Mark Zuckerberg just described the death of human connection on the internet and no one flinched.
One sentence. Fifteen years of erosion in twelve words.
Mark Zuckerberg: “Social media started out as people primarily interacting with their friends. And now… at least half of the content is basically people interacting with creators.”
You used to open your phone to see what your friends were doing.
Now you open it to watch strangers.
You did not choose this. The algorithm chose it for you.
It tested your friends against optimized strangers.
Your friends lost. Every time.
A stranger with better lighting, better timing, and a better hook held your attention three seconds longer than someone who loves you.
So the algorithm buried your best friend’s wedding photos under a cooking video from someone in Dubai you have never met.
And you watched the cooking video.
That was the first replacement. Friends for strangers. You barely noticed.
The second one is already underway.
If the algorithm already proved strangers outperform your real relationships, and AI can now build a stranger more engaging than any human alive, the math finishes itself.
The AI does not have a bad week. It does not post something careless and lose the algorithm’s favor. It does not burn out.
Every word calibrated.
Every frame tuned.
Every pause placed at the exact interval that keeps your thumb from moving.
A human creator competing against that is carving stone tablets in a world that just built the printing press.
The economics are not even close.
A person needs rent, sleep, and motivation.
The machine needs electricity.
When the cost of generating perfect content hits zero, the feed fills with faces that do not exist.
Voices that feel familiar.
Opinions that mirror yours just enough to feel like trust.
Personalities built from scratch to feel like someone you have known for years.
You will not know when the switch happens.
That is the point.
The feed does not care whether the thing holding your attention has a pulse. It cares whether you stay.
And a machine that knows your patterns better than you know yourself will always keep you longer than a person ever could.
This is not a warning. Half of it already happened.
You lost your friends to strangers and did not notice.
You will lose the strangers to machines and call them friends.
Somewhere in a different app, in a different tab, in a room you are sitting in right now, someone who actually knows you is living a moment you will never see.
Not because they stopped sharing it.
Because you stopped being where it was.
Si hubiera un medio de comunicación decente en este país, hoy se abrirían todos los informativos con la noticia de que miles de mujeres en Andalucia tienen el corazón en un puño, porque lo mismo tienen un cáncer de mama en estadio 3 ó 4 o una mestasatais Y NO LO SABEN.
Lloré las 100 veces que lo vi. El legado de Jane Goodall es inmenso. Aquí un ejemplo de lo que hizo por una chimpancé. La cara de la chimpancé y el abrazo, me destruye.
Te vamos a extrañar muchísimo Jane.
¿Por qué cada interacción digital con el Estado me conduce indefectiblemente hacia el enfado?
A políticos y funcionarios les chifla decir que no hay dinero. Pero la mayoría de los problemas que expreso en mis hilos no se deben a falta de recursos.
Una verdad incómoda: están sobrefinanciados.
Haca falta resetear la cultura digital de nuestros organismos públicos.
— Pero el ministro de Transformación Digital es politólogo.
— Pero el director de Red.es es politólogo.
— Pero la secretaria de Estado de Digitalización es profesora de instituto.
Más horas de mítines que de vuelo.
Más ideología que experiencia.
El melonazo absurdo de buscar trabajo en 2025.
El escape room del desempleo digital.
Tienes el currículum listo. Lo has pulido más que una inscripción romana.
Pero no. Hay que adaptarlo para cada oferta, con las palabras clave exactas. Como si estuvieras invocando a un demonio
la píldora para los tios: no te pasará absolutamente nada
la píldora para las tías: te dejo elegir entre subirte la presión cambios hormonales aumento de peso náuseas migrañas depresión ictericia pérdida de visión ataque al corazón derrame cerebral o te hago un combinado??
A niñas de 4 años se les exige la fluidez verbal de adultas ilustradas, pero con los agresores, sus adicciones, dpresión, soledad, su futuro laboral, etc, actúan de atenuantes para que se vayan de rositas a cambio de una promesa y un cursillo. ¡Fuego a todos! 🤬🔥🔥🔥
🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤
50 EUROS para gastar en Amazon(españa) van a ser para una de las personas que haga 🔃 RT a este tweet y siga a Chollometro
Todo el ❤️aquí quiero
Lunes decimos el winner
🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤🍤
Just started watching Malcolm in the Middle episode 1. Got 151 to catch up on before we start filming again in a few days!!! Can't wait to get back together with my old family.
Estoy recibiendo cientos de mensajes conectándome con la iniciativa de Martín Varsavsky de poner en marcha un «DOGE español»; es decir, una auditoría ciudadana de los contratos públicos.
Aunque no doy abasto a contestar, gracias de corazón por vuestros mensajes y su tono cariñoso, positivo e ilusionante. Al tiempo, descarto participar en la iniciativa de Martín, como siempre he descartado participar en iniciativas de un signo o del contrario. Como últimamente también arrecian los mensajes animándome a implicarme en la política o en los partidos políticos —un movimiento que tampoco contemplo— he creído conveniente compartir esta reflexión explicando mis porqués.
Tal como yo lo siento, los últimos 20 años están siendo de una polarización acelerada. Las redes sociales son un ingrediente primordial de este cóctel, y no digo que ello signifique —a mi entender— que son necesariamente perniciosas.
La polarización es un choque de cosmovisiones. Es un enfrentamiento civil entre las múltiples formas de ver el mundo. La política de las últimas décadas ha catalizado y capitalizado este proceso, sabedora de que los humanos, las personas, construimos una parte de nuestra identidad proyectándola en los valores de un grupo de afines. En otras palabras: somos porque pertenecemos.
En las últimas dos décadas los partidos políticos han aprovechado y acelerado, como digo, esta naturaleza inherentemente humana, prescribiendo cada vez más no ya soluciones concretas a los problemas complejos que como país tenemos en nuestro desarrollo cotidiano sino sistemas morales. Y los medios de comunicación participan con entusiasmo de esta transformación: la política ya no es el arte y la técnica de gestionar lo público. La política ahora es un proveedor de identidades.
Pienso que la afirmación de nuestra identidad individual se asienta en un sentimiento de pertenencia a un grupo. En otras épocas era la religión la encargada de proveer este sistema de valores. Pero el espacio menguante que la religión deja está siendo, de un tiempo a esta parte, ocupado por la política. Y del mismo modo que en otro tiempo el creyente era la contraposición afirmativa del infiel y la virtud era la negación del pecado, la ideologización actual necesita también de un antagonista. «Una de las dos Españas ha de helarte el corazón».
Así es como llegamos al abismo actual de nuestra era, en el que la identidad propia se construye negando la del otro: no es quién eres lo que te define, sino qué odias lo que te construye. El resultado es ensordecedor: es este cenagal de ruido y decadencia que destruye buena parte de la energía constructiva de nuestra sociedad y lastra —o directamente impide— los intentos de avanzar.
Quienes leéis por aquí mis reflexiones y trabajos sabéis que nunca me he inmiscuido en esa reyerta de partidos políticos, siglas y cosmovisiones. Trato de dirigir mis esperanzas a un cambio en la Administración pública, no a un cambio de gobierno. Pienso que tiene más sentido cambiar la cultura que cambiar los gobernantes.
Quizá alguien tenga la tentación de tachar esta actitud mía de equidistancia, ese término de la geometría que ha saltado a la política con una connotación despectiva. Pues permitidme contestar con un poco de sorna que el álgebra y la geometría contemplan también un término con el que yo me identifico mucho más: la ortogonalidad. Y es que así es como entiendo mi personal posición: como ortogonal al plano de la pelea de bandos. Que no tiene puntos en común. Que es ajena. Que es independiente.
Y es que pienso también que somos muchos, muchos más de los que parece, los que estamos hartos de este estruendoso fragor de la batalla cultural, del choque de ideologías, de la propaganda, del proselitismo, de las consignas de un bando o del otro. Los que no queremos vernos atrapados en este choque de formas de entender el mundo. Nuestro país no es así. ¡No somos una sociedad dicotómica! No somos una sociedad dividida. Están intentando dividirnos y enfrentarnos, pero nuestro país no es así.
Podría decir mucho más sobre este tiempo que vivimos y mis razones para abstenerme automáticamente de participar en toda iniciativa, la que sea, si es susceptible de ser utilizada para enfrentarnos unos a otros y dicotomizar los complejos problemas de nuestro tiempo.
Todo mi agradecimiento a quienes seguís por aquí mi humilde camino. Todo mi respeto a Martín y a quienes discrepen de estas personales razones mías. Yo seguiré mi modesta senda intentando contribuir a mi país desde fuera de la pelea ideológica y con las únicas herramientas a mi alcance: la tecnología, la ciencia de datos y la ingeniería entendida como la búsqueda de soluciones eficientes.