. Los mandarines, adentro siguen babeándose entre gatos y anarco negocios. Uno de ellos se asoma, el tipo parece una gárgola con anteojos negros de rufián y solo alcanza a ver una bandera gigante que agita un pibe que también levanta al cielo una Strato roja.
. …que los empujones, que el pogo… pero ella no podía faltar en este cortejo. Una bestia de mil cabezas camina lento por la esquina de Callao y Rivadavia. Los marines desde lo alto en la cúpula americana del gran puticlub, los relojean a todos en sus miras.
Arrastra los pies a duras penas, la pollerita de nylon raída pega justo con las ojotas crocks desvencijadas, una de un color… la otra roja y sucia. Ella camina adelante de otra chica que tiene una remera de Greenpeace. Su viejo, el fletero, le advirtió que no vaya a ese kilombo