El pequeño placer de mis noches es ser recibido por mi gata en la puerta de mi hogar luego de una larga jornada laboral. Me recuerda la razón por la cuál continúo siendo explotado, nada más para consentirla de sus cosas favoritas. Una total engreída.
Regreso luego de un par de años y me siento un novato total, es evidente el gran cambio (admito que estoy encantado). Paso a inaugurar este espacio, junto con su humilde y peculiar servidor, que roba seguidores y disfruta de la estética de cada perfil. ;]
Desde que trabajo atesoro mi hora libre, pues soy yo disfrutando de mi pequeño banquete, aislado del resto de mis compañeros, divagando entre pensamientos y poniéndome al día con algunas lecturas. ¿Será este el goce de un treintañero acondicionado por el sistema? Pienso.