Hay una escena de Plutarco que no se me va.
Licurgo quiere sacar a Esparta de la molicie. No sube a la tribuna. Cría dos cachorros de la misma camada.
A uno lo deja en casa: comida fina, techo, plato a su hora. Al otro lo saca al monte y lo enseña a cazar.
El día de la asamblea los pone delante de todos. Suelta una liebre. Deja unos trozos de carne en el suelo.
El de casa ni mira la liebre. Va al plato. El otro ni mira el plato. Sale, alcanza la liebre y la derriba.
Licurgo no dice «este es mejor». Dice: veis que son de la misma camada. Lo que los ha hecho distintos es la crianza y el ejercicio.
Plutarco apunta incluso una variante más seca. Que quizá no eran de la misma casta: uno era perro doméstico y el otro de caza. Entonces Licurgo invierte el experimento. Acostumbra al de peor linaje al campo y mantiene al de mejor linaje en casa. El resultado no cambia. Y la frase ya no va de perros. Va de espartanos: de poco sirve descender de Heracles si no haces lo que hizo Heracles.
Yo esto lo leí primero como himno a la disciplina. Ahora lo leo de otra manera.
Del perro cazador casi nadie cuenta el tramo feo. Las salidas cuando no apetece. El hambre convertida en oficio. La repetición sin aplauso. Ese animal no se inventó un propósito una mañana inspirada. Alguien lo sacó al campo hasta que el campo se le quedó dentro.
Por eso me suena corta tanta charla moderna sobre fuerza de voluntad. Como si el carácter brotara de un pecho heroico. En Esparta el «campo» no era una metáfora. Era la agogé, la mesa común, el compañero que te mira, una ley que no te pregunta si hoy tienes ganas.
La emoción dura lo que dura una emoción. Un régimen, si está bien montado, te sostiene los días en los que no hay emoción.
Si te reconoces en el perro del plato, quizá no te falta temple. Te falta un monte. Y algo —o alguien— que te empuje a salir a él, sobre todo los días en que el plato está más cerca.
This is how a lot of women actually think:
“If he is being too nice to me, then he is not good enough for me.”
She doesn’t say it. She just feels it.
Excessive niceness signals:
Your personality should be 80% Asshole 20% Nice Guy (even 90/10 if her ego is super-sized from SM)
Yes girls need a LOT of Assholery to keep them happy.
I don't make the rules.
«Ser realmente bueno en cualquier cosa —ya sea presidente de universidad, violinista, abogado de valores o científico— exige una devoción prácticamente obsesiva hacia los propios objetivos.
Dividir la atención dará ventaja a los competidores que tienen el mismo talento pero mayor concentración.
Por esa razón, los banqueros de gran éxito que además pretenden ser violonchelistas consumados a menudo no son ninguna de las dos cosas.
Su reputación bancaria probablemente descansa en el trabajo de colaboradores talentosos que se desviven día y noche, y su interpretación del chelo suele resentirse del tiempo perdido incluso en la mera pretensión de ser banquero.»
- Premio Nobel James Watson
The moment she starts questioning you about other women, don’t defend yourself. Don’t explain. Don’t panic.
Just smile and treat it like she’s already jealous.
Say things like:
Amused Mastery: Everything she does is cute. Her silly little opinions are adorable. She is there for you to tease and taunt and patronize. Condescend to her at will
-Chateau Heartiste
Tell her she’s either too tall for you or too short for you.
That’s my favorite neg.
It pokes at her without being nasty.
If she’s tall, you say she’s too tall.
If she’s short, you say she’s too short.
Either way, you do this:
No le digas a ChatGPT “hazme un plan”.
No le digas “dame ideas”.
No le digas “analiza esto”.
Estás utilizando una IA avanzada como si fuera un becario.
Aquí tienes 7 prompts para copiar y pegar:
Actualización sobre la diferencia colectivismo-individualismo:
Durante décadas se nos enseñó una idea sencilla y bastante aceptada: las culturas de Asia Oriental -China, Japón, Corea- serían más colectivistas y las occidentales más individualistas. Eso se entendía, en la práctica, como que en Oriente la gente priorizaría el grupo, la armonía y las relaciones, mientras que en Occidente se valoraría más la independencia, el “yo primero” y la libertad personal. Esa idea inspiró miles de estudios.
El problema es que, cuando los investigadores pasaron encuestas para medirlo, los resultados no salían. En muchos trabajos Estados Unidos parecía tan o más “colectivista” que Japón o China. Un recuento de 76 estudios concluyó que encontrar la diferencia esperada era casi como lanzar una moneda. Quedaba un enigma: ¿estaban equivocados los expertos o las encuestas estaban mal hechas?
Este estudio publicado en Nature Human Behaviour, realizado con más de 12.000 personas en 100 culturas, propone una respuesta clara: el problema no era solo el método, sino cómo definíamos el colectivismo. Las escalas clásicas mezclaban dos cosas distintas.
Por un lado, una calidez general -“me siento bien cooperando con los demás”, “el placer es pasar tiempo con otras personas”, “hay que ser amable con todo el mundo”-. Una idea de bondad amplia, casi hacia extraños.
Por otro, los deberes concretos en las relaciones cercanas: cuidar a los padres ancianos en casa, no abandonar a un amigo aunque te critique, priorizar a la familia aunque eso implique menos confianza hacia desconocidos. Los occidentales suelen coincidir más con la primera idea. Las culturas tradicionalmente llamadas colectivistas coinciden más con la segunda. Al mezclar ambas en la misma encuesta, los resultados se anulaban o salían al revés. Incluso muchos psicólogos culturales, cuando se les preguntó, todavía esperaban que los asiáticos puntuaran más alto en ítems de calidez general. La intuición “cálida y difusa” sigue muy presente, también entre especialistas.
Los autores proponen llamar responsabilismo a una forma más precisa de entender el colectivismo: no se trata de querer a todo el mundo, sino de tener obligaciones fuertes con las personas del círculo cercano -familia, amigos íntimos, relaciones de confianza- y lazos más débiles o desconfiados hacia extraños, aunque pertenezcan al mismo país o a la misma empresa. Crearon una escala nueva, con situaciones concretas y no frases abstractas, la tradujeron a 45 idiomas y la aplicaron en 100 culturas que cubren el 90 % de la población mundial.
Haciendo esto sí aparecen diferencias grandes y coherentes entre Oriente y Occidente. África, Oriente Medio y varias regiones de Asia puntúan alto. América Latina queda en un nivel intermedio y Norteamérica, Europa y Australia, más bajo. Esta medida predice mejor cosas reales: vivir con la familia extendida, menor divorcio, más donación de sangre a parientes pero menos a desconocidos, más corrupción basada en contactos, políticas más restrictivas con inmigrantes, menos innovación, pensamiento más atento al contexto y a las relaciones. También detecta diferencias dentro de un mismo país: en Estados Unidos, el sur puntúa más alto que el norte, las personas de origen asiático o latinoamericano más que las de origen europeo y las clases sociales más bajas y las personas más conservadoras también puntúan más alto. Las escalas antiguas casi no captaban esto.
Hay un punto moral que conviene subrayar, porque no es un detalle menor. William Meijer lo formula así al comentar este mismo estudio: las culturas que históricamente se llamaron colectivistas se entienden mejor como culturas tribales, en las que los deberes y las responsabilidades van hacia la familia y los amigos, no hacia la sociedad en general; por eso las personas de esas culturas tienden a estar más dispuestas a mentir para ayudar a un amigo y menos dispuestas a devolver una billetera perdida para ayudar a un extraño. No es una ocurrencia suelta. El propio trabajo de Talhelm y su equipo encuentra precisamente esos marcadores: en las sociedades más responsabilistas hay más disposición a mentir en un tribunal por un amigo cercano y menos probabilidad de devolver una cartera a un desconocido. También hay más donación de sangre a familiares y menos a extraños, y los diplomáticos de la ONU de esos países acumularon más multas de aparcamiento -un costo que recae sobre desconocidos o sobre el sistema impersonal- cuando la inmunidad les permitía no pagarlas.
En otras palabras, la lealtad no se reparte de modo uniforme. Ayudar “a los míos” puede exigir, en la práctica, faltar a la verdad ante un juez o no devolver lo que un extraño perdió. Ayudar “a cualquiera” -incluso a alguien a quien no se conoce- es otra ética, más típica de las culturas que suelen llamarse individualistas y que Meijer prefiere llamar universalistas: cooperan a gran escala con desconocidos, no solo con el clan. Eso no significa que una forma de vida sea mejor que la otra, ni que en las culturas responsibilistas no exista generosidad: la hay, y a menudo es intensa, pero está concentrada.
El malentendido de décadas fue tratar esa lealtad estrecha como si fuera una calidez general hacia “el grupo” o “los demás”. El término colectivismo evoca muchedumbres y bondad amplia; responsabilismo apunta a deberes vinculantes en círculos cercanos. Al distinguir “ser agradable con todo el mundo” de “cumplir con los suyos aunque cueste -incluso mintiendo por un amigo o dejando la billetera de un extraño donde está-”, las diferencias culturales vuelven a tener sentido y predicen mejor cómo vive realmente la gente: con quién vive, a quién ayuda, a quién desconfía y cómo organiza la familia, la justicia cotidiana y la política.
Lazy elegance is an extremely attractive trait. Nothing beats it. You remain in a relaxed state no matter what, unable to signal desperation or any other emotion. Everyone around you feels their nervous system calming because you genuinely don’t care about anything except being at ease. It's like living in your own Time and space.
"The most important change in thinking you can make:
You are not there to win over women, they are there to win over you.
Keep saying this over and over until you begin to believe it. You are re-wiring yourself. Don’t worry about the truth or falsity of it. That’s irrelevant."
-Chateau Heartiste
Most guys waste time trying to impress her with ideas, opinions, and long talks.
She doesn’t care as much as you think.
What actually holds her attention is:
She is special. But she is still replaceable.
Liking her does not mean she owns your future.
You can enjoy her.
You can want her.
You can even think she’s rare.
The second you treat her like:
ASK RIVELINO
“I wanna look good but I also really don't want to imitate or appear derivative. #fashion ”
This is a classic beginner’s mistake:
1-You admire a field of expertise
2-You want to enter that field and learn the skills, but you’re too self conscious and afraid of looking stupid
3-You create unrealistic high standards/goals, for example, wanting to do something unique and original (even though you’re just a beginner)
4-You procrastinate taking action and that way you protect yourself from failing, looking stupid, being judged
5-You don’t fail because you didn’t try, so your ego is safe
6-You don’t learn the skill, you don’t grow
7-You stay stuck for months or years or decades
8-From the safety of the bleachers, you judge the people who actually had the courage to enter the arena
9-If you never try, you end up old, bitter and jaded — and probably alone, since women hate boring cowardly men
The lesson:
TAKE ACTION NOW
FAIL FASTER