40 AÑOS AÑOS DE LA MANO DE DIOS Y EL GOL DEL SIGLO
Cada 22 de junio vuelve a mí la emoción de aquella tarde imposible en México. No es una fecha más: es una bisagra en mi vida, un antes y un después.
Diego transformó para siempre mi manera de contar el fútbol y cambió mi vínculo con la gente. Su talento desbordó las fronteras y llevó un relato nacido en América Latina a cada rincón del planeta.
Aquel estadio no era un escenario cualquiera. Había tensión, memoria y un clima hostil para los argentinos. Pero Diego apareció con la rebeldía de los elegidos.
Primero, la picardía que el mundo bautizó como la Mano de Dios. Después, la obra maestra: una corrida eterna, un puñado de gambetas y el gol más lindo de la historia de los mundiales.
No fue solo una jugada extraordinaria. Fue el desahogo de un pueblo, la reivindicación de una camiseta y la certeza de que el fútbol, a veces, puede convertirse en poesía.
Cuarenta años después, todavía siento que aquella tarde Diego nos regaló un instante de eternidad.
TOMAS DENTE NO SE CALLÓ NADA Y ANIQUILÓ A LA CIRIO:
“¿Te das cuenta que son unos hijos de puta? Esto es una clara prueba de lo que nos afanaron durante 20 años de kirchnerismo. ¿Dónde está Pablo Duggan, Mengolini, Marcela Feudale? ¿Dónde está Pablo Echarri condenando esto?”