He tenido varias discusiones con amigos y conocidos sobre política, y hay una comparación que escucho repetidamente: “Donald Trump es otro Hugo Chávez”.
Precisamente por escucharla tantas veces decidí investigar los conceptos antes de quedarme simplemente con una opinión.
Lo primero que debemos separar es ideología, populismo, autoritarismo y dictadura, porque no significan lo mismo.
El autoritarismo describe principalmente una forma de ejercer y concentrar el poder; no determina por sí solo si alguien es de izquierda o de derecha. El populismo tampoco pertenece exclusivamente a una ideología: puede existir populismo de izquierda o de derecha.
Por eso pueden encontrarse características comparables entre Chávez y Trump: liderazgo personalista, enfrentamiento con las élites políticas, discurso directo hacia sus bases y una fuerte polarización. Pero compartir determinados rasgos políticos no convierte a dos dirigentes en equivalentes.
Chávez llegó democráticamente al poder en 1998 y durante aquella campaña incluso habló favorablemente del capitalismo, la inversión privada y una “tercera vía”. Posteriormente su proyecto evolucionó hacia el llamado socialismo del siglo XXI, las nacionalizaciones y una creciente concentración del poder. Durante el chavismo también se produjo un deterioro progresivo de importantes contrapesos institucionales.
Trump, por el contrario, pertenece a la derecha política estadounidense y su proyecto económico no es el socialismo chavista. Existen académicos y organizaciones que cuestionan determinadas actuaciones de Trump y señalan tendencias de concentración del poder o deterioro de controles democráticos. Eso merece ser discutido con hechos. Pero señalar comportamientos autoritarios o populistas no equivale automáticamente a demostrar que alguien sea Chávez ni que Estados Unidos se haya convertido en la Venezuela chavista.
Por eso, después de investigar el tema, creo que la discusión debería ser más seria que una simple etiqueta.
Si alguien afirma “Trump es Chávez”, mi pregunta sería: ¿en qué exactamente? ¿En la ideología, en el modelo económico, en las instituciones, en el populismo, en la concentración del poder o simplemente en su forma de comunicarse y confrontar?
Porque son conceptos diferentes y cada comparación debe demostrarse con hechos.
Esta es la información que encontré y el criterio con el que analizo el tema. No pretendo decidir la opinión de nadie. Se los dejo a ustedes para que investiguen, comparen y saquen sus propias conclusiones.
🚨🇺🇸 | MOMENTO MAGA: Trump vio a dos seguidores que habían esperado durante horas bajo la lluvia para entrar a su mitin y decidió invitarlos al escenario.
Uno de ellos aseguró que estar junto a Trump era “el honor de su vida” y lo llamó “el mejor presidente que este país ha tenido”.
Por fin estoy de acuerdo con John acguaviva @johnacquaviva señala a Chávez como carismático.
No solo eso John; CHÁVEZ fue, es y será el mejor presidente del planeta, CHÁVEZ VIVE entre millones de Venezolanos…
Eduardo, yo entiendo y conozco los conflictos que durante décadas han existido dentro de la política venezolana. Ya sabemos cuáles son nuestras diferencias con el chavismo y con los sectores de la oposición tradicional. Pero mi planteamiento no es seguir hablando del pasado, sino qué hacemos hacia adelante.
Desde el 3 de enero tenemos una realidad distinta: Maduro fue removido del poder, pero buena parte de la estructura chavista continúa administrando Venezuela bajo un nuevo escenario de relación y supervisión de Estados Unidos. Han pasado casi nueve meses y el tiempo político sigue corriendo. Al mismo tiempo, dirigentes que estaban fuera del país están regresando y recuperando espacios políticos.
Ahí está mi preocupación: ¿dónde está la alternativa organizada con una identidad ideológica clara? Hay venezolanos que hoy se identifican con la derecha, el conservadurismo o el republicanismo, pero eso no puede quedarse únicamente en las redes sociales. Hace falta organización, formación política, estructura territorial, propuestas y liderazgo.
Tú ya has dado pasos importantes reuniéndote con dirigentes venezolanos y con personas vinculadas al entorno político estadounidense. Mi sugerencia es profundizar ese trabajo: aglutinar, organizar, educar y construir una alternativa política reconocible, con propuestas concretas para una eventual transición venezolana.
Mientras esa alternativa no ocupe espacios, serán las organizaciones políticas que ya tienen estructuras las que continuarán ganando terreno y movilizando gente. Por eso considero que no podemos dedicar todo nuestro esfuerzo a explicar nuevamente quiénes fueron responsables del pasado. Eso ya lo conocemos. Hay que comenzar a construir lo que queremos que venga después.
También me pregunto si la administración Trump está evaluando suficientemente el factor tiempo. A esta administración le quedan poco más de dos años y cualquier proceso venezolano puede extenderse. Una futura administración estadounidense podría modificar prioridades o políticas.
Por eso mi pregunta concreta para ti es: ¿no crees que llegó el momento de pasar de denunciar y analizar a construir una verdadera organización política, aglutinar a quienes comparten una visión democrática de derecha y preparar desde ahora una alternativa para una futura transición y unas elecciones con instituciones reformadas?
Esa es mi sugerencia: menos tiempo mirando hacia atrás y más organización para ganar terreno hacia adelante.
VENEZUELA: ¿MANIFESTACIONES, ELECCIONES O LA RECONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA REPÚBLICA?
Durante décadas hemos visto a la oposición venezolana convocar manifestaciones y protestas. En los últimos días, nuevamente observamos movilizaciones, cierres de calles y reclamos por el deterioro de los servicios públicos, problemas que llevan años afectando a nuestra población.
Pero me pregunto: ¿hacia dónde nos conducen realmente estas manifestaciones?
El 28 de julio de 2024 se celebraron unas elecciones presidenciales cuyos resultados fueron cuestionados. La oposición aseguró haber ganado y prometió defender su victoria hasta el final. Sin embargo, aquella promesa no se tradujo en la transferencia del poder que esperaban millones de venezolanos.
El 3 de enero de 2026, la operación estadounidense que culminó con la captura y el traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos para enfrentar cargos criminales abrió una nueva etapa política.
Pero considero que la oposición venezolana sigue sin comprender la magnitud del problema: Venezuela no necesita simplemente cambiar a una persona por otra. Necesita reconstruir su República.
Hoy observo manifestaciones que reclaman el regreso de María Corina Machado y sectores que exigen nuevas elecciones. Reconozco su capacidad de movilización, pero considero que seguimos concentrando nuestras esperanzas en figuras individuales sin explicar cómo reconstruiremos las instituciones del país.
¿Para qué queremos nuevas elecciones si antes no discutimos las condiciones necesarias para garantizar su transparencia, independencia y legitimidad?
Mi planteamiento es una transformación profunda que contemple una reforma constitucional, electoral y judicial; la separación efectiva de los poderes públicos, la independencia de las instituciones y la protección de las libertades individuales y la propiedad privada.
No estoy hablando simplemente de una transición presidencial. Estoy hablando de establecer las bases institucionales de una nueva etapa republicana.
También considero necesario discutir las ideologías que han marcado nuestra historia. Durante décadas hemos experimentado distintos modelos de intervención estatal, y el socialismo del siglo XXI profundizó la concentración del poder político y económico.
Desde mi posición ideológica, considero que Venezuela necesita discutir alternativas basadas en la libertad económica, la iniciativa privada y un Estado con límites claros.
Sin embargo, observo que los sectores venezolanos que se identifican con la derecha tampoco han logrado presentar un proyecto doctrinario, educativo e institucional suficientemente claro y organizado.
No basta con declararse de derecha. Hay que explicar qué modelo de Estado se propone, cómo se garantizarán las libertades y qué límites tendrá el poder político.
Ante el nuevo escenario de las relaciones entre Venezuela y la administración del presidente Donald Trump, considero que debemos aprovechar esta etapa para impulsar un debate serio sobre nuestra reconstrucción nacional.
Me entristece observar que, después de tantos años de sufrimiento y sacrificios, sigamos concentrando el debate en manifestaciones, liderazgos personales y convocatorias electorales, mientras las reformas estructurales siguen sin ocupar el lugar que considero necesario.
No cuestiono el derecho de los venezolanos a manifestarse ni sus legítimos reclamos. Mi preocupación es que esas demandas no estén acompañadas de un proyecto institucional claro para el futuro del país.
Venezuela no necesita únicamente un nuevo gobierno. Necesita instituciones que funcionen independientemente de quién gobierne.
Como venezolano, considero que debemos superar el personalismo político y comenzar a discutir seriamente las bases de nuestra reconstrucción nacional.
Porque una República no se construye alrededor de una persona. Se construye sobre instituciones, leyes, libertades y ciudadanos capaces de exigir que el poder político esté sometido a ellas.
VENEZUELA: ¿MANIFESTACIONES, ELECCIONES O LA RECONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA REPÚBLICA?
Durante décadas hemos visto a la oposición venezolana convocar manifestaciones y protestas. En los últimos días, nuevamente observamos movilizaciones, cierres de calles y reclamos por el deterioro de los servicios públicos, problemas que llevan años afectando a nuestra población.
Pero me pregunto: ¿hacia dónde nos conducen realmente estas manifestaciones?
El 28 de julio de 2024 se celebraron unas elecciones presidenciales cuyos resultados fueron cuestionados. La oposición aseguró haber ganado y prometió defender su victoria hasta el final. Sin embargo, aquella promesa no se tradujo en la transferencia del poder que esperaban millones de venezolanos.
El 3 de enero de 2026, la operación estadounidense que culminó con la captura y el traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos para enfrentar cargos criminales abrió una nueva etapa política.
Pero considero que la oposición venezolana sigue sin comprender la magnitud del problema: Venezuela no necesita simplemente cambiar a una persona por otra. Necesita reconstruir su República.
Hoy observo manifestaciones que reclaman el regreso de María Corina Machado y sectores que exigen nuevas elecciones. Reconozco su capacidad de movilización, pero considero que seguimos concentrando nuestras esperanzas en figuras individuales sin explicar cómo reconstruiremos las instituciones del país.
¿Para qué queremos nuevas elecciones si antes no discutimos las condiciones necesarias para garantizar su transparencia, independencia y legitimidad?
Mi planteamiento es una transformación profunda que contemple una reforma constitucional, electoral y judicial; la separación efectiva de los poderes públicos, la independencia de las instituciones y la protección de las libertades individuales y la propiedad privada.
No estoy hablando simplemente de una transición presidencial. Estoy hablando de establecer las bases institucionales de una nueva etapa republicana.
También considero necesario discutir las ideologías que han marcado nuestra historia. Durante décadas hemos experimentado distintos modelos de intervención estatal, y el socialismo del siglo XXI profundizó la concentración del poder político y económico.
Desde mi posición ideológica, considero que Venezuela necesita discutir alternativas basadas en la libertad económica, la iniciativa privada y un Estado con límites claros.
Sin embargo, observo que los sectores venezolanos que se identifican con la derecha tampoco han logrado presentar un proyecto doctrinario, educativo e institucional suficientemente claro y organizado.
No basta con declararse de derecha. Hay que explicar qué modelo de Estado se propone, cómo se garantizarán las libertades y qué límites tendrá el poder político.
Ante el nuevo escenario de las relaciones entre Venezuela y la administración del presidente Donald Trump, considero que debemos aprovechar esta etapa para impulsar un debate serio sobre nuestra reconstrucción nacional.
Me entristece observar que, después de tantos años de sufrimiento y sacrificios, sigamos concentrando el debate en manifestaciones, liderazgos personales y convocatorias electorales, mientras las reformas estructurales siguen sin ocupar el lugar que considero necesario.
No cuestiono el derecho de los venezolanos a manifestarse ni sus legítimos reclamos. Mi preocupación es que esas demandas no estén acompañadas de un proyecto institucional claro para el futuro del país.
Venezuela no necesita únicamente un nuevo gobierno. Necesita instituciones que funcionen independientemente de quién gobierne.
Como venezolano, considero que debemos superar el personalismo político y comenzar a discutir seriamente las bases de nuestra reconstrucción nacional.
Porque una República no se construye alrededor de una persona. Se construye sobre instituciones, leyes, libertades y ciudadanos capaces de exigir que el poder político esté sometido a ellas.
VENEZUELA: ¿MANIFESTACIONES, ELECCIONES O LA RECONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA REPÚBLICA?
Durante décadas hemos visto a la oposición venezolana convocar manifestaciones y protestas. En los últimos días, nuevamente observamos movilizaciones, cierres de calles y reclamos por el deterioro de los servicios públicos, problemas que llevan años afectando a nuestra población.
Pero me pregunto: ¿hacia dónde nos conducen realmente estas manifestaciones?
El 28 de julio de 2024 se celebraron unas elecciones presidenciales cuyos resultados fueron cuestionados. La oposición aseguró haber ganado y prometió defender su victoria hasta el final. Sin embargo, aquella promesa no se tradujo en la transferencia del poder que esperaban millones de venezolanos.
El 3 de enero de 2026, la operación estadounidense que culminó con la captura y el traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos para enfrentar cargos criminales abrió una nueva etapa política.
Pero considero que la oposición venezolana sigue sin comprender la magnitud del problema: Venezuela no necesita simplemente cambiar a una persona por otra. Necesita reconstruir su República.
Hoy observo manifestaciones que reclaman el regreso de María Corina Machado y sectores que exigen nuevas elecciones. Reconozco su capacidad de movilización, pero considero que seguimos concentrando nuestras esperanzas en figuras individuales sin explicar cómo reconstruiremos las instituciones del país.
¿Para qué queremos nuevas elecciones si antes no discutimos las condiciones necesarias para garantizar su transparencia, independencia y legitimidad?
Mi planteamiento es una transformación profunda que contemple una reforma constitucional, electoral y judicial; la separación efectiva de los poderes públicos, la independencia de las instituciones y la protección de las libertades individuales y la propiedad privada.
No estoy hablando simplemente de una transición presidencial. Estoy hablando de establecer las bases institucionales de una nueva etapa republicana.
También considero necesario discutir las ideologías que han marcado nuestra historia. Durante décadas hemos experimentado distintos modelos de intervención estatal, y el socialismo del siglo XXI profundizó la concentración del poder político y económico.
Desde mi posición ideológica, considero que Venezuela necesita discutir alternativas basadas en la libertad económica, la iniciativa privada y un Estado con límites claros.
Sin embargo, observo que los sectores venezolanos que se identifican con la derecha tampoco han logrado presentar un proyecto doctrinario, educativo e institucional suficientemente claro y organizado.
No basta con declararse de derecha. Hay que explicar qué modelo de Estado se propone, cómo se garantizarán las libertades y qué límites tendrá el poder político.
Ante el nuevo escenario de las relaciones entre Venezuela y la administración del presidente Donald Trump, considero que debemos aprovechar esta etapa para impulsar un debate serio sobre nuestra reconstrucción nacional.
Me entristece observar que, después de tantos años de sufrimiento y sacrificios, sigamos concentrando el debate en manifestaciones, liderazgos personales y convocatorias electorales, mientras las reformas estructurales siguen sin ocupar el lugar que considero necesario.
No cuestiono el derecho de los venezolanos a manifestarse ni sus legítimos reclamos. Mi preocupación es que esas demandas no estén acompañadas de un proyecto institucional claro para el futuro del país.
Venezuela no necesita únicamente un nuevo gobierno. Necesita instituciones que funcionen independientemente de quién gobierne.
Como venezolano, considero que debemos superar el personalismo político y comenzar a discutir seriamente las bases de nuestra reconstrucción nacional.
Porque una República no se construye alrededor de una persona. Se construye sobre instituciones, leyes, libertades y ciudadanos capaces de exigir que el poder político esté sometido a ellas.
VENEZUELA: ¿MANIFESTACIONES, ELECCIONES O LA RECONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA REPÚBLICA?
Durante décadas hemos visto a la oposición venezolana convocar manifestaciones y protestas. En los últimos días, nuevamente observamos movilizaciones, cierres de calles y reclamos por el deterioro de los servicios públicos, problemas que llevan años afectando a nuestra población.
Pero me pregunto: ¿hacia dónde nos conducen realmente estas manifestaciones?
El 28 de julio de 2024 se celebraron unas elecciones presidenciales cuyos resultados fueron cuestionados. La oposición aseguró haber ganado y prometió defender su victoria hasta el final. Sin embargo, aquella promesa no se tradujo en la transferencia del poder que esperaban millones de venezolanos.
El 3 de enero de 2026, la operación estadounidense que culminó con la captura y el traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos para enfrentar cargos criminales abrió una nueva etapa política.
Pero considero que la oposición venezolana sigue sin comprender la magnitud del problema: Venezuela no necesita simplemente cambiar a una persona por otra. Necesita reconstruir su República.
Hoy observo manifestaciones que reclaman el regreso de María Corina Machado y sectores que exigen nuevas elecciones. Reconozco su capacidad de movilización, pero considero que seguimos concentrando nuestras esperanzas en figuras individuales sin explicar cómo reconstruiremos las instituciones del país.
¿Para qué queremos nuevas elecciones si antes no discutimos las condiciones necesarias para garantizar su transparencia, independencia y legitimidad?
Mi planteamiento es una transformación profunda que contemple una reforma constitucional, electoral y judicial; la separación efectiva de los poderes públicos, la independencia de las instituciones y la protección de las libertades individuales y la propiedad privada.
No estoy hablando simplemente de una transición presidencial. Estoy hablando de establecer las bases institucionales de una nueva etapa republicana.
También considero necesario discutir las ideologías que han marcado nuestra historia. Durante décadas hemos experimentado distintos modelos de intervención estatal, y el socialismo del siglo XXI profundizó la concentración del poder político y económico.
Desde mi posición ideológica, considero que Venezuela necesita discutir alternativas basadas en la libertad económica, la iniciativa privada y un Estado con límites claros.
Sin embargo, observo que los sectores venezolanos que se identifican con la derecha tampoco han logrado presentar un proyecto doctrinario, educativo e institucional suficientemente claro y organizado.
No basta con declararse de derecha. Hay que explicar qué modelo de Estado se propone, cómo se garantizarán las libertades y qué límites tendrá el poder político.
Ante el nuevo escenario de las relaciones entre Venezuela y la administración del presidente Donald Trump, considero que debemos aprovechar esta etapa para impulsar un debate serio sobre nuestra reconstrucción nacional.
Me entristece observar que, después de tantos años de sufrimiento y sacrificios, sigamos concentrando el debate en manifestaciones, liderazgos personales y convocatorias electorales, mientras las reformas estructurales siguen sin ocupar el lugar que considero necesario.
No cuestiono el derecho de los venezolanos a manifestarse ni sus legítimos reclamos. Mi preocupación es que esas demandas no estén acompañadas de un proyecto institucional claro para el futuro del país.
Venezuela no necesita únicamente un nuevo gobierno. Necesita instituciones que funcionen independientemente de quién gobierne.
Como venezolano, considero que debemos superar el personalismo político y comenzar a discutir seriamente las bases de nuestra reconstrucción nacional.
Porque una República no se construye alrededor de una persona. Se construye sobre instituciones, leyes, libertades y ciudadanos capaces de exigir que el poder político esté sometido a ellas.
VENEZUELA: ¿MANIFESTACIONES, ELECCIONES O LA RECONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA REPÚBLICA?
Durante décadas hemos visto a la oposición venezolana convocar manifestaciones y protestas. En los últimos días, nuevamente observamos movilizaciones, cierres de calles y reclamos por el deterioro de los servicios públicos, problemas que llevan años afectando a nuestra población.
Pero me pregunto: ¿hacia dónde nos conducen realmente estas manifestaciones?
El 28 de julio de 2024 se celebraron unas elecciones presidenciales cuyos resultados fueron cuestionados. La oposición aseguró haber ganado y prometió defender su victoria hasta el final. Sin embargo, aquella promesa no se tradujo en la transferencia del poder que esperaban millones de venezolanos.
El 3 de enero de 2026, la operación estadounidense que culminó con la captura y el traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos para enfrentar cargos criminales abrió una nueva etapa política.
Pero considero que la oposición venezolana sigue sin comprender la magnitud del problema: Venezuela no necesita simplemente cambiar a una persona por otra. Necesita reconstruir su República.
Hoy observo manifestaciones que reclaman el regreso de María Corina Machado y sectores que exigen nuevas elecciones. Reconozco su capacidad de movilización, pero considero que seguimos concentrando nuestras esperanzas en figuras individuales sin explicar cómo reconstruiremos las instituciones del país.
¿Para qué queremos nuevas elecciones si antes no discutimos las condiciones necesarias para garantizar su transparencia, independencia y legitimidad?
Mi planteamiento es una transformación profunda que contemple una reforma constitucional, electoral y judicial; la separación efectiva de los poderes públicos, la independencia de las instituciones y la protección de las libertades individuales y la propiedad privada.
No estoy hablando simplemente de una transición presidencial. Estoy hablando de establecer las bases institucionales de una nueva etapa republicana.
También considero necesario discutir las ideologías que han marcado nuestra historia. Durante décadas hemos experimentado distintos modelos de intervención estatal, y el socialismo del siglo XXI profundizó la concentración del poder político y económico.
Desde mi posición ideológica, considero que Venezuela necesita discutir alternativas basadas en la libertad económica, la iniciativa privada y un Estado con límites claros.
Sin embargo, observo que los sectores venezolanos que se identifican con la derecha tampoco han logrado presentar un proyecto doctrinario, educativo e institucional suficientemente claro y organizado.
No basta con declararse de derecha. Hay que explicar qué modelo de Estado se propone, cómo se garantizarán las libertades y qué límites tendrá el poder político.
Ante el nuevo escenario de las relaciones entre Venezuela y la administración del presidente Donald Trump, considero que debemos aprovechar esta etapa para impulsar un debate serio sobre nuestra reconstrucción nacional.
Me entristece observar que, después de tantos años de sufrimiento y sacrificios, sigamos concentrando el debate en manifestaciones, liderazgos personales y convocatorias electorales, mientras las reformas estructurales siguen sin ocupar el lugar que considero necesario.
No cuestiono el derecho de los venezolanos a manifestarse ni sus legítimos reclamos. Mi preocupación es que esas demandas no estén acompañadas de un proyecto institucional claro para el futuro del país.
Venezuela no necesita únicamente un nuevo gobierno. Necesita instituciones que funcionen independientemente de quién gobierne.
Como venezolano, considero que debemos superar el personalismo político y comenzar a discutir seriamente las bases de nuestra reconstrucción nacional.
Porque una República no se construye alrededor de una persona. Se construye sobre instituciones, leyes, libertades y ciudadanos capaces de exigir que el poder político esté sometido a ellas.
VENEZUELA: ¿MANIFESTACIONES, ELECCIONES O LA RECONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA REPÚBLICA?
Durante décadas hemos visto a la oposición venezolana convocar manifestaciones y protestas. En los últimos días, nuevamente observamos movilizaciones, cierres de calles y reclamos por el deterioro de los servicios públicos, problemas que llevan años afectando a nuestra población.
Pero me pregunto: ¿hacia dónde nos conducen realmente estas manifestaciones?
El 28 de julio de 2024 se celebraron unas elecciones presidenciales cuyos resultados fueron cuestionados. La oposición aseguró haber ganado y prometió defender su victoria hasta el final. Sin embargo, aquella promesa no se tradujo en la transferencia del poder que esperaban millones de venezolanos.
El 3 de enero de 2026, la operación estadounidense que culminó con la captura y el traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos para enfrentar cargos criminales abrió una nueva etapa política.
Pero considero que la oposición venezolana sigue sin comprender la magnitud del problema: Venezuela no necesita simplemente cambiar a una persona por otra. Necesita reconstruir su República.
Hoy observo manifestaciones que reclaman el regreso de María Corina Machado y sectores que exigen nuevas elecciones. Reconozco su capacidad de movilización, pero considero que seguimos concentrando nuestras esperanzas en figuras individuales sin explicar cómo reconstruiremos las instituciones del país.
¿Para qué queremos nuevas elecciones si antes no discutimos las condiciones necesarias para garantizar su transparencia, independencia y legitimidad?
Mi planteamiento es una transformación profunda que contemple una reforma constitucional, electoral y judicial; la separación efectiva de los poderes públicos, la independencia de las instituciones y la protección de las libertades individuales y la propiedad privada.
No estoy hablando simplemente de una transición presidencial. Estoy hablando de establecer las bases institucionales de una nueva etapa republicana.
También considero necesario discutir las ideologías que han marcado nuestra historia. Durante décadas hemos experimentado distintos modelos de intervención estatal, y el socialismo del siglo XXI profundizó la concentración del poder político y económico.
Desde mi posición ideológica, considero que Venezuela necesita discutir alternativas basadas en la libertad económica, la iniciativa privada y un Estado con límites claros.
Sin embargo, observo que los sectores venezolanos que se identifican con la derecha tampoco han logrado presentar un proyecto doctrinario, educativo e institucional suficientemente claro y organizado.
No basta con declararse de derecha. Hay que explicar qué modelo de Estado se propone, cómo se garantizarán las libertades y qué límites tendrá el poder político.
Ante el nuevo escenario de las relaciones entre Venezuela y la administración del presidente Donald Trump, considero que debemos aprovechar esta etapa para impulsar un debate serio sobre nuestra reconstrucción nacional.
Me entristece observar que, después de tantos años de sufrimiento y sacrificios, sigamos concentrando el debate en manifestaciones, liderazgos personales y convocatorias electorales, mientras las reformas estructurales siguen sin ocupar el lugar que considero necesario.
No cuestiono el derecho de los venezolanos a manifestarse ni sus legítimos reclamos. Mi preocupación es que esas demandas no estén acompañadas de un proyecto institucional claro para el futuro del país.
Venezuela no necesita únicamente un nuevo gobierno. Necesita instituciones que funcionen independientemente de quién gobierne.
Como venezolano, considero que debemos superar el personalismo político y comenzar a discutir seriamente las bases de nuestra reconstrucción nacional.
Porque una República no se construye alrededor de una persona. Se construye sobre instituciones, leyes, libertades y ciudadanos capaces de exigir que el poder político esté sometido a ellas.
VENEZUELA:¿MANIFESTACIONES, ELECCIONES O LA RECONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA REPÚBLICA?
Durante décadas hemos visto a la oposición venezolana convocar manifestaciones y protestas. En los últimos días, nuevamente observamos movilizaciones, cierres de calles y reclamos por el deterioro de los servicios públicos, problemas que llevan años afectando a nuestra población.
Pero me pregunto: ¿hacia dónde nos conducen realmente estas manifestaciones?
El 28 de julio de 2024 se celebraron unas elecciones presidenciales cuyos resultados fueron cuestionados. La oposición aseguró haber ganado y prometió defender su victoria hasta el final. Sin embargo, aquella promesa no se tradujo en la transferencia del poder que esperaban millones de venezolanos.
El 3 de enero de 2026, la operación estadounidense que culminó con la captura y el traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos para enfrentar cargos criminales abrió una nueva etapa política.
Pero considero que la oposición venezolana sigue sin comprender la magnitud del problema: Venezuela no necesita simplemente cambiar a una persona por otra. Necesita reconstruir su República.
Hoy observo manifestaciones que reclaman el regreso de María Corina Machado y sectores que exigen nuevas elecciones. Reconozco su capacidad de movilización, pero considero que seguimos concentrando nuestras esperanzas en figuras individuales sin explicar cómo reconstruiremos las instituciones del país.
¿Para qué queremos nuevas elecciones si antes no discutimos las condiciones necesarias para garantizar su transparencia, independencia y legitimidad?
Mi planteamiento es una transformación profunda que contemple una reforma constitucional, electoral y judicial; la separación efectiva de los poderes públicos, la independencia de las instituciones y la protección de las libertades individuales y la propiedad privada.
No estoy hablando simplemente de una transición presidencial. Estoy hablando de establecer las bases institucionales de una nueva etapa republicana.
También considero necesario discutir las ideologías que han marcado nuestra historia. Durante décadas hemos experimentado distintos modelos de intervención estatal, y el socialismo del siglo XXI profundizó la concentración del poder político y económico.
Desde mi posición ideológica, considero que Venezuela necesita discutir alternativas basadas en la libertad económica, la iniciativa privada y un Estado con límites claros.
Sin embargo, observo que los sectores venezolanos que se identifican con la derecha tampoco han logrado presentar un proyecto doctrinario, educativo e institucional suficientemente claro y organizado.
No basta con declararse de derecha. Hay que explicar qué modelo de Estado se propone, cómo se garantizarán las libertades y qué límites tendrá el poder político.
Ante el nuevo escenario de las relaciones entre Venezuela y la administración del presidente Donald Trump, considero que debemos aprovechar esta etapa para impulsar un debate serio sobre nuestra reconstrucción nacional.
Me entristece observar que, después de tantos años de sufrimiento y sacrificios, sigamos concentrando el debate en manifestaciones, liderazgos personales y convocatorias electorales, mientras las reformas estructurales siguen sin ocupar el lugar que considero necesario.
No cuestiono el derecho de los venezolanos a manifestarse ni sus legítimos reclamos. Mi preocupación es que esas demandas no estén acompañadas de un proyecto institucional claro para el futuro del país.
Venezuela no necesita únicamente un nuevo gobierno. Necesita instituciones que funcionen independientemente de quién gobierne.
Como venezolano, considero que debemos superar el personalismo político y comenzar a discutir seriamente las bases de nuestra reconstrucción nacional.
Porque una República no se construye alrededor de una persona. Se construye sobre instituciones, leyes, libertades y ciudadanos capaces de exigir que el poder político esté sometido a ellas.
🚨ÚLTIMO! El periodista Alonso Moleiro (@amoleiro) dice que los Venezolanos lo que quieren es que Venezuela vuelva a ser el país que era antes: “Un país anarquisado, tercermundista pero súper habitario, democratico y que era el nuestro, así esperolado”.