Durante años Morena construyó una narrativa muy eficaz: la Corte costaba demasiado porque estaba llena de privilegios, seguros, prestaciones y gasto superfluo. Esa idea sirvió para justificar recortes y, después, una reforma judicial completa.
Ahora la nueva Corte pide 6,104 millones para 2027, 17% más que lo autorizado este año, y pretende recuperar el seguro de gastos médicos mayores. Lenia Batres pone el dedo justo donde duele: si todo aquello era despilfarro, ¿por qué la Corte nacida para acabar con esos excesos necesita nuevamente ese nivel de gasto?
La pregunta ya no admite propaganda: ¿cuánto cuesta realmente una Corte sin privilegios? Si cuesta casi lo mismo, habrá que revisar la narrativa que justificó la reforma. Y si están regresando los viejos beneficios, entonces cambiamos ministros, pero no la cultura que prometieron destruir.
🚨La periodista Carmen Aristegui se posiciona ante la presunta red digital contra la 4T señalada por el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
"¿El gobierno de Sheinbaum lanza sus listas de enemigos?", cuestiona la periodista.
La consejera jurídica de la Presidencia presentó un análisis sobre una supuesta “red de amplificación digital” que difundiría y multiplicaría mensajes críticos contra el gobierno.
Ve el posicionamiento completo aquí https://t.co/bsGQ1JGfek
El viernes pasado, se publicó un criterio judicial que puede cambiar mucho más de lo que parece la forma en que abogados y empresas se comunican. Surgió de una investigación de competencia económica: la autoridad revisó correos entre una empresa y sus abogados, y el tribunal sostuvo que el secreto profesional no protege cualquier intercambio, sino sólo aquel que sea realmente una consulta jurídica y refleje un criterio autónomo del abogado.
La idea suena razonable hasta que uno la lleva a la vida real. Un abogado corporativo no trabaja en compartimentos: opina sobre contratos, riesgos regulatorios, decisiones comerciales, estrategia, cumplimiento, crisis. Todo se mezcla. ¿Quién va a decidir después qué correo era “jurídico” y cuál era sólo “estratégico”? Si esa frontera queda en manos de la misma autoridad que quiere conocer el contenido, el secreto profesional corre el riesgo de volverse mucho más frágil de lo que pensamos.
Y ahora agréguenle inteligencia artificial. Si una firma usa IA para investigar, resumir jurisprudencia o preparar borradores, ¿desaparece el criterio autónomo del abogado? No debería. La pregunta importante no es quién escribió cada palabra, sino quién revisó, entendió, corrigió y asumió profesionalmente la opinión. Ahí está el verdadero debate: proteger la función jurídica y la confianza del cliente, no un formato, una etiqueta o una vieja idea de cómo “debe verse” el trabajo de un abogado.
El momento en el que un oficial del ejército abrazó a un joven que acababa de superar las pruebas de acceso después de ver que nadie había ido a recibirle para celebrar su logro. ❤️
#DATOHISTORICO UN RECORDATORIO DE LA GRANDEZA DE MEXICO ‼️
Antes de 1978, fabricar insulina significaba triturar toneladas de páncreas de cerdos y vacas en mataderos. Se necesitaba el páncreas de unos 50 animales para mantener viva a una sola persona diabética durante un año. Era carísima, escasa y provocaba reacciones alérgicas graves.
En 1967, con solo 29 años, el científico mexicano Francisco Bolívar Zapata tuvo una idea que sonaba a ciencia ficción: meter la instrucción genética humana dentro de una bacteria y obligarla a fabricar insulina humana pura.
El reto era enorme: una bacteria se defiende de cualquier ADN extraño. Bolívar diseñó un "vehículo" microscópico de transporte genético, un anillo de ADN llamado plásmido pBR322 (las letras "BR" son un homenaje directo a Bolívar), capaz de colarse sin activar sus defensas.
Usaron la bacteria Escherichia coli como fábrica viviente. Le insertaron el gen humano de la insulina y la bacteria empezó a producir insulina 100% humana, de forma infinita y sin sacrificar un solo animal.
Fue la primera vez en la historia que se fabricó una proteína humana mediante ingeniería genética: el momento exacto en que nació la biotecnología moderna. Hoy, cada persona que se inyecta insulina para vivir debe ese líquido transparente, gracias a un cientifico mexicano.
#MexicoEsGrandeza #MexicoUnido
Cierto Presidenta @Claudiashein, hacer listas es de fascistas. Dígale eso a la Consejera Jurídica de la Presidencia @LuisaAlcalde, para que ya empiece a hacer su trabajo, que nada tiene que ver con esto.
¡Zas! Aquí está la lista que le falta a la pelos de alambre de Luisa María: la de los narcopolíticos.
Estos sí tienen señalamientos reales por nexos con el crimen organizado.
@adnnoticiasmx
El arqueólogo y antropólogo mexicano, Eduardo Matos Moctezuma (descendiente de Moctezuma II) habla sobre las motivaciones que tuvieron los grupos indígenas que se aliaron con Cortés, lo que permitió la conquista de Tenochtitlán un 13 de agosto de 1521.
La carta de Andy a Trump es ridicula, patética, vergonzosa, mal escrita, estúpida, una oda insoportable al cinismo, un monumento interminable a la desvergüenza, un himno universal a la desfachatez, un homenaje épico la inmoralidad, un insulto histórico a Cervantes, a Borges y a Lope de Vega, un mar de mierda en el que se ahogan letras, un escupitajo (con gargajo incluido) a la inteligencia, una patada en los huevos a la política digna, una diarrea explosiva de la pluma, un lapsus neuronal que se va al infinito, una ejecución sumaria a la honestidad, una constelación interminable de pendejadas salpicadas de patrioterismo barato, una sinfonía desafinada de mamadas populistas sin sentido, un ejemplo fascinante de como hubieran escrito los neardentales. Pero ante todo, es una afronta a todos los mexicanos: estos malnacidos siguen pensando que nos podrán seguir dorando la píldora.
Carmen Aristegui respondió a Claudia Sheinbaum después de que la presidenta retomara durante su conferencia de prensa una pregunta que atribuía a la periodista una comparación directa de la mandataria con Hitler y Stalin.
Aristegui rechazó esa interpretación y sostuvo que nunca comparó a Claudia Sheinbaum con Hitler ni con Stalin. Explicó que su comentario se refería a la elaboración y presentación pública de listas con nombres de periodistas y medios, y a los antecedentes históricos que ese tipo de prácticas pueden evocar.
Los detalles 👉 https://t.co/XiQQHR9IiI
Hay una regla de oro en derecho que todo ciudadano debería tatuarse: la autoridad solo puede hacer lo que la ley le permite expresamente. Tú y yo podemos hacer todo lo que no está prohibido. Un funcionario, únicamente lo que está escrito. Con esa regla en la mano, revisemos el caso de la consejera jurídica, Luisa María Alcalde.
¿Qué dice la ley que debe hacer? El artículo 43 de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal le da doce funciones, y todas caben en una frase: ser la abogada del Presidente. Revisar iniciativas, decretos, reglamentos y nombramientos antes de la firma. Dar asesoría jurídica al Ejecutivo. Cuidar la congruencia legal de todo el gobierno. Defender a la Federación ante los tribunales. A eso debe dedicar su tiempo. Y nuestro dinero.
Ahora busquen en esas doce fracciones la palabra “periodistas”. O “redes sociales”. O “listas”. No aparecen. Si mañana le exigieran fundar por escrito sus láminas, citando artículo y fracción como manda la Constitución, no tendría qué citar. Y ejercer atribuciones que no se tienen ya tiene nombre en la ley: abuso de funciones, falta grave. Aplicar recursos públicos sin fundamento también: desvío. Pero lo más delicado no es que la Consejería no pudiera hacer esa lista. Es que en México nadie puede: el artículo 6º constitucional prohíbe la inquisición administrativa sobre las ideas. Al final, la lámina no exhibió a los periodistas. Exhibió la incompetencia, en el sentido más estrictamente jurídico de la palabra, de quien la presentó.
Les quitamos la calle por miedo y les entregamos el teléfono por comodidad. No los dejamos ir solos a la tienda, trepar un árbol o resolver una pelea, pero sí pasar horas frente a empresas que conocen sus inseguridades y ganan dinero si no pueden apartar la mirada.
Ésa es la contradicción: sobreprotegemos sus cuerpos y dejamos indefensa su mente. La pantalla no sólo consume tiempo; desplaza sueño, juego, conversación, aburrimiento y carácter. Quien no aprende a superar riesgos pequeños llega desarmado a los golpes grandes de la vida.
No hace falta una cruzada contra la tecnología, sino recuperar la autoridad que cedimos: límites para las plataformas, teléfonos fuera del aula y del dormitorio, y libertad para volver al mundo real. Una infancia convertida en datos, ansiedad y consumo no es progreso; es abandono disfrazado de modernidad.