Ante la corrupción que hoy nos deslumbra, hay que tener claro que la corrupción NO es política, la corrupción es ciudadana. Los cargos públicos siempre son cubiertos por ciudadanos que, caen en actos de corrupción, por su condición de ciudadanos sin valores, principios, ni ética.
La educación es el camino más eficaz hacia el desarrollo de las naciones. La prioridad debería ser el fortalecimiento del sistema de educación pública, y no revivir universidades deficientes en parámetros de calidad y enseñanza.
Ser pobre NO es sinónimo a drogadicción, ni a la práctica de actos vandálicos. Hay que romper esa narrativa.
Muchas personas en esa posición económica han creado sus propias oportunidades. Y otras siguen en búsqueda de esas oportunidades, pero no son drogadictos ni vandálicos.