Finisher Maratón Sevilla.
Disfrute y mucho del recorrido y de la ciudad, pero aqui viene lo gordo.
Una maratón tan reconocida como la @MaratonSevilla no puede cometer el error de dar 17000 medallas de madera que según ellos por problemas logisticos.
Y un Mohón bien gordo Mi arma
@jesuscastillero@MaratonSevilla No crees que si eso fuese verdad.... en vez de darla hoy, no la podrían haber enviado a cada uno a su casa... eso no se lo cree nadie....
@14eduSanina@SevillaFC Malo....??? Ojalá fuesen eso... malos... hacen lo que les mandan... nada más!!! Son una puñetera mafia que además van de víctimas....
@NunezFeijoo Este es el nivel de nuestros políticos... tirándose los trastos unos a otros por las RRSS... vergüenza ajena por la gestión de los que están y por la oposición de todos los demás... cogéis cualquier empresa privada y os dura 15 minutos... no gestionáis ni un puesto de pipas
@DAZN_ES Con una decisión?? Al final Carmona va a llevar razón.... sois cómplices y estáis al mismo nivel que el colectivo arbitral... que nos es que sean malos... no!! Malos es otra cosa.. al igual que vosotros manipulan sin escrúpulos!
🇲🇦 ⚽️ VERGÜENZA EN MARRUECOS
La CAN 2025 en Marruecos dejó claro que el problema no fue solo un penalti polémico, sino un comportamiento sistemático que degradó el torneo. La organización y la actitud del país anfitrión no parecían guiadas por el espíritu deportivo, sino por la obsesión de ganar a cualquier precio y por la comodidad de sentirse intocable.
Desde el primer día, Marruecos actuó como si la competición le perteneciera. Los estadios, los árbitros y hasta los detalles más pequeños parecían alineados con sus intereses. No se trató de ventaja del local, sino de una manipulación constante del entorno.
El episodio más ridículo fue la obsesión con la toalla del portero rival. En semifinales contra Nigeria, recogepelotas y miembros del entorno marroquí se dedicaron a esconder y retirar repetidamente la toalla del guardameta, obligándolo a salir de su portería para recuperarla. Lejos de ser una anécdota aislada, la escena se repitió en la final contra Senegal: durante el partido, intentaron de nuevo apartar la toalla de Édouard Mendy de los postes, generando forcejeos y obligando a sus compañeros a intervenir. Más que una broma, fue una táctica de distracción tolerada por la organización y celebrada por parte del público, un gesto mezquino que resumió la atmósfera de todo el torneo.
A eso se sumaron maniobras más graves. Marruecos presionó para cambiar al árbitro designado en su partido de cuartos contra Camerún hasta conseguir uno más favorable. La CAF accedió sin explicaciones claras, reforzando la sensación de que las reglas no eran iguales para todos.
En cada ronda surgían polémicas similares. Camerún, Mali y Tanzania reclamaron penaltis evidentes que nunca se señalaron contra Marruecos. Mientras tanto, cualquier contacto dudoso dentro del área marroquí era ignorado. El entrenador Walid Regragui desestimaba las críticas con la excusa de que jugar ante 65.000 aficionados explicaba todo, como si el ruido de las gradas borrara las decisiones arbitrales.
La llegada de Senegal a Rabat fue otro ejemplo de desorden y desprecio. La delegación fue recibida sin protección en una estación abarrotada de hinchas marroquíes, exponiendo a los jugadores a insultos y empujones. Luego les asignaron un hotel inadecuado y los obligaron a entrenar en las mismas instalaciones que utilizaba Marruecos, rompiendo cualquier apariencia de equidad.
En este ambiente, el periodista maliense Mohamed Soumaré, acreditado para cubrir el torneo, fue hallado muerto en su habitación de hotel en Rabat tras haber criticado fuertemente a la organización marroquí. Un hecho que añadió más sombra y malestar al ambiente general de la competición.
Cuando Senegal finalmente estalló en la final y se marchó del campo, no fue un acto de capricho, sino la reacción lógica a un torneo en el que se sintieron hostigados desde el primer día. La CAF y la FIFA prefirieron castigar la protesta en lugar de reconocer que habían permitido un ambiente viciado.
La imagen que dejó Marruecos fue la de un anfitrión que confundió hospitalidad con control y competición con abuso de poder. No fue solo una mala CAN, fue la demostración de cómo un torneo puede convertirse en un espectáculo vergonzoso cuando el organizador actúa como si las reglas no fueran para él. Y, con el Mundial a la vuelta de la esquina junto a España, deja una duda en el aire: si este fue el comportamiento en una Copa de África, cuesta confiar en que Marruecos esté a la altura de una cita mundial.
@PrimeBanega Totalmente de acuerdo... se debe ser más prudente y dejar de calentar el derbi desde personajes públicos... si alguna vez ocurre una desgracia parte de culpa la tendrán este tipo de declaraciones.