Mi paz es un pacto con el pasado: yo no lo menciono y él no me persigue. He dejado de ser el náufrago para convertirme en la orilla. Ahora que no espero nada de nadie, por fin soy el dueño absoluto de mi tiempo.
Qué planeta tan aburrido: ni hadas, ni elfos, ni sirenas, ni dragones, ni vampiros, ni hombres lobos… solo facturas, estrés, chismes y gente insufrible