Google owns one of the most powerful learning tools in the world.
It’s free. It’s been available for months.
Yet 95% of people still use it the wrong way.
Here are 8 NotebookLM use cases that can save you hours of time.
🔖 Bookmark this — you’ll thank yourself later.
A guy was ready to drop $1,500 on a new OLED TV because his 3-year-old Smart TV was freezing up and took 5 seconds just to respond to the remote.
He unplugged it. Deleted old apps. Cleared the cache. The lag kept coming back.
He went to Best Buy to get a replacement.
The home theater installer in the blue shirt stopped him: "Before you spend a grand, let me show you something."
He grabbed a remote and shook his head.
"There are 8 hidden tracking settings throttling your TV's processor right now. Manufacturers turn them all on by default. Nobody tells you they exist. Let's fix this."
Here's what he showed him in the next 8 minutes. 🧵
El plugin oficial AI trae inteligencia artificial nativa al editor de WordPress — compatible desde la versión 6.9 y listo para aprovechar al máximo WordPress 7 by @corbax https://t.co/KkHZbmTEds
Tengo el placer de compartir el último trabajo que he dirigido:
‘Rebranding’ de la TV autonómica Canal Extremadura
Una Nueva Identidad:
logotipo, slogan y comunicación de la marca (+ nueva imagen en la continuidad, de noticias, de la web, de la OTT, publicidad,…)
▶️27 abril
No culpes a la IA. El ataúd lo hemos construido entre todos
Esta semana varios medios digitales han anunciado cierres. Fórmula TV, portales de Webedia, proyectos con veinte años de historia... El diagnóstico oficial es que Google y sus resúmenes de IA se quedan con el tráfico y no lo derivan a las webs. La IA mata los medios.
Es verdad. Pero es la mitad de la verdad y no hay mayor mentira que una verdad a medias.
Internet existía antes de Google. Yo llevo por aquí desde 1995. Y creedme, había webs, había comunidades, había gente que navegaba de link en link y descubría cosas... No era perfecto, pero era un ecosistema con cierta lógica propia.
Pero un día llegó Google y cambió las reglas (más bien las reventó). Y los medios, los blogs, los proyectos digitales aceptaron las nuevas reglas sin apenas resistencia. Si Google premiaba longitud, escribían tochos tan largos como innecesarios. Si premiaba ciertas palabras clave, las repetían hasta el agotamiento. Si premiaba la velocidad de publicación, publicaban más rápido aunque tuvieran menos que decir.
Y es así como el SEO dejó de ser una herramienta y se convirtió en una forma de rendición incondicional.
Durante años hemos convivido con webs que necesitan diez páginas para responder lo que cabe en dos líneas, con artículos escritos para el algoritmo, no para el lector, con contenido que existe única y exclusivamente para posicionarse, no para informar. Google no incentivaba la calidad, sino la obediencia a sus reglas. Y nadie dijo nunca "no", porque era un ecosistema que beneficiaba a todos (menos al lector).
Mientras tanto, por mil razones, la mayoría del público dejó de navegar. Hace años que para una parte enorme de la población, internet son dos o tres aplicaciones, TikTok, Instagram, X... Entran, consumen, salen... El tráfico web orgánico ya era una especie en extinción antes de que ChatGPT o cualquier otra IA apareciera en el horizonte.
El modelo llevaba años dando señales de agotamiento, pero nadie quería verlas porque el negocio publicitario seguía funcionando... más o menos. Hasta que dejó de funcionar.
Y entonces llegó la IA
La inteligencia artificial no ha roto nada que no estuviera ya roto. Ha sido el último optimizador de un sistema que ya tenía grietas estructurales. Si Google puede responder directamente en el buscador es porque durante años le entregamos todo el contenido necesario para hacerlo, con buena letra y sin condiciones.
Lo que me parece triste no es que la IA haya llegado. El modelo Google siempre me repugnó, hasta el punto de que preferí no poner publicidad en mis webs antes que entrar en ese juego. Lo realmente triste es que había contenido genuinamente valioso en ese ecosistema, proyectos serios, trabajo real, blogs y webs que trataban de publicar cosas útiles de verdad, aunque el algoritmo solo les diera las migajas. Esas webs también se hunden, pero no por culpa suya, sino porque estaban construidas sobre los mismos cimientos frágiles que el contenido basura.
Sí, basura, porque llamar basura al contenido hecho por IA y no llamárselo a aquellos que subían cosas del tipo "la increíble noticia que te dejará sin habla. Link aquí" es, cuanto menos, hipócrita.
La pregunta que nadie hace en voz alta es ésta. ¿Qué habría pasado si los medios digitales hubieran construido una relación directa con su audiencia en lugar de depender de Google para existir? Sin el "gratis total" que luego de gratis no tenía nada porque nos inundaban de cookies y ventanas emergentes con anuncios.
Algunos lo hicieron. Newsletters, comunidades de pago, suscriptores directos... Son los que mejor están aguantando. Los demás pusieron todos los huevos en la cesta de un intermediario que nunca les debió nada.
Y ahora ese intermediario ha encontrado la manera de no necesitarlos.
Llevo años defendiendo algo que llamo el "Netflix de los medios". Es absurdo pedirle al lector que suscriba con El Mundo, con El País, con ABC por separado. Nadie lo hace con más de un medio o dos, y los que lo intentan acaban cancelando a los tres meses. Una suscripción única, tarifa plana, reparto de ingresos por consumo real. Mejor para el lector, mejor para los medios, mejor para todos. Pero el egoísmo y la cortedad de miras de las editoriales han impedido que ocurra. Cada una prefiere morir sola antes que sobrevivir juntas.
La IA es el clavo, sí, pero solo uno más. El ataúd lo construimos entre todos.
¿Por qué nos cuesta tanto elegir película en cualquier plataforma?
¿A que pasa TOL RATO? Tienes ahí delante todo el repertorio y nada, que no te decides. Si alguna vez te has pasado más tiempo eligiendo una película que viéndola, no estás solo/a.
Eeeenga, ABRO HILO 🧵👇
🚨 OJO: Google NO tiene el 90% de las búsquedas. Tiene el 73,7%.
Nuevo estudio de SparkToro + Datos (Semrush) analizando 41 webs con millones de dispositivos:
📊 Google: 73,7% (NO el 90%+ que cuentan siempre)
📊 Amazon, Walmart, eBay...: 9,76%
📊 YouTube, Reddit, TikTok...: 5,37%
📊 ChatGPT, Claude, DeepSeek: 3,19%
¿La lectura que NADIE está haciendo?
Hace 2 años las herramientas de IA estaban en 0%. Hoy 3,19%. Y creciendo cada trimestre.
Pero OJO con este dato: Google PERDIÓ 3,5 puntos de cuota en 2025. La mayor caída en cualquier métrica de Google en años.
¿Y quién crece? Amazon, Bing, YouTube... y las 34 webs más pequeñas del estudio.
El SEO tradicional sigue siendo el 80% del juego. Pero las búsquedas en IA son las que MÁS crecen.
Y como dice @randfish : "Quizá el SEO debería ser Search EVERYWHERE Optimization". 👇
https://t.co/seEZGBM00g
Pues ya está…
VigIA - primer plugin WordPress en implementar Markdown para agentes de @Cloudflare: Sirve contenidos en archivos .md para Agentes IA: formato YAML, content negotiation y detectabilidad. Ademas de analítica IA, llms.txt y bloqueo de blots:
https://t.co/g9jCCvo53I
Una pequeña lección de historia del desarrollo de Internet que explica el porqué las redes sociales son un pozo sin control de desinformación y odio
Me acompañan?
El discurso deja de ser “Te hacemos una tienda online» y pasa a ser: “Preparamos tu negocio para vender a través de buscadores, IA y asistentes inteligentes” . Essstupendo. https://t.co/vb7a8hK0JW #Google#Inteligencia Artificial
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
Optimizar tu página web para la IA ya no es opcional. La inteligencia artificial (IA) ya no es solo una herramienta de creación de contenido: se ha convertido en un canal de búsqueda.
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La carrera por la IA no se trata de herramientas. Se trata de poder. ⚠️
Todos los modelos luchan por una cosa: el territorio cognitivo.
→ChatGPT: domina la creatividad y el razonamiento.
→Gemini: controla los flujos de datos.
→Claude: posee profundidad y contexto.
→Grok: controla la conciencia en tiempo real.
→Perplexity: domina la investigación y la recuperación.
Ya no estamos formando asistentes.
Estamos formando sucesores.
La cuestión no es quién construye la IA más inteligente.
Es quién construye aquella con la que la humanidad no puede competir.
Otro patriota del ABC con acreditación para preguntar en la Casa Blanca, que la utiliza para preguntarle todos los días a Trump por los supuestos incumplimientos de España con la OTAN. Quieren tanto a su país…