que va caminando por su ciudad, ve un bulto pequeño durmiendo sobre un cartón en la entrada de un edificio y, en lugar de apurar el paso como hacemos todos, se detiene y decide que eso es inaceptable y que le corresponde a ella hacer algo. No lo escribo como dato de currículum: lo escribo porque ahí está la llave de todo lo demás, el primer indicio de una vocación que no consiste en tomar el poder sino en recoger con las manos lo que el poder deja tirado en la calle. Diez años después, cuando fundó Súmate para que la gente aprendiera a contar sus propios votos y a defenderlos mesa por mesa, estaba haciendo exactamente lo mismo a otra escala: recoger del suelo algo que también habían arrojado ahí, en este caso la idea escandalosamente simple de que un pueblo tiene derecho a saber cuántos son los suyos y hacia dónde quieren ir.
Por enseñar a contar votos la acusaron de traición a la patria. Hay que detenerse en esa frase, masticarla despacio hasta que duela, porque en ella está condensada toda la lógica de los regímenes que confunden el país con su propia biografía: se acusa de traicionar a la nación a quien pide que la nación hable. Después vinieron las otras humillaciones, administradas con esa paciencia burocrática que es la forma más cobarde de la crueldad, porque no deja moretones visibles y desgasta durante décadas sin que nadie tenga que ensuciarse las manos. La prohibición de salir del país sin condena que la sustentara. La inhabilitación por quince años firmada en una oficina, con sello y membrete, sobre un papel que ningún tribunal decente del mundo defendería en público sin sonrojarse. El escaño de diputada arrancado de un plumazo en 2014, después de que ella hubiera llegado a ese hemiciclo con la votación más alta que había recibido nadie en la historia del Parlamento venezolano, un detalle que sus enemigos prefieren no recordar y que explica por qué le tuvieron siempre tanto miedo. Y antes de todo eso, aquella escena que los venezolanos guardan en la memoria como se guarda un fósforo encendido en el hueco de la mano para que el viento no lo apague: una mujer de pie interrumpiendo el discurso interminable del hombre más poderoso del continente para decirle a la cara que expropiar es robar, y el hombre poderoso respondiéndole con aquella arrogancia que ya olía a mausoleo, que el águila no caza moscas, sin sospechar que acababa de regalarle a su adversaria la imagen fundacional de todo lo que vendría después.
Lo que más me conmueve de ella, sin embargo, no es ninguno de esos episodios de coraje espectacular, porque el coraje espectacular dura un minuto y sale bien en las fotografías. Lo que me desarma es la otra cosa, la que no fotografía nadie: la década entera recorriendo pueblos que no aparecen en los mapas, carreteras rotas, aldeas donde ya no quedaban ni luz, ni médicos, ni muchachos, porque todos se habían ido; plazas con veinte personas escuchándola bajo un sol que parte las piedras, y ella hablándoles con la misma intensidad con que hablaría ante un estadio, porque para ella esos veinte eran el país entero. Esa constancia sin público es la parte más dura de todas, ese trabajo de hormiga de sumar voluntades de una en una, de dos en dos, de diez en diez, sabiendo que la cosecha, si algún día llega, llegará tarde y quizá no llegue para quien la sembró. Por eso, cuando en octubre de 2023 más de dos millones de venezolanos desafiaron el miedo y le dieron más del noventa por ciento de los votos en una primaria que el régimen había declarado imposible, ese resultado no fue un milagro ni un fenómeno mediático: fue la factura de diez años de kilómetros, de gasolina negada, de hoteles que le cerraban la puerta, de dirigentes locales presos, de caravanas detenidas en alcabalas por hombres armados que tenían órdenes precisas de humillarla. La inhabilitaron enseguida, por supuesto, porque el sistema no supo hacer otra cosa, y ella respondió con seis palabras que deberían enseñarse en todas las escuelas de derecho constitucional del planeta: 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐡𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐭𝐚 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐞𝐛𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐕𝐞𝐧𝐞𝐳𝐮𝐞𝐥𝐚.
Después llegó 2024 y ocurrió aquello que todavía no sabemos nombrar del todo. Una mujer a la que le habían prohibido ser candidata cruzó el país de punta a punta con la camisa blanca y los jeans de siempre, encaramada en camionetas, levantada en hombros por gente que lloraba al verla sin entender bien por qué lloraba, haciendo campaña por otro hombre, Edmundo González Urrutia, en el gesto de desprendimiento político más limpio que ha dado América Latina en mucho tiempo. Y entonces sucedió lo verdaderamente extraordinario, que no fue ella sino lo que ella encendió: cientos de miles de venezolanos comunes, señoras de barrio, muchachos de liceo, jubilados con las rodillas destrozadas, se formaron durante meses para vigilar mesas electorales, aguantaron horas de pie sin comer, fotografiaron actas con teléfonos viejos, las escondieron en la ropa interior y en los zapatos y las sacaron a la luz del mundo mientras afuera los esperaban las camionetas sin placas. Un país entero convertido en notaría de sí mismo. Eso no lo organiza el carisma; eso lo organiza la confianza, que es la sustancia más difícil de fabricar que existe y la única que no se puede confiscar.
Y hay una cosa que no he podido quitarme de la cabeza desde que la vi: en esas plazas la gente no le pedía comida, que era lo que faltaba, ni medicinas, que era de lo que se estaban muriendo. Le pedían, con el teléfono en la mano y la pantalla encendida en la cara de un hijo que se fue hace seis años, que se los devolviera. No conozco otra campaña en el mundo donde la promesa central no fuera un empleo ni un subsidio, sino algo tan antiguo y tan pequeño como volver a sentar a una familia completa alrededor de la misma mesa; y no conozco a nadie más que haya entendido que ese, y no la presidencia, era el único cargo por el que valía la pena jugarse la vida.
Lo que siguió fue un año y medio de sótanos, de casas prestadas, de mudanzas nocturnas, de mensajes grabados en penumbra para sostenerle el ánimo a un pueblo desde un escondite cuya ubicación no conocía ni su propia familia. Una mujer de cincuenta y tantos años, madre de tres hijos, viviendo como una fugitiva en la tierra donde nació por el delito de haber ganado. En octubre de 2025 el Comité Noruego le dio el Premio Nobel de la Paz por su trabajo incansable en favor de los derechos democráticos del pueblo venezolano, y esa frase, tan sobria, tan escandinava, tan incapaz de contener lo que nombraba, sonó en Venezuela como suena el agua cuando se lleva demasiado tiempo con sed. Y cuando llegó el 10 de diciembre y el mundo miraba hacia el ayuntamiento de Oslo, ella no estaba ahí: estaba cruzando el mar en una lancha, o esperando en alguna pista, o pasando alcabalas con el corazón en la garganta, mientras su hija Ana Corina, de pie ante reyes y ministros, leía en voz alta las palabras que su madre había escrito a escondidas. Llegó de madrugada, casi un día tarde, agotada, y se asomó al balcón de un hotel donde decenas de venezolanos la esperaban en el frío de diciembre, y se puso la mano en el pecho y cantó el himno de un país al que no podía volver, mientras desde la calle le gritaban valiente, libertad, María, ayúdanos a volver. Yo he visto ese video más veces de las que me atrevo a confesar y todavía no consigo llegar al final sin que se me nuble la vista, y ya dejé de avergonzarme de eso.
Sería tentador cerrar aquí, con el balcón y el himno y las banderas en el frío de Oslo, porque ahí la historia queda redonda y consoladora. Pero esta mujer no peleó veinticinco años para terminar convertida en una fotografía admirable. El palacio se vació, y aun así lo que ella prometió no ha llegado, porque su apuesta jamás fue sacar a un hombre de un despacho sino conseguir que un pueblo se contara a sí mismo y que esa cuenta valiera, y eso no lo firma ninguna potencia extranjera en ningún hotel con aire acondicionado y traductores simultáneos. Eso lo hacen los venezolanos, con ella adentro. Por eso va a volver.
Y la están esperando de una forma que no cabe en ninguna encuesta. Hay gente que todavía guarda las copias de aquellas actas del 28 de julio en una carpeta plástica, dentro del escaparate, entre las partidas de nacimiento y los recibos viejos, no por nostalgia ni por archivo sentimental, sino porque nadie les ha dicho aún que ya pueden botarlas y porque intuyen que ese papel arrugado es el único título de propiedad que tienen sobre su propio país. Venezuela lleva demasiado tiempo aprendiendo a esperar, hasta convertir la espera en una disciplina y casi en un oficio, y ese pueblo que se entrenó durante años en la paciencia no piensa gastar el último tramo resignándose ahora que ella está apenas a un avión de distancia.
La espero yo también, sin tribuna, sin medio, sin nada que ofrecerle salvo estas páginas escritas de noche por puro desacato al silencio. La espero porque su historia dejó de pertenecerle hace rato y ahora nos hace falta a todos los que seguimos sospechando que la decencia es un proyecto viable y no una ingenuidad de gente mal informada.
Porque «hasta el final» nunca fue un eslogan salido del laboratorio de un asesor de imagen: fue un contrato firmado a dos manos, en plazas polvorientas de caseríos sin semáforo, entre una mujer que prometió no rendirse y un pueblo que le respondió con lo único que le quedaba, su palabra. Ella ya cumplió la suya, íntegra, sin descuentos, incluidos los dieciséis meses en que le tocó vivir escondida en la tierra donde nació. Falta la mitad nuestra, la de los que miramos, y es mucho más humilde que la suya: consiste apenas en no cansarnos, en no cambiar de tema, en no dejar que la costumbre consiga lo que no consiguieron las amenazas. Ella puso el cuerpo. Nosotros solo tenemos que poner la memoria.
Yo no me voy a cansar. Y el día que ella baje de ese avión sin lancha, sin alcabalas y sin la mano de nadie tapándole la cara, lo que va a retumbar en Venezuela no va a ser un aplauso: va a ser un país entero respondiendo a una promesa que nunca dejó de estar viva.
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥, 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐚. 𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥.
El chavismo hoy desbloqueó diferentes medios de comunicación que llevaban años bloqueados por CONATEL.
El mismo día secuestran un dirigente opositor que había regresado al país.
Mañana liberan otro dirigente, y vuelven a bloquear otros medios de comunicación, y así hasta el infinito mientras permanezcan en el poder.
Su habilidad ha sido tomar tantos rehenes y restricciones como sean necesarias, para luego relajarlas en momentos de tensión y venderlo como concesiones.
Seguirá sucediendo hasta que se vayan. Una dictadura no deja de serlo.
VAYA TUTELA LA DE WASHINGTON
Por Pedro Mario Burelli
Ojalá @SecRubio lea personalmente este deprimente informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la @UN. También recomiendo que lea las observaciones sobre dicho informe de @EdmundoGU, el hombre digno que los venezolanos eligieron, contra viento y marea, como su presidente el 28 de julio de 2024.
Durante nueve largos meses EE.UU. ha encontrado mil maneras de impedir que @MariaCorinaYA regrese a Venezuela, convirtiéndola de hecho en una suerte de rehén. Pero no ha logrado que @delcyrodriguezv desmantele el aparato represivo que durante años ha sostenido a un régimen ilegítimo y repudiado por la inmensa mayoría del país.
Washington puede transferir, sin esfuerzo aparente y sin compensación alguna, 65.000 millones de barriles de reservas del Estado a la empresa de un malhechor. Pero no puede lograr la liberación de casi 400 presos políticos en un país que se jacta de haber conquistado “en menos de 45 minutos”.
De @realDonaldTrump ya entendimos qué esperar. Pero de @marcorubio esperábamos mucho más.
Sin poner en duda sus convicciones democráticas, resulta imposible no cuestionar sus prioridades y el uso selectivo de la inmensa capacidad de coerción de Washington. Una presión que ha generado grandes expectativas económicas para un grupo diverso de empresarios favorecidos por la Casa Blanca, pero escasos avances en libertad, justicia y democracia, y nada en bienestar económico para un pueblo brutalmente empobrecido.
Que Delcy Rodríguez pueda viajar a Estados Unidos mientras María Corina Machado no puede regresar a su propio país dejará muy mal parada a la Administración Trump. Y confirmará algo cada día más difícil de negar: Washington ha escogido mal, muy mal, sus prioridades.
Secretario Rubio: lea usted mismo este informe. No permita que se lo reduzcan a un resumen de dos párrafos.
Todo lo que allí se describe ocurrió y sigue ocurriendo bajo sus narices.
Y cada día que continúa, socava lo que usted durante años dijo representar.
Es hora de corregir el rumbo.
Si Washington va a ejercer una tutela sobre Venezuela, que sea para desmontar la barbarie y abrir paso a la democracia.
No para administrar la represión mientras reparte el botín.
#GabrielaMontero:
Mi querida Gabriela: @monterogabriela
Hay momentos en la vida en los que las palabras se quedan pequeñas. Este es uno de ellos.
Hoy siento una emoción y un orgullo inmensos al verte recibir el Premio Pablo Casals. Pero, más allá del reconocimiento a la pianista extraordinaria que eres, me conmueve profundamente el reconocimiento que te hacen, a ti, a esa mujer valiente, íntegra y generosa que conozco y quiero.
Tú has entendido que el arte no puede vivir de espaldas al dolor de un pueblo. Has tenido el valor de poner tu voz, tu música y tu nombre al servicio de la libertad de #Venezuela . Has denunciado la tiranía cuando muchos prefirieron callar, y has asumido, con enorme valentía, el costo personal de no mirar hacia otro lado, como si lo hicieron aquellos que teniendo la batuta en mano, prefirieron cohabitar.
Eso te hace todavía más grande como artista, pero sobre todo te hace inmensa como ser humano.
Y ahora, como si todo esto no fuera ya suficientemente hermoso, has tenido la generosidad de dedicarme estas palabras por tu premio y donarme su dotación económica.
Gabriela, no sé cómo agradecerte un gesto tan grande, noble, generoso.
Lo recibo con el corazón profundamente conmovido, con mi compromiso de seguir luchando por la libertad de nuestro querido pais y una gratitud que me acompañará siempre.
Para mí, el verdadero regalo que la vida me ha dado es tu amistad. Es saber que caminamos juntas, que compartimos el amor por Venezuela y que, cada una desde su lugar, seguimos soñando y luchando por verla algún día libre, democrática y en paz.
Me siento profundamente orgullosa de ti. De tu talento, sí; pero mucho más de tu coraje. De no haberte dejado silenciar. De haber convertido tu piano en una voz de libertad cuando Venezuela ha necesitado que alguien como tu hablara fuerte y claro.
Te quiero, te admiro y te abrazo con toda mi alma.
Gracias, Gabriela, por ser como eres. Y gracias por recordarnos, con tu vida y con tu música, que la belleza también puede ser una forma de resistencia y que la libertad siempre merece ser defendida.
🇻🇪❤️🎹
Hay historias que se convierten en símbolos de una lucha. 🇻🇪
“Vientos de libertad”, narra la vida de Rafael Araujo “El señor papagayo”, un venezolano que hizo de su voz y de su arte una herramienta para defender la libertad y mantener viva la esperanza de una Venezuela democrática.
📍🇳🇴 Su historia llegó hasta Oslo, Noruega, y hoy vuelve a Venezuela, presentada en El Bejucal.
Al ver su propia historia, las lágrimas del Señor Papagayo nos recuerdan algo fundamental: La lucha por la libertad tiene rostros, tiene sacrificios y tiene historias que no podemos dejar que sea olvidadas.
El Señor Papagayo es una historia de resistencia. 🪁🇻🇪
#NobelPeaceConference
PRESIDENT TRUMP GETTING BAD ADVICE ON VENEZUELA
The unforced errors in the oil agreement.
1. Choosing as partner in the joint venture with the U.S. government the most reviled businessman in Venezuela. Who went from owning a company with no real activity to become a billionaire solely on no-bid contracts with the Chavez/Maduro regime.
2. Demanding a 100 year term for the concession. No country has ever given an oil concession on such terms, at least not in the last 100 years. Had the contract been for 70 or 75 years, the cries about neocolonialism would have come exclusively from the left.
3. Demanding 20% of the oil extracted to be offered at cost to the United States. This deprives Venezuela of tax revenue on 13 billion barrels of oil, and comes on top of the 10% cut already being taken by the U.S. on the current oil income. That does not mean the overall deal is not advantageous for Venezuela, but the optics are indeed “colonialist”.
4. Defending the local partner with a fake argument. Mr. Betancourt currently is indeed not accused of anything in the United States, neither was Al Capone at one time, before the tax evasion charges put him away, but everyone knew how he made his money.
5. Complementing Delcy Rodriguez at every turn. The woman is so unpopular in Venezuela that she cannot go out in public. Every compliment from the White House generates an immediate wave of anger inside Venezuela.
Ignoring the enormous controversy in Venezuela about this deal puts its implementation in doubt. There is still time to save it, but it needs to be modified. Hopefully the President will begin to get better advice.
The FT quoted me referring to Venezuela’s Alejandro Betancourt as a “POS.” I was being concise.
Allow me to explain: Betancourt is a criminal who bears direct responsibility for immense human suffering in Venezuela. Tens of millions of innocent people endured blackouts and their consequences: hospitals without electricity, basic services collapsing, and lives put at risk…all so Alejandro Betancourt and his cousins could buy a Falcon jet and a castle in Spain.
Betancourt overbilled Venezuela by billions for power plants that did not work. He bribed every minister and vice minister involved in the deal. This is all now public. The Derwick Associates criminal enterprise is perhaps the most perfect illustration of the corruption that flourished during Hugo Chávez’s dictatorship.
Why is he more of a POS than the average corrupt Chavista?
Because Betancourt had access to an excellent education and was born into privilege (but not money—his family had frittered their fortune away).
Betancourt exploited the connections he had made in his Caracas high school, including a friendship with the son of Chávez’s vice minister of electricity.
That is how it all began. That is the origin of his ill-gotten wealth.
Betancourt’s criminality is remarkably simple:
Who do I have to pay?
How much do I have to give them?
How do I make sure that everyone I pay with stolen money becomes invested in protecting me?
His own partner, Francisco D’Agostino, admitted their methods to me. And it has since been proven in multiple cross-border investigations.
That method did not stop in Venezuela.
He has since spent enormous sums hiring firms, consultants, lobbyists, PR operatives, journalists, producers, real estate agents, lawyers, investigators, and political figures across the ideological spectrum, in multiple countries… particularly Spain, France, the United Kingdom, and the United States, to launder his rotten reputation and keep himself from being prosecuted for his many crimes.
Betancourt paid a former Executive Assistant District Attorney of New York to halt prosecutions in Manhattan (Adam S. Kaufmann).
Betancourt paid Fusion GPS, the firm behind the Steele dossier. Betancourt paid former WSJ reporters to smear whistleblowers who dared to expose him.
Betancourt paid Rudy Giuliani as part of a legal effort urging the US Justice Department not to charge him while he was under investigation for a cascade of felonies.
Think about that combination for a moment.
Fusion GPS and Rudy Giuliani.
Betancourt’s ideology is transactional: Pay anyone useful. Turn money into access. Turn access into protection. Turn protection into respectability.
Democrat or Republican. Left or right. It makes no difference. There is no ideology beyond self-preservation. Everything he touches he soils, and makes part of his criminality.
When I called Alejandro Betancourt a POS, I was being efficient.
The real scandal is that the United States government is now willing to treat him as a legitimate partner.
🇻🇪 🗳️ Hay una sola elección pendiente en Venezuela: la presidencial. Esa es la que debe convocarse, esa es la que el país espera y esa es la que no puede sustituirse por gobernaciones, alcaldías, concejos municipales ni ninguna otra elección intermedia. Primero la presidencial. Lo demás viene después👊
🔴 “YO NO TENGO CASA. ESTA ROPA ES LO QUE ME QUEDA DESPUÉS DE TRES AÑOS. ME QUITARON TODO”: EXCARCELAN AL EJECUTIVO DE GOLD RESERVE
“Hay que generar el cambio ya”.
Poco antes de ser detenido, José Ignacio Moreno Suárez perdió a su esposa debido a un cáncer.
Al recordarla frente a las puertas del Rodeo I, la voz se le quiebra en entrevista con @maryorinmendez.
Después cuenta todo lo demás que también perdió.
El 4 de junio de 2023, funcionarios de la DGCIM lo detuvieron sin orden judicial mientras almorzaba en Caracas.
Durante semanas, las autoridades negaron información sobre su paradero.
Luego lo acusaron de traición a la patria, conspiración con un gobierno extranjero y asociación para delinquir.
Pasó más de tres años encarcelado sin juicio.
Moreno era abogado y representante en Venezuela de Gold Reserve, minera estadounidense-canadiense que ganó un arbitraje internacional cercano a los 1.000 millones de dólares contra el Estado venezolano por activos expropiados.
Su defensa y la compañía denunciaron que fue encarcelado como represalia por ejercer las acciones legales necesarias para cobrar esa deuda.
Durante el proceso le ocuparon inmuebles, vehículos, empresas y otros bienes. Su hija Priscilla también estuvo detenida durante más de 30 días después de visitarlo en la DGCIM.
Este 14 de agosto de 2026, José Ignacio Moreno salió del Rodeo I con la ropa que llevaba puesta.
“Yo no tengo casa. Esto es mi ropa, esto es lo que me queda después de tres años. Me quitaron todo, todo lo que yo tengo”.
Aun así, aseguró que no abandonará Venezuela y pronunció unas palabras difíciles de imaginar después de todo lo ocurrido:
“Yo los perdono”.
Antes de entrar a prisión había perdido a su esposa.
Durante el encierro le quitaron su casa, sus bienes y más de tres años de vida.
Salió con la ropa que llevaba puesta.
✈️ 𝐒𝐨𝐛𝐫𝐚 𝐮𝐧 𝐚𝐯𝐢ó𝐧: 𝐜𝐚𝐫𝐭𝐚 𝐚𝐛𝐢𝐞𝐫𝐭𝐚 𝐚𝐥 𝐃𝐞𝐩𝐚𝐫𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐄𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐄𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐔𝐧𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐣𝐮𝐞𝐳𝐚 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐋𝐨𝐮𝐫𝐝𝐞𝐬 𝐀𝐟𝐢𝐮𝐧𝐢
Al Secretario de Estado, @SecRubio y a quienes en Washington tienen hoy la capacidad de decidir algo tan simple como un asiento en un avión
No escribo esta carta para presentarles a María Lourdes Afiuni. Su nombre ya recorrió el mundo: la jueza que en 2009 aplicó una recomendación del Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detención Arbitraria y otorgó una medida cautelar a un empresario venezolano, y a quien el propio Hugo Chávez, en cadena nacional, pidió condenar a treinta años de cárcel. Desde el 10 de diciembre de ese año, irónicamente, el Día Internacional de los Derechos Humanos, su vida se convirtió en un calvario de prisión, arresto domiciliario, denuncias de tortura y abuso sexual, cáncer y una "libertad condicional" que, diecisiete años después, todavía le prohíbe salir de su ciudad, hablar con la prensa, votar o tener un pasaporte. Eso ya se sabe.
Lo que tal vez no se sabe con la misma difusión es que esta misma semana la Dra. @mariafiuni fue hospitalizada de emergencia: presenta lesiones tumorales, mareos, vómitos e hipertensión. Fue su hermano quien tuvo que anunciarlo, por sus propias redes sociales, porque no existe ninguna institución que lo haga por ella.
No le escribo esta carta al régimen de Venezuela. No tiene sentido pedirle clemencia a quien lleva diecisiete años negándosela: hace apenas dos meses, la familia de la jueza solicitó el cierre definitivo de su causa, una condena que, según su propia defensa, ya está cumplida, y la respuesta fue un nuevo examen psicológico ordenado por un tribunal, mientras a otros cientos de presos políticos sí se les dejaba salir, uno por uno. Tocar esa puerta ya demostró, con hechos y no con palabras, que no se abre.
Por eso le escribo a usted, señor Secretario, y al Departamento de Estado. Porque desde el 3 de enero de este año, cuando fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y cambiaron de un día para otro el curso de la historia venezolana, Washington dejó de ser un espectador lejano. Hoy hay diplomáticos estadounidenses instalados en Caracas, aeronaves militares del Comando Sur que aterrizan dentro del propio complejo de la embajada en simulacros de respuesta rápida, ejecutivos petroleros negociando activos e inversiones, y vuelos comerciales que han vuelto a conectar ambos países. Todos los días aterriza en suelo venezolano algún avión con bandera, insignia o logo hecho en Estados Unidos.
Y aquí está la ironía que no puedo dejar pasar: si hay espacio en esos aviones para generales, para contratistas del crudo y para funcionarios que negocian barriles de petróleo, ¿cómo no va a haber dos asientos, apenas dos, para una mujer de sesenta y tres años, gravemente enferma, que no debería viajar sola, y cuyo único delito fue cumplir una recomendación de Naciones Unidas? Si Estados Unidos tiene hoy la logística para mover soldados, diplomáticos y empresarios dentro y fuera de Venezuela, le sobra logística para mover a una sola paciente y a quien deba acompañarla..
No le pido a Washington dinero, ni armas, ni una intervención nueva. Le pido algo mucho más modesto y, por eso mismo, mucho más urgente: que gestione de inmediato, por la vía diplomática que ya tiene abierta y en uso, la evacuación humanitaria de la Dra. Afiuni para que reciba atención médica fuera de Venezuela, y que ejerza sobre las autoridades venezolanas la presión necesaria para que esa salida se autorice sin más demora ni más exámenes de cortesía. No hace falta legislar nada nuevo. Hace falta que alguien firme una autorización y ceda un asiento.
Esa misma petición la han hecho públicamente sus familiares: que se le permita trasladarse a Miami, donde reside desde hace más de una década su única hija, a quien no ve desde hace once años, junto a sus dos nietos, para que la Dra. Afiuni sea atendida en un hospital de esa ciudad y pueda, después de más de una década, reencontrarse con los suyos. Me sumo a ese pedido de la familia y se lo traslado a usted porque es Washington quien hoy tiene la capacidad real de convertirlo en un hecho.
La grandeza de una potencia no se mide por los acuerdos que firma, sino por lo que hace con lo que le sobra cuando alguien indefenso lo necesita. Le pido, con toda la firmeza y todo el respeto que merece su cargo, que lo exija ahora. La Dra. Afiuni ya pagó, de sobra, cualquier cuenta que alguna vez quisieron cobrarle; no le debe nada a nadie. Lo único que le falta es salir, sanar, y volver a los brazos de su hija, que la espera desde hace once años.
Elizabeth Sanchez Vegas (@elhabito)
En representación de cientos de miles de venezolanos que siguen su caso.
@SecRubio@usembassyve@SenRickScott@RepMariaSalazar@RepCarlos@MarioDB@nelsonafiuni
En Venezuela, una negociación política que no comience con la exigencia de la libertad inmediata y plena de todos los presos y perseguidos políticos, tendrá corto aliento y alcance. Si el aparato represivo no se desmonta no hay garantía de que ningún acuerdo se cumpla.