Fui al OXXO y me despachó un señor sin una mano; me llamó la atención que traía puesto su reloj en el brazo donde le faltaba la mano y pregunté: ¿Por qué no se lo pone en el otro brazo?
Me respondió enojado: ¿Y cómo me lo abrocho pendejo?
Aprendí a no hacer preguntas pendejas.