¿Disfrutan las aves volando?
Este estudio con 17 cacatúas galah (Eolophus roseicapilla) sugiere que las aves disfrutan volando. Las cacatúas eligieron volar casi siempre que pudieron, mostraron más comportamientos positivos después de hacerlo, y respondieron de forma más optimista en pruebas cognitivas tras días de vuelo (y más pesimistas cuando se les privaba). Aunque los niveles de estrés no cambiaron mucho, los resultados indican que el vuelo genera un estado emocional positivo y puede ser una necesidad natural para ellas.
(Viendo volar gaviotas a mí me ha parecido muchas veces que se recrean en su suerte, que se lo pasan pipa)
ACADEMIC WRITING TIPS
1) Make coffee
2) Open word doc
3) Type sentence
4) Stare out the window contemplating the meaninglessness of existence
5) Delete sentence
💔INTERRUMPO EL FESTEJO para dimensionar que desde el partido inaugural hasta el 2-0 contra Ecuador, HAN DESAPARECIDO 854 PERSONAS EN MÉXICO.
473 hombres, 381 mujeres. +200 niñas y adolescentes. CDMX, Michoacán, Puebla, Sinaloa y Tamaulipas en la cima de la tragedia. 2 personas hondureñas, 2 colombianas, 1 estadounidense y 1 venezolana. 520 siguen desaparecidas.
El mundial es de la gente, esta crisis es de las autoridades que quieren tapar las fosas con festejos.
@VRubioMarquez@Banxico@LSEPublicPolicy ¿Hay algún apoyo para investigadores en activo que desean hacer estancias al extranjero? SECIHTI no ha abierto convocatoria para estancias sabáticas en el extranjero.
El Licenciado ya hizo su apuesta frente a EE.UU. Si estoy leyendo bien, este es su cálculo. Pásenle.
Y en la Esquirla: comienza el Mundial.
https://t.co/I9lBjk8K9i
La historia del viejito no es una de miedo. Al revés. Es de miedo pero de los otros. Miedo de Zedillo a vetarlo. Miedo de Fox a encarcelarlo. Miedo de Peña a defender sus reformas. Miedo de los empresarios a perder sus privilegios. Miedo de la oposición a los expedientes. Miedo de los ministros a defender a la república. Miedo de los medios y universidades a decir la verdad. Miedo del pueblo a hacerse responsable. Es un historia de cobardía colectiva. Por eso precisamente es que ha crecido. Hasta destruir al país.
¿Cómo se contagia el ébola? La transmisión del virus ocurre por contacto directo con sangre o fluidos corporales de personas infectadas. No se transmite por aire como el covid-19. Más información en @unamglobal > https://t.co/Y2kfbpA0QA
10 organizaciones criminales dominan los principales corredores de prostitución en las tres sedes mundialistas, esto eleva la posibilidad de casos de explotación sexual en el marco de la Copa Mundial. De ello escribí hoy para @Pajaropolitico, link en el primer comentario.
En el mapa se puede observar un amplio dominio del CJNG en la sede Guadalajara.
En Monterrey la actividad es controlada por el Cártel del Noreste y una organización local llamada los Billys.
Mientras que en Ciudad de México hay más jugadores, pero con un peso importante de la Unión Tepito y Tren de Aragua.
El mayor riesgo de todos, es que estas redes de trata involucren a menores de edad.
En «La nueva era del kitsch», Gilles Lipovetsky y Jean Serroy diseccionan una idea incómoda: el kitsch ya no es un exceso de mal gusto aislado, sino el lenguaje dominante de la cultura contemporánea. Lo que antes era visto como algo vulgar, artificial o exagerado, hoy está completamente integrado en el diseño, la moda, el entretenimiento. El libro plantea que vivimos rodeados de una estética de la saturación: colores intensos, objetos “instagrameables”, nostalgia reciclada, lujo convertido en espectáculo y emociones empaquetadas para consumo inmediato. Todo debe ser seductor, brillante, accesible y emocionalmente digerible. El kitsch dejó de ser marginal; ganó. ¡Disponible! ✨🤳🏽✨
Lo que os cuento en este post (que es extraído del libro Moral Tribes, de Joshua Greene) es la idea más importante que os quiero transmitir a todos con mi libro, en mi blog y aquí en X. Si consigo que veáis claramente esta cuestión y que le deis una pensada en profundidad me sentiré el hombre más feliz del mundo:
“La moralidad evolucionó para resolver el problema ‘Yo vs. Nosotros’ (evitar que seamos egoístas dentro del grupo), pero al hacerlo creó el problema ‘Nosotros vs. Ellos’. Nuestras intuiciones morales automáticas, que tan bien funcionan dentro de la tribu, se convierten en fuente de conflicto entre tribus.”
En su libro Moral Tribes, Joshua Greene explica que hay dos tipos de moral como consecuencia de dos tipos diferentes de problemas morales. Os lo resumo.
El primer problema es la Tragedia de los Comunes (Yo vs. Nosotros). Imagina un pasto compartido donde cada pastor puede decidir cuántas ovejas llevar. Si uno añade una oveja más, gana él solo, pero el daño (el pasto que se agota) se reparte entre todos. Si todos piensan así, el recurso común se destruye. Este es el conflicto clásico entre el interés individual y el bien colectivo.
Para resolver este problema, nuestra moralidad automática evolucionó: emociones como la empatía, la culpa, la vergüenza, la gratitud y la ira hacia los que se aprovechan. Estas emociones actúan como “ajustes automáticos” que nos impulsan a cooperar dentro del grupo. Gracias a ellas, conseguimos ser mucho más cooperativos y menos egoístas de lo que seríamos por puro cálculo racional.
Sin embargo, al resolver el problema Yo vs. Nosotros, creamos un segundo problema mucho más peligroso: la Tragedia del Sentido Común Moral (Nosotros vs. Ellos).
Cada tribu, al desarrollar su propia moral automática para sobrevivir y cooperar internamente, termina creando su propia versión de “lo que es obvio que está bien”. Una tribu valora más la lealtad y la autoridad, otra la igualdad y el cuidado, otra la libertad individual, otra la tradición religiosa… Todas son morales genuinas (no son egoístas), pero cuando estas tribus se encuentran, sus “sentidos comunes morales” chocan de forma inevitable.
Greene lo ilustra con la parábola de los Nuevos Pastos: varias tribus de pastores llegan a un territorio nuevo. Cada una aplica su propia moral “obvia” y, al hacerlo, considera inmoral o absurda la forma de vivir de las demás. El resultado no es un conflicto entre buenos y malos, sino entre buenos y buenos con morales incompatibles.
Este es el gran drama del mundo moderno. En la antigüedad casi todos los problemas morales eran Yo vs. Nosotros. Hoy, en un mundo globalizado y diverso, la mayoría de los conflictos grandes (política, cultura, religión, aborto, inmigración, cambio climático, etc.) son Nosotros vs. Ellos.
Y aquí está la clave: somos demasiado morales. No peleamos porque seamos malos, sino porque nuestras intuiciones morales, que tan bien funcionan dentro de la tribu, se vuelven fuente de división cuando entran en contacto con otras tribus.
Greene argumenta que para resolver estos conflictos intertribales necesitamos pasar del modo automático (emociones tribales) al modo manual (razonamiento deliberado), y propone el utilitarismo como una “moneda común” neutral para negociar entre morales tribales diferentes. Pero este tema de las soluciones que propone Greene no me interesa tanto ahora. Ya hablaremos de ello más adelante.
Como soy un pesado os voy a ir extrayendo cosas que dice Greene en el libro. Así que este post es un esquema general y en días sucesivos voy a machacar la cuestión hasta que me odiéis, ja, ja,
La evolución del Libre Albedrío
La mejor defensa científica que conozco de la existencia del libre albedrío es la que se basa en la selección natural, la que nos dice que la evolución creó el libre albedrío. Un ejemplo de esta visión es el libro The Evolution of Agency, de Michael Tomasello. Vamos a ver lo que plantea Tomasello y luego lo criticaré.
Tomasello propone que la naturaleza no puede cablear (preprogramar biológicamente) todas las respuestas de un organismo para cada posible contingencia, especialmente en entornos inciertos y variables. En lugar de eso, la evolución crea agentes psicológicos: sistemas de control por retroalimentación (feedback control) que persiguen metas, toman decisiones informadas según la situación actual y monitorean sus propias acciones. Por ejemplo, a una ardilla la selección natural la ha programado para que busque nueces. Pero cuando una ardilla se encuentra en un bosque o en un prado la selección natural no puede guiarla, no puede decirle que vaya a la derecha o a la izquierda. La selección natural no ve nada, lo ve el organismo y “le deja libertad” a éste para que decida.
Esto marca el límite entre la biología pura (que explica comportamientos fijos) y la psicología (que explica la toma de decisiones flexible del individuo). La agencia es la capacidad de dirigir y regular el propio comportamiento hacia metas, en lugar de reaccionar de forma puramente automática.
La evolución ha construido progresivamente formas más complejas de agencia (capacidad de actuar como agente) para lidiar con la incertidumbre. Cada nivel añade más planificación, toma de decisiones y control ejecutivo. Esto culmina en los humanos con una agencia que incorpora normas sociales y una visión compartida del mundo (objetivo y normativo). Tomasello ve esto como la base evolutiva de lo que llamamos libre albedrío o libertad de elección: en situaciones impredecibles, la evolución "deja" al individuo decidir, en lugar de dictar todo. Según Tomasello, no es un libre albedrío absoluto o místico (no hay homúnculo), sino un aparato psicológico evolucionado de control que permite elecciones reales dentro de los parámetros biológicos y situacionales.
Tomasello distingue cuatro etapas en la evolución de la agencia psicológica (cada una construida sobre la anterior):
1-Agencia dirigida a metas (Vertebrados antiguos, ej. lagartijas)
Control sensorimotor básico por retroalimentación. Metas simples (comer, evitar depredadores). Flexible pero reactiva. Aquí comienza la agencia.
2-Agencia intencional (Mamíferos antiguos)
Representaciones mentales, intenciones simples, simulación y mejor aprendizaje. Mayor inhibición de impulsos y rol de las emociones.
3-Agencia racional (Grandes simios antiguos)
Razonamiento causal, planificación y control ejecutivo. Decisiones más estratégicas, especialmente en contextos sociales competitivos.
4-Agencia socialmente normativa (Humanos)
Incorpora normas, cultura y estándares compartidos. Autoregulación moral y coordinación colectiva. Permite cooperación a gran escala y culturas acumulativas.
Cada etapa añade mayor flexibilidad y complejidad para enfrentar la incertidumbre, culminando en un mundo percibido como objetivo y normativo. Toda esta visión de Tomasello encaja muy bien con la postura que mucha gente tiene de forma intuitiva hacia el problema del libre albedrío al que dan la respuesta de que no es un problema de todo o nada sino que es cuestión de grados. En esta visión, los humanos tenemos más libre albedrío que un perro y una persona sana mentalmente tiene más libre albedrío que una persona con esquizofrenia.
Bien, voy a exponer ahora los problemas que le veo a la postura de Tomasello. En primer lugar, me parece crucial diferenciar entre tomar decisiones y tomar decisiones libremente. Yo no discuto que muchos seres vivos toman decisiones. La cuestión es si esas decisiones son libres. Creo que Tomasello ve la parte de que los organismos toman decisiones pero no la de que esas decisiones están condicionadas o determinadas. Él mismo admite que la selección natural/evolución pone unos objetivos como evitar depredadores, comer, encontrar pareja y tener sexo, etc. Y todo eso es lo que en última instancia nos mueve.
Si aceptamos tomar decisiones que no están programadas del todo (acciones que tienen un margen de libertad) como criterio de libre albedrio, tendríamos que conceder que muchas máquinas y robots también son libres porque no programamos todas y cada una de sus acciones. Por ejemplo, un coche autónomo. Al coche le ponemos también un objetivo, le decimos a dónde tiene que ir y le damos también una serie de instrucciones como “no te choques con otros coches”, “no atropelles a nadie”, “si te estás quedando sin batería para a recargar”, etc. Pero cada acción individual la decide el coche. Si se cruza un camión y el coche lo esquiva haciendo una determinada maniobra, esas maniobra concreta no se la hemos dictado nosotros. Nosotros sólo le hemos dictado unas normas generales. ¿Por qué un organismo biológico que tiene unos algoritmos o instrucciones muy claras (podemos decir que la vida es información) es libre y una máquina no? Mi punto sería que si aceptamos como libre albedrío lo que hace una ardilla -o nosotros mismos- también serían libres los androides de Blade Runner (que conducían naves más allá de Orion) o los Tesla de Elon Musk. Y desde luego, lo serán los robots que aparecerán en el futuro: ya estamos viendo ahora máquinas que aprenden solas sin instrucciones a jugar al Go o a plegar proteínas.
Quiero decir, si el criterio es sólo "tomar decisiones locales no completamente pre-especificadas según objetivos generales”, ambos sistemas (organismos y robots o coches autónomos, o la IA) lo cumplen. Ambos sistemas tienen metas impuestas desde "fuera" (evolución vs. programador); ambos sistemas operan con algún tipo de control de feedback (perciben, evalúan discrepancia, actúan, ajustan); ambos tienen cierto margen de variabilidad y aprendizaje y , en conjunto, sus decisiones concretas no están dictadas línea por línea. Si aceptamos que la ardilla tiene algo de libre albedrío, entonces muchos robots actuales también lo tendrían.
Creo que la cuestión última con respecto a si existe o no el libre albedrío reside en el problema de qué consideramos que cualifica como libertad. Decía E. O . Wilson en su libro On Human Nature: «Los genes sujetan a la cultura con una correa. La correa es muy larga, pero inevitablemente los valores quedarán constreñidos según sus efectos en el acervo genético humano». También se cuenta una anécdota sobre Henry Ford: cuando sacó el Ford T la publicidad decía algo así como “Puede elegir su coche en cualquier color, siempre que sea negro”. De igual manera podríamos decirle al organismo: “Puedes hacer cualquier acción siempre que sea comer, beber, evitar depredadores y tener sexo (y las acciones intermedias que necesitas para ello)”.
Mi postura es que la biología ata a la voluntad con una correa también. No se trata de una cadena corta e inflexible, sino de una correa lo suficientemente larga como para permitir movimiento, exploración y cierto margen de maniobra. Podemos correr, saltar, elegir caminos diferentes y sentir, en muchos momentos, que somos dueños de nuestros pasos. Sin embargo, por larga que sea, la correa siempre está ahí. En última instancia estamos atados. Los objetivos últimos -supervivencia, reproducción, homeostasis, búsqueda de recompensa y evitación del dolor- no los decidimos nosotros, sino que fueron fijados por la evolución hace millones de años. Podemos negociar con ellos, posponerlos, sublimarlos o incluso desafiarlos temporalmente, pero no podemos liberarnos completamente de ellos.
Podemos ver la botella medio llena: admirar la longitud de la correa y celebrar la libertad relativa que nos otorga. O podemos verla medio vacía: reconocer que, en última instancia, seguimos atados. Ambas visiones son ciertas. La diferencia está en dónde ponemos el acento: en la amplitud del margen o en la inevitabilidad del límite.