Después de unos días intensos, #CIIDES2026 llega a su fin con la clausura a cargo de Eva Espinar Ruiz y Gladys Merma Molina.
Seguimos compartiendo lo vivido estos días… porque la conversación no termina aquí.
A veces, en educación, repetimos conceptos que suenan bien… pero que rara vez nos detenemos a cuestionar de verdad.
🧵👇 #CIIDES2026
En su conferencia, Helen Kopnina plantea una pregunta incómoda desde el propio título:
“Why not Sustainable Development Goals in education?”
Y abre la puerta a otras formas de pensar:
economías alternativas, decrecimiento, consumo más consciente, reducción real de la producción…
No como recetas cerradas, sino como preguntas que debemos hacernos también en educación.
La ponencia también cuestiona algo que pocas veces aparece en el debate educativo:
👉 ¿Por qué hablamos de justicia solo entre humanos y no hacia otras especies?
Porque la sostenibilidad no es solo un contenido curricular.
Está en lo que comemos, en cómo nos movemos, en lo que consumimos.
Y eso hace que el cambio no sea sencillo… ni neutro.
La conferencia introduce imágenes muy potentes para pensar esto.
Una de ellas, la del reparto de la biomasa en el planeta, deja algo claro:
la mayor parte no pertenece a la vida salvaje… sino a los seres humanos y a los animales que consumimos.
A lo largo de la intervención, se plantea una idea que atraviesa todo el discurso:
no todos los objetivos son compatibles entre sí, aunque los presentemos como si lo fueran.
Por ejemplo, el crecimiento económico puede entrar en conflicto directo con la conservación del planeta.
Porque sí, los ODS suenan bien.
¿Quién estaría en contra de erradicar la pobreza o frenar el cambio climático?
Pero la conferencia invita a ir un paso más allá…
👉 ¿Qué ocurre cuando asumimos estos marcos sin cuestionarlos?
Por eso se plantea también como educación para la ciudadanía. Capaz de cuestionar, participar y generar cambios colectivos.
La idea final es clara. Esto no funciona con experiencias aisladas.
Hace falta estructura, tiempo y apoyo institucional.
Y hay un matiz importante que no podemos perder. La sostenibilidad no puede quedarse en lo individual.
Si nos centramos solo en hábitos de consumo, dejamos fuera todo lo estructural.
Trabajar con entidades, con problemas reales, en contextos que no están diseñados para aprender… hace que el aprendizaje deje de ser algo abstracto.
El alumnado no solo estudia la sostenibilidad, la vive.
Se construye cuando el alumnado se implica en situaciones reales, toma decisiones, se equivoca y reflexiona sobre lo que ocurre.
Aquí es donde el service learning cobra sentido.
Pero hay una idea que atraviesa toda la ponencia y que marca la diferencia. La action competence.
Saber cómo actuar, confiar en que puedes hacerlo y tener la motivación para hacerlo.
Y esto no se enseña explicándolo.
Aquí aparecen las competencias para la sostenibilidad. No como teoría, sino como forma de situarse ante la realidad, comprender su complejidad, imaginar futuros posibles y tomar decisiones desde los valores.
Y eso cambia completamente el papel de la educación superior.
Porque no se trata solo de entender los problemas del mundo, sino de ser capaces de actuar sobre ellos.