En el año 1812 la Corona Española, la iglesia y Fernando VII le echaron la culpa a Bolivar del terremoto ocurrido en esa época, la corona Moderna ahora radica en Miami, se hacen llamar analistas y le echan la culpa al Chavismo.
Es más importante hablar de la censura de X en Venezuela que de los familiares de muchos que se encuentran desaparecidos.
Tienen que revisarse urgentemente.
Un colega me alerta sobre un terrible paralelismo. Cuidado con que el terremoto en Venezuela no vaya a dar paso ahora a un tipo de "intervención humanitaria" como la de Estados Unidos en Haití en 2010. Los primeros anuncios gringos son preocupantes. Es la hora de los buitres...
El destino se ceba de nuevo contra Venezuela y su pueblo. Nuestros pensamientos y nuestras oraciones van en primer lugar a las víctimas de esta terrible tragedia, a sus familiares y amistades.
¡Venezuela vivirá!
SISMO EN VENEZUELA. Hermanos venezolanos: Compañeras y compañeros. Reciban un abrazo fraterno en las horas difíciles. Cuenten ustedes con nosotros para aquello en lo que podamos ser de ayuda.
Que encuentren templanza y organización social para superar toda la circunstancia.
A medida que pasa el tiempo, me voy inclinando a creer que los mediocres abordajes sobre la compleja coyuntura venezolana tienen más que ver con un bajísimo nivel político que con la dificultad a priori de explicar de manera coherente el curso tomado tras el 3 de enero.
Lo digo a propósito de dirigentes políticos de alto nivel que plantean comparaciones con el "Por ahora" de Chávez o que esgrimen el argumento de que se está retornando al estatus de la relación bilateral con EE.UU. en 2014.
La apelación al histórico líder barinés implica comparar peras con manzanas. No son momentos históricos equivalentes ni políticamente homologables. Si la intención es buscar a un Chávez pragmático y realista para traerlo al presente, hay varios casos más idóneos, ya siendo presidente.
Por otro lado, la relación con EE.UU. hoy no es la misma de 2014. Obama no mantenía secuestrados los recursos petroleros del país ni confiscaba su política exterior, así que no procede el esfuerzo comparativo.
Si hubiese que buscar en la historia un caso más o menos equivalente a la coyuntura actual, habría que retrotraerse al bloqueo naval sobre nuestras costas en 1902-1903 y a los infames Protocolos de Washington, donde las aduanas venezolanas quedaron embargadas para el pago de la deuda externa, el país no recibió ninguna reparación por la agresión militar de las potencias europeas (convalidada por EE.UU.) y la Constitución quedó prácticamente violada a la luz de esos protocolos.
Un país doblemente humillado y maltratado, por Washington y las metrópolis europeas, con un Cipriano Castro obligado a negociar en las peores circunstancias.
Ahí se podrían encontrar antecedentes de la situación actual, pero a ciertos dirigentes la cabeza definitivamente no les da.
Post data: salvo por el resultado intermedio en Isla de Aves a mediados del siglo XIX (tema de mi tesis de Maestría en Historia que obtuvo mención publicación) y la derrota de la "revolución" del banquero Matos, financiada por la New York and Bermudez Company, a principios del siglo XX, ante ninguna agenda imperial en los últimos 170 años aproximadamente, Venezuela ha salido airosa ni ha zafado de la humillación de los poderosos.
El peso de la historia sobre nuestros hombros.
La misma izquierda liberal que dejó solo al pueblo de Venezuela con sus agresiones o sus silencios hoy vienen a hablar de traición a la Revolución Bolivariana. Con qué maldita cara. Fueron los primeros traidores en cuestionar la legitimidad de un Presidente hoy secuestrado.
Amado pueblo de Venezuela y del mundo: un gran abrazo de fe, amor y gratitud. Es domingo de Oración, Acción y Unión. 🙏🏾 ¡Es Pentecostés. El Espíritu Santo sobre el mundo!
La idea de soberanía venezolana ha sufrido un doble vaciamiento. Por el lado de sectores del chavismo con sus infames tramas de corrupción, y por el lado de sectores opositores con su exigencia de una intervención militar extranjera, convertida en programa político y oferta electoral. Imposible que el concepto sobreviva a semejante fuego cruzado de élites marcadas históricamente por el "síndrome del abogado petrolero" de la era gomecista: intermediarios de capitales e intereses extranjeros, cuya noción de país se limitaba al cobro de las comisiones para su disfrute en Nueva York o París.
Este país, bestializado en el siglo XIX incluso por los generales llenos de la gloria de Carabobo, Pichincha y Ayacucho, y luego degradado en el XX por una transición traumática de nación rural a nación petrolera, remedando a EE. UU., proceso que a su vez dio origen a un petroestado limitado a garantizar el expolio externo y a prometer la compra nunca exitosa de modernidad con el dinero del crudo, hoy transita por las debilidades acumuladas del proyecto republicano, entretejido por artificialidades de todo tipo.
Crisis histórica en un desierto de complicidades desnacionalizadoras.
☀️🇻🇪 #Venezuela | “¿Cómo llegamos a dedicar más tiempo en argumentar sobre las decisiones del atacado que las del atacante?”
Bajo el sol matutino de Caracas, aquí van algunas breves reflexiones que deseo compartir con ustedes.
El pasado 3 de enero, cuando las bombas caían sobre la ciudad, no solo sentía rabia al ver al enemigo mancillar con sus botas la patria de Bolívar. También tenía miedo de no volver a ver nunca más a algunos amigos.
Otra decisión, otro escenario, y Caracas podría haber sido arrasada. Sin escrúpulos, como en Gaza. Muchos más podrían haber sido asesinados, muchos otros podrían haber sido torturados u obligados al exilio. Esta historia, la conozco bien, por desgracia.
Así que hoy me siento feliz de poder seguir abrazándolos, reír con ellos, compartir un café, una conversación, momentos de vida casi banales en un contexto que no lo es.
Sin embargo, desde el 3 de enero, me hago muchas preguntas.
No sobre estos amigos y compañeros, que hacen -no tengo NINGUNA DUDA- todo lo que pueden para salvar su patria.
Sino sobre los demás. Los que comentan desde afuera.
¿Cómo llegamos a dedicar más tiempo en argumentar sobre las decisiones del atacado que las del atacante?
¿Cómo es posible que el relato básico impuesto en el debate sea el de Trump, Rubio y los propagandistas imperiales -“traición”, “rendición”, “sumisión”- en lugar del de un país agredido?
¿Cómo es posible que el nivel de información de una parte de la llamada “izquierda internacional” sobre Venezuela rara vez supere los tuits de la CIA y del Departamento de Estado? (Lo digo casi sin exagerar)
¿Nuestros llamados “influencers de izquierda” buscan comprender la realidad o solo producir contenido calibrado para el algoritmo, la polémica y los likes?
¿Por qué convertir un conflicto geopolítico de extrema complejidad en una serie de Netflix donde cada uno elige mecánicamente a los “buenos” y los “malos” de la película?
¿En qué se basa hoy la credibilidad de los comentaristas sobre Venezuela? ¿En los hechos? ¿En la experiencia concreta del país? ¿O simplemente en el número de seguidores?
Lo más triste es que muchos de los que hablan con mayor seguridad son a veces los que menos conocen Venezuela. Algunos, sin embargo, han viajado aquí, se han reunido con sus dirigentes, han recorrido sus calles, han hablado con sus habitantes, pero ahora hacen alarde públicamente de su ignorancia sobre las dinámicas internas, las relaciones de poder y las limitaciones reales a las que se enfrenta el país.
Prefiero mil veces la ingenuidad sincera de quienes hacen preguntas a la arrogancia de quienes pretenden entenderlo todo desde su teléfono.
Prefiero a quienes buscan ayudar en lugar de hundir.
A todos los amigos y compañeros que quieren ayudar, solo les haré una sencilla y humilde sugerencia: cuando no se sabe, se pregunta, o se espera a tener la información antes de opinar.
Propongo otro escenario, distinto al de las batallas de tuits cruzados. Unamos todos nuestros esfuerzos para defender a Venezuela y darle la fuerza que necesita más que nunca.
Aunque no soy ni un medio de comunicación ni un “influencer”, seguiré, en la medida de lo posible, informando sobre Venezuela, América Latina y el mundo.
Pero debo reconocer una cosa: a la larga, resulta agotador tener que dedicar más energía a convencer a “los nuestros” que a construir mayorías en torno a un proyecto político alternativo al capitalismo salvaje. Esto resulta aún más agotador cuando Venezuela es parte de lo poco que nos queda en este mundo...
Hago un humilde llamado a todas las personas de buena voluntad para que unan sus fuerzas y apoyen a un país y a un pueblo que ya han sufrido lo suficiente. La paz por la vía diplomática es el camino de los valientes. Debe ser también el nuestro.