Me encanta ver a los chavales jóvenes descubrir que son pececillos y no tiburones en el timo del capitalismo.
Que su vida va a consistir en trabajar 40 años por un salario que no llega, con días de ocio escasos y de poca calidad. Todo para enriquecer a otro que sí va a disfrutar de la vida.
Sólo espero que piensen en derrocar el sistema, y no en el sueño inalcanzable de convertirse en tiburón. O peor aún, en la gran estafa de modificarlo.