Primeroo caeran las cosachas de grano de las cuales se alimentan los animales que os comeis, luego poco a poco ira cayendo el resto de alimentos vegetales que consumimos los humanos. Vamos camino de la extincion. Pero el capitalismo es guay porque te permite soñar en hacerte rico
The only reason it took so long for this is because everyone kept treating it as the "you-cannot-have-kids-disease", instead of acknowledging that the condition was wrecking havoc in the entire body, and infertility was just a symptom
El padre de Elon Musk tenía una mina de esmeraldas en África que trabajaba con esclavos, os lo digo por si creéis que trabajando duro a vais conseguir lo mismo que el
Une femme qui pratique sa propre césarienne c’est pas une héroïne, c’est une femme qu’on a abandonnée. Arrêtez de romantiser la souffrance des femmes et aidez-les pour que ça ne se reproduise plus jamais.
Que la nómina más frecuente de un pais sea el salario mínimo, es una vergüenza y dice mucho de los empresarios que están todo el día llamando a la gente vaga, cada día ellos ganan más y nosotros somos más pobres
экшуалли эти видео неплохая иллюстрация что гомофобия это намеренное действие и каждодневный выбор постоянной ненависти разъедающей твой мозг до состояния плесени и что в результате это только усложнит твою жизнь
They dropped so many bombs on Gaza and released over 30 million tonnes of CO2. There's also the data centers, one of them reportedly releasing 23 atomic bombs worth of heat into the atmosphere. We are also razing forests faster than we can regrow them.
“Climate change will manifest as a series of disasters viewed through phones with footage that gets closer and closer to where you live until you're the one filming it.”
Falangistas metían ratas en las vaginas de las presas.
Testimonio de Eudaldo Felipe Nuez, desarrolló el servicio militar en el cuartel de La Isleta entre los años 1936-1938.
«(…) A las mujeres embarazadas las ponían en aquella frías camillas metálicas, las abrían de piernas, se las amarraban y les metían las ratas que traía Juan «El Cebollero» de Falange en una jaula de calandras, parecían enseñadas, porque desde que las soltaban iban directas a las vaginas, mordían un poco por fuera los labios y luego entraban muy rápidas y las devoraban por dentro. Nunca en mi vida escuché gritos de dolor tan fuertes, se me quedaron grabados en mis oídos por siempre mientras fregaba los pisos del centro de detención ubicado en la trasera de la calle Triana, allí solo llevaban mujeres a las que si eran jóvenes y bonitas las violaban, si eran mayores las colgaban por la piernas boca abajo varios días pa darles leña con las varas de acebuche y las pingas de buey. «La Casa de los Horrores» la llamaba mi primo Macario, el que fue futbolista, no podíamos renunciar a aquel horrible trabajo porque los dos eramos soldados, nos llevaban cada noche en un pequeño camión con material de limpieza del cuartel, solo sacábamos mucha sangre, sesos, trozos de vagina, pezones cortados, pechos enteros metidos en bolsas de papel. Había siempre por allí un médico de Las Palmas, se llamaba Don Antonio Marrero Portugués, se encargaba de mirarles la tensión a las que estaban casi muertas o la temperatura, todavía no entiendo que función tenía porque lo que les hacían era incurable, tal vez pa saber el tiempo que durarían vivas y seguirles haciendo daño hasta la muerte. Me acuerdo de los niños que metían en una sala contigua a las de tortura, un cuarto frío, sin muebles, donde los menores oían los gritos de sus madres, a veces llevaban alguno pa que vieran como las destrozaban y dieran algún dato de la información que pedían los torturadores. Lo que no olvido son las ratas de cloaca casi negras, sus chillidos cuando olían la sangre o las entrañas de aquellas pobres mujeres…»
Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en el barrio de Vegueta (Las Palmas de Gran Canaria), el 5 de julio de 1987.