P-Pero eso… es demasiado… uhm…
La sola idea de aquella rubia escuchando el frenético latido de su corazón bastó para que la vergüenza le subiera hasta las orejas.
Despegó el dedo enseguida para llevarlo a sus labios, pensativa. ¿Le quedaría alguna lata escondida por ahí?
"Yo creo que tengo… ¡dos!"
Sin esperar demasiado, fue a buscarlas, dejando atrás al joven, confundido o no.
Como siempre que tenía una ‹cita›, Rinko iba tarde. Cambió de outfit al menos doscientas veces antes de decidirse por una falda, medias y una blusa ligera. Hacía demasiado calor como para querer lucirse y morir en el intento.
"Ku~mi."
Se anunció ni bien estuvo en la puerta.
Le tendrá la puerta abierta, después de todo tendría que ser alguien muy tonto el que se meta a su apartamento sin ser invitado.
Mientras tanto tendrá las papitas listas y el sofá preparado para recibirla.