Acabo de ver la entrevista a Nahir Galarza.
Paulo Kablan un señor periodista. Se muestra cercano, empatico, sostiene su templanza y trata de lograr una relación de confianza para obtener declaraciones, pero acá viene la peor parte por lo cual nunca lo consigue:
Nati Jota.
Nunca más tienen que ponerla en notas serias. No paraba de agredir, gritar y pelear a la entrevistada, en vez de lograr que hable la piba, hacía que se cierre cada vez más. Además de rellenar los silencios necesarios en este tipo de entrevistas con su voz, tambien lo hacía con sus gestos de incredulidad e indignación.
Entiendo que en el común de la sociedad puede generar eso. Pero un periodista tiene otras herramientas.
Incómoda de ver, difícil de entender.
Otra vez la misma certeza: hay gente que nunca debería estar frente a una cámara y con micrófono más que para hablar de banalidades.
Bueno ¿alguien va a explicar qué es este virus raro que nos está agarrando a todos y que no es gripe, no es covid, te dura semanas, te da síntomas de a uno a la vez y terminás con tos de perro y estás todo el tiempo pensando que la quedás?
La perspectiva de infancia siempre debe estar por encima de la perspectiva de género
La competencia para maternar o paternar no depende de de un sexo, sino que es individual
y personal
No toda mujer es una potencial buena madre
Justicia x Lucio
Justicia x Ángel
Si hoy hablamos tanto de salud mental en adolescentes, dejemos de fingir demencia y que no sabemos por qué.
Una parte del problema empieza en crianzas sin límites, disfrazadas de “respeto”, donde frustrar parece violencia y decir “no” parece un trauma. Después aparecen padres y madres que no educan: habilitan todo. Los UPD son apenas la postal de época.
Otra parte está en los celulares: dopamina instantánea, redes sociales sin control y adultos que confunden cuidar con “no invadir”. No saben qué consumen sus hijos, qué cuentas tienen ni con quién hablan. Después se sorprenden.
También vivimos en una sociedad detonada, donde todo se expone, todo se juzga y cualquier error adolescente puede convertirse en un espectáculo cruel.
Y, como si fuera poco, a la escuela le exigen resolverlo todo: lo emocional, lo ambiental, lo vincular, el proyecto de vida, la ciudadanía digital y cada nueva urgencia social. Mientras tanto, enseñar contenidos parece haber quedado en segundo plano. El docente ya no solo enseña: contiene, compensa, media, organiza jornadas y apaga incendios.
Después preguntan por qué los chicos están desbordados. La verdadera pregunta es: ¿cómo no lo estarían?
El día que escuchen a un papá hablar mal de la madre de su hijo, pregúntale cual es la comida favorita de su hijo, de que número calza, cuantas veces lo ha llevado al médico y cuanto aporta para darle una mejor vida.
La decoración es irritante, la casa parece un telo, los participantes se conocen entre sí, metieron un mapamundi, nadie los recibió, todo forzado, está Andrea del Boca. Soy literalmente: Holder.