Por qué la IA está empujando a muchas personas a emprender e invertir
La inteligencia artificial no golpeará primero la fábrica, sino la oficina. Según el FMI, el 40% de los empleos del mundo están expuestos a la IA. En las economías más ricas, el 60%. Uno de los perfiles más vulnerables es el ejecutivo mayor de 40 años: costoso para las empresas y cada vez más reemplazable.
Ante ese escenario, muchos deberán reinventarse, crear proyectos propios y construir una marca personal. Pero este cambio también cuestiona el sistema de pensiones: ¿cómo se jubilan quienes trabajan por cuenta propia? En Estados Unidos, los jóvenes de 25 años con cuenta de inversión pasaron del 6% en 2015 al 37% en 2024, según JPMorgan Chase Institute.
El mercado de capitales aparece así como alternativa, aunque con un riesgo: gran parte de la población no tiene educación financiera suficiente. La generación emprendedora surge como respuesta al cambio tecnológico y amenaza con dejar obsoletos al empleo tradicional y a sus instituciones.
¿Y si no son los teléfonos? Un psicólogo evolucionista desafía a Haidt sobre la crisis mental de los niños:
Este artículo de The Atlantic presenta el enfrentamiento entre dos influyentes psicólogos: Peter Gray y Jonathan Haidt sobre el tema de los efectos perjudiciales de los móviles y las redes en la salud mental de los jóvenes. Gray, de 82 años, defensor de la teoría evolutiva del juego libre y autor de Free to Learn, sostiene que la verdadera causa de la crisis de salud mental en niños y adolescentes no son los smartphones ni las redes sociales, sino la pérdida progresiva de autonomía y juego no estructurado que comenzó hace décadas, mucho antes de los teléfonos. Para él, los niños necesitan explorar el mundo (incluido el digital) de forma independiente para desarrollar resiliencia, resolver problemas y gestionar emociones. Gray critica duramente el libro de Haidt The Anxious Generation, al que considera “antiético” porque promueve restringir aún más la libertad de los niños quitándoles los dispositivos, en lugar de devolverles autonomía. Esto a pesar de que Haidt ha citado su trabajo y está de acuerdo con él en lo referente al mundo “físico”.
Gray argumenta que la verdadera responsable es la sobreprotección y la escolarización intensiva (como el Common Core en EE.UU. desde 2010), que aumentó el estrés escolar drásticamente. Señala que los videojuegos y el internet temprano (años 90-2010) incluso mejoraron la salud mental al dar a los niños un espacio propio de juego y competencia. Para Gray, prohibir redes sociales a menores de 16 años viola derechos humanos y sigue la misma lógica fallida que antes limitaba el juego físico.
El artículo muestra el debate: Haidt mantiene que las redes sociales y los teléfonos son el factor principal de la “reconfiguración” del cerebro infantil y la epidemia de ansiedad/depresión. Gray, por su parte, prepara un libro de respuesta (Restoring Childhood) para septiembre de 2026. La autora deja claro que ambos tienen evidencias y que el consenso científico es mixto e inconcluso, pero Gray representa una voz contraria que gana terreno entre quienes rechazan la “pánico moral” sobre la tecnología.
Os pongo un párrafo donde Gray aplica la filosofía de que los niños necesitan juego libre también al mundo virtual, el principal punto de fricción con Haidt:
“Solo recientemente Gray ha ampliado su idea de una forma que no resulta tan popular. La necesidad de los niños de tener juego y exploración no estructurados (guiados por algunas reglas de seguridad y sentido común) no se limita solo a solares vacíos, parques urbanos o patios de las afueras, dice él, sino que también se aplica a otros entornos. Ahora se extiende a los espacios salvajes de internet. «Para crecer bien, los niños tienen que poder jugar en el mundo en el que están creciendo», me dijo cuando hablamos en su casa a finales del invierno. Los niños deben ser libres para jugar sin la supervisión de sus padres, insiste Gray, incluso cuando están en línea.”
Merci à Christophe Clavé pour cet éclairage sur l’appauvrissement de la langue et la ruine de la pensée 🙌
"La disparition progressive des temps (subjonctif, passé simple, imparfait, formes composées du futur, participe passé…) donne lieu à une pensée au présent, limitée à l’instant, incapable de projections dans le temps.
La généralisation du tutoiement, la disparition des majuscules et de la ponctuation sont autant de coups mortels portés à la subtilité de l’expression.
Supprimer le mot «mademoiselle» est non seulement renoncer à l’esthétique d’un mot, mais également promouvoir l’idée qu’entre une petite fille et une femme il n’y a rien.
Moins de mots et moins de verbes conjugués c’est moins de capacités à exprimer les émotions et moins de possibilité d’élaborer une pensée.
Des études ont montré qu’une partie de la violence dans la sphère publique et privée provient directement de l’incapacité à mettre des mots sur les émotions.
Sans mot pour construire un raisonnement, la pensée complexe chère à Edgar Morin est entravée, rendue impossible.
Plus le langage est pauvre, moins la pensée existe.
L’histoire est riche d’exemples et les écrits sont nombreux de Georges Orwell dans « 1984 » à Ray Bradbury dans « Fahrenheit 451 » qui ont relaté comment les dictatures de toutes obédiences entravaient la pensée en réduisant et tordant le nombre et le sens des mots.
Il n’y a pas de pensée critique sans pensée. Et il n’y a pas de pensée sans mots.
Comment construire une pensée hypothético-déductive sans maîtrise du conditionnel ? Comment envisager l’avenir sans conjugaison au futur ? Comment appréhender une temporalité, une succession d’éléments dans le temps, qu’ils soient passés ou à venir, ainsi que leur durée relative, sans une langue qui fait la différence entre ce qui aurait pu être, ce qui a été, ce qui est, ce qui pourrait advenir, et ce qui sera après que ce qui pourrait advenir soit advenu ? Si un cri de ralliement devait se faire entendre aujourd’hui, ce serait celui, adressé aux parents et aux enseignants : faites parler, lire et écrire vos enfants, vos élèves, vos étudiants.
Enseignez et pratiquez la langue dans ses formes les plus variées, même si elle semble compliquée, surtout si elle est compliquée. Parce que dans cet effort se trouve la liberté. Ceux qui expliquent à longueur de temps qu’il faut simplifier l’orthographe, purger la langue de ses «défauts», abolir les genres, les temps, les nuances, tout ce qui crée de la complexité sont les fossoyeurs de l’esprit humain. Il n’est pas de liberté sans exigences. Il n’est pas de beauté sans la pensée de la beauté."
Christophe Clavé
Los Fuera de Serie sí existen
Acabo de leer el libro Fuera de Serie, de Malcolm Gladwell, y os hago a continuación un comentario-crítica. Es ameno y entretenido de leer y me ha gustado bastante en muchas partes, porque Gladwell tiene razón en una cosa importante: el ambiente, la cultura y la suerte cuentan muchísimo en todo lo que nos ocurre en la vida. Nadie puede decir en serio algo como “yo me lo he currado todo solo”.
Gladwell habla, por ejemplo, de cómo el mes en que naces puede darte ventaja en el hockey (los nacidos en enero son más grandes y fuertes que los de diciembre cuando empiezan a jugar), de cómo Bill Gates tuvo suerte de acceder muy pronto a un ordenador en los años 70, o de cómo los Beatles se forjaron tocando ocho horas seguidas todas las noches en Hamburgo. Eso está bien explicado y ayuda a entender que el éxito no cae del cielo por arte de magia sino que aunque tengas talento en una cosa si no trabajas no llegarás muy lejos. La cultura también importa: el énfasis asiático en el estudio o ciertas tradiciones judías de debate y aprendizaje ayudan a explicar por qué hay más éxito en ciertas áreas. Y la suerte es clave e muchas veces. Es fundamental estar en el momento adecuado en el lugar adecuado para tener éxito. Llegar un poco antes o un poco después en lo que sea puede marcar toda la diferencia, de acuerdo con todo eso, con que las oportunidades se acumulan y que todo eso es real.
Pero el libro de Gladwell tiene un problema: ignora casi por completo una parte esencial de lo que somos: la genética. Habla mucho de herencia cultural y de oportunidades externas, pero apenas menciona la herencia biológica, la que viene en el ADN. Y eso, para mí, deja coja la explicación.
Por ejemplo, el famoso tema de las 10.000 horas. Gladwell lo presenta casi como una receta mágica: si practicas lo suficiente de forma deliberada, llegas a ser experto. Pero los estudios más recientes en deportes, ajedrez y música no dicen eso. La práctica deliberada explica solo una parte del pastel, alrededor del 20-30 % de la diferencia entre la gente normal y los que llegan a lo más alto. El resto tiene que ver con otras cosas: inteligencia, personalidad, motivación innata y, sí, factores genéticos. No es que la práctica no importe (claro que importa), pero no es suficiente por sí sola. Hay gente que practica miles de horas y no llega nunca a cierto nivel, y otros que parecen “ver” las cosas más rápido desde el principio.
Lo de los Beatles es un buen ejemplo. Sí, tocaron muchísimo en Hamburgo y eso les dio experiencia. Pero en esa misma época había montones de grupos que hacían lo mismo: ocho horas diarias, todos los días. Pero Beatles sólo hay unos. Y solo los Beatles sacaron ese repertorio increíble, esa química entre Lennon y McCartney, esas canciones que siguen sonando igual de frescas hoy. No todos los que practicaban mucho tenían ese talento compositivo y esa capacidad de crear melodías que tiene un musicazo como McCartney o Lennon. Ahí hay algo más que horas acumuladas. Es el genio o el talento.
También ocurre que la relación entre talento y práctica se organiza en lo que se llama un círculo virtuoso. Scott Alexander lo explica muy bien en esta entrada suya llamada la Parábola de los Talentos
https://t.co/AQUZnAuPfA
Cuando practicas y progresas, porque tienes talento, eso te hace practicar más y ser mejor y al ver que avanzas quieres practicar todavía más. Alexander lo ejemplifica genial con la diferencia entre lo bien que se le da a él escribir y lo bien que se le daba a su hermano el piano. Si te atascas o no disfrutas lo dejas. La práctica no es la consecuencia del talento, también es la causa.
Lo mismo pasa en el atletismo. En los niveles de élite, los atletas ya entrenan al máximo: mismos métodos, mismos entrenadores de alto nivel, misma nutrición, mismos análisis de datos. Y aun así siguen habiendo diferencias enormes en rendimiento. Unos responden mejor al entrenamiento, otros tienen más explosividad, más capacidad de recuperación o mejor eficiencia muscular. Los estudios de heredabilidad muestran que rasgos como la fuerza, la resistencia o la potencia tienen un componente genético alto, muchas veces por encima del 50 %. Cuando igualas el ambiente todo lo posible, las diferencias que quedan son más genéticas. Es como dice la gente: si todos corren con las mismas zapatillas y el mismo plan de entrenamiento, lo que marca la diferencia en la élite suele ser lo que traes de fábrica.
Y luego están los casos que realmente parecen “fuera de serie”. Pensemos en Srinivasa Ramanujan, el matemático indio. Con muy poca formación formal, casi autodidacta y viviendo en condiciones humildes, descubrió teoremas que dejaron flipados a los mejores matemáticos de Cambridge. No fue solo esfuerzo sino que tenía una intuición matemática que parecía de otro planeta. O Paul McCartney, con esa facilidad melódica tan natural. O Lionel Messi, que desde niño ya veía el fútbol de una forma distinta: anticipación, regate, visión de juego que pocos tienen aunque entrenen lo mismo. Estos no son solo gente que tuvo suerte (que la tuvieron y sin ciertas ayudas externas no habrían llegado donde llegaron) o que practicó mucho. Tienen algo excepcional dentro, una combinación de capacidades que la mayoría no tenemos (por cierto que Messi es nacido en junio y Pelé o Maradona en octubre).
Al final del libro, en el epílogo, Gladwell resume su tesis sobre los fuera de serie así:
“…son producto de su historia y su comunidad, de las oportunidades que tuvieron y la herencia recibida. Su éxito no es excepcional ni misterioso. Se cimienta en una red de ventajas y herencias, unas merecidas y otras no, unas ganadas con esfuerzo y otras mero producto de la fortuna; pero todas cruciales para hacerles ser lo que son. El fuera de serie, al final, no es fuera de serie en absoluto.”
La frase de Gladwell es una frase bonita y tranquilizadora, pero incompleta. Gladwell ignora una herencia esencial: los genes. Esa parte biológica que influye en cuánto nos esforzamos (la capacidad de esfuerzo, el autocontrol, tiene una heredabilidad de un 60%), en cómo de bien respondemos al esfuerzo, en cuánto disfrutamos practicando, en cómo de rápido aprendemos y en hasta dónde podemos llegar aunque todo lo demás sea igual.
En definitiva, yo sí creo que los fuera de serie existen y son eso: fueras de serie. Como McCartney con su don para las melodías, Ramanujan con su mente matemática casi mágica, Messi con esa forma única de ver y jugar el fútbol… No todo se explica con oportunidades y horas de práctica. Hay gente que, simplemente, está en otro nivel. Y reconocer eso no quita mérito al esfuerzo ni a las circunstancias. Solo hace que la explicación sea más completa y más cercana a la realidad.
Gladwell nos recuerda que el éxito no es sólo cuestión de “ser especial”. Tiene razón en eso, el talento no es suficiente. Pero sin el talento tampoco podemos explicar nada, tampoco es solo cuestión de suerte y entorno. Es las dos cosas juntas, y los genes forman parte importante de la ecuación. Por eso los verdaderos fuera de serie siguen existiendo, y siguen siendo fascinantes precisamente porque no son tan “normales” como el libro quiere hacernos creer.
¿Sabías que la historia de la Edad de Bronce se está reescribiendo desde Extremadura, España? 🌍 Científicos han hallado seis minas que ayudan a comprender cómo se movían los metales en Europa hace 3,000 años.
https://t.co/6g65qlIOmI
#Historia#Antropología#Metalurgia
The most iconic Wonderwall of the World Cup so far, echoing around the legendary Estadio Azteca in front of more than 80,000 Mexicans after England’s dramatic 3-2 win over Mexico.
Breve #Artículo | #Sismo de La Guaira-Vargas
La Ciencia habló pero, ¿Quién decidió ignorarla?
Revisando literatura científica publicada mucho antes de esta tragedia tan espantosa como ha sido el Sismo de La Guaira, encontré este artículo del Ing. Óscar A. López (UCV–FUNVISIS), publicado en 2015.
Su lectura deja claro que las advertencias sobre la vulnerabilidad, riesgo sísmica y la necesidad de reforzar la planificación, la supervisión y el cumplimiento de las normas ya habían sido formuladas desde la academia.
López (2015), que según el artículo es de IMME-UCV y asesor de FUNVISIS advirtió que una de las mayores vulnerabilidades sísmicas de Venezuela era la existencia de edificaciones sin adecuación sismorresistente y la necesidad de reforzar normas, supervisión y prevención.
A ello se suman las advertencias realizadas durante años por geólogos, geofísicos, ingenieros civiles y geotecnistas sobre la construcción de viviendas en terrenos con condiciones geológicas desfavorables y sin una adecuada evaluación del suelo.
Hoy, esta tragedia exige una investigación técnica independiente que establezca si existieron fallas, negligencias o incumplimientos de las normas, y que determine las responsabilidades penales y administrativas que correspondan.
La prevención ignorada también debe investigarse. Durante años, científicos de distintas disciplinas advirtieron sobre la vulnerabilidad sísmica de numerosas edificaciones, la ocupación de terrenos indebida geológicamente inestables, ganados al mar gracias al avance de depósitos aluviales, terrenos inadecuados para tales construcciones y la necesidad de fortalecer las normas de construcción, la planificación territorial y la mitigación del riesgo.
Sin embargo, esas advertencias no se tradujeron en políticas públicas efectivas ni en una incorporación real de la comunidad científica a la toma de decisiones.
Determinar por qué esas recomendaciones fueron ignoradas también forma parte de establecer las responsabilidades por esta tragedia.
Cuando la ciencia es ignorada, la naturaleza pasa facturas muy dolorosas.
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Referencia
López, O. A. (2015). Lineamientos para un programa de reducción del riesgo sísmico en Venezuela. Revista de la Facultad de Ingeniería UCV, 30(2), 141–158.
https://t.co/XmAGuyZ4PE
La mentalidad de líder de Vozinha. Perdieron el partido y se fue directo a levantar a los jugadores que se habían tirados en el suelo.
Él sabía que ellos ya habían ganado ❤️🩹
🇲🇽 | Javier Hernández sobre la diferencia entre Leo Messi y Cristiano Ronaldo:
“MESSI ES SUPERMAN Y CRISTIANO RONALDO ES BATMAN. Superman nació con poderes, Batman no. Batman tuvo que construirse a sí mismo con disciplina, coraje y valentía hasta convertirse en extraordinario.
Mi suegra me preguntó: ¿Quién es mejor, Messi o Cristiano Ronaldo? Y le respondí: ‘¿Qué es lo que más admiras?’
Messi es la representación del talento puro. Verlo jugar se siente natural, como si las leyes de la física no se aplicaran a él. Hace que lo imposible parezca simple. Los clubes construyen sistemas a su alrededor, y eso tiene sentido porque es un talento que nunca existió en la historia. Messi representa el sueño de nacer con un don extraordinario.
Pero Cristiano Ronaldo representa otra historia: la historia de quien se construyó a sí mismo, quien convirtió la disciplina en su mayor talento, quien cambió países, ligas, idiomas, sistemas de juego, y aun así se mantuvo en la élite. Mientras Messi parece improvisar, Cristiano parece haber entrenado cada movimiento miles de veces. Mientras uno transmite calma, el otro transmite hambre. Mientras uno deja que el juego venga a él, el otro sale a conquistarlo desde el primer minuto.
Y por eso millones de nosotros nos identificamos con Cristiano Ronaldo, porque muchos de nosotros no nacimos siendo los mejores. Tuvimos que trabajar el doble de duro para lograr nuestros sueños. Cristiano Ronaldo representa al que nada contra la corriente, al que recibe críticas, al que sus logros se normalizan y minimizan, y aun así sigue adelante.
Y creo que esa es la verdadera discusión: no quién es mejor, sino qué historia te inspira más. Ambos son admirables, y ambos inspiran mucho: el que nació con un don o el que demostró que con disciplina puedes cambiar tu destino.
Porque al final, admiramos a Messi por lo que es, un ser de otro planeta, pero muchos admiramos a Cristiano Ronaldo porque es un monstruo de fuerza de voluntad que nos obliga a mirarnos al espejo y sentirnos capaces de romper barreras.”
En el hilo turras de hoy, y cerrando el arco de educación (¡9 hilos!), vamos a contar la historia de Elena y en el fondo, hablar de la gente que entiende que el sistema no está diseñado para gestionar su problema y afronta el problema bajo su propia agencia y sus propias reglas.
I am sitting in the village café while rain taps patiently against the windows, every table is occupied, conversations rise and fall over cups of coffee, and in the middle of this perfectly ordinary afternoon I find myself reading about one of humanity's least seasonal phenomena: the extraordinary lengths to which intelligent people are willing to go in order to dislike one another.
One of the most reassuring discoveries one makes while reading the history of philosophy is that the greatest minds did not always behave like sages, but sometimes behaved remarkably like neighbours who have been arguing over a fence for thirty years, only instead of tomatoes and chickens they used metaphysics, Absolute Spirit, and several hundred pages of mutual contempt.
How personal animosity makes people spiteful.
Schopenhauer hated Hegel with all his soul and did not hesitate to describe him in the harshest possible terms:
"Hegel, installed from above by the authorities as the officially accredited Great Philosopher, was a flat-headed, insipid, nauseating, illiterate charlatan, who reached the height of audacity by stitching together and serving up the most insane mystifying nonsense."
Another quotation:
"The pinnacle of audacity in presenting sheer nonsense... was finally reached in Hegel."
Schopenhauer accused Hegel of having corrupted an entire generation with incomprehensible jargon.
And the more one reads these pages, the more difficult it becomes to decide what is more interesting: the philosophical disagreement or the entirely human irritation that gradually transformed itself into a worldview, because personal dislike possesses one curious quality that has remained unchanged from Antiquity to social media: it begins with one particular person, but very quickly arrives at the conclusion that the problem is now an entire school, an entire era, an entire nation, or perhaps humanity itself.
Perhaps that is why the history of philosophy is such reassuring reading. It constantly reminds us that behind the grand systems, the thick books, and the magnificent ideas there is very often an entirely ordinary human being who simply cannot stand the colleague in the lecture hall next door.
:) ☕️📖
Jean-Jacques Rousseau died in 1778 as well, the same year as Voltaire, which history arranged with a certain malicious symmetry. If Voltaire represents reason sharpening itself against superstition, Rousseau represents feeling turning suspicious of reason. The Enlightenment needed both men, though they disliked each other intensely and for excellent reasons. Rousseau did not arrive in Paris as a polished wit. He arrived as a problem. Born in Geneva, restless, awkward, often poor, he moved through trades, cities, and patrons with the air of a man who never quite belonged anywhere and knew it. Music interested him, society confused him, and human beings, when observed closely, disappointed him. Unlike Voltaire, who trusted language as a weapon, Rousseau mistrusted it as a mask. Where others refined civilization, Rousseau questioned whether it was worth refining at all. He looked at progress and asked an impolite question: progress toward what? His answer was inconvenient. Civilization, he argued, polishes manners but corrodes souls. Inequality is not natural; it is manufactured, taught, rewarded, and defended by institutions that call themselves rational.
His famous paradox that man is born free and everywhere in chains is not a slogan but a diagnosis. Rousseau was not nostalgic for forests and animal innocence; he was alarmed by how easily humans agree to surrender themselves. The chains, in his view, are often self-forged and lovingly maintained. That made him far less amusing than Voltaire and far more unsettling.
The Social Contract is often misunderstood as a blueprint for democracy. It is closer to a moral provocation. Sovereignty, Rousseau insisted, does not belong to kings, priests, or experts, but to the collective will of citizens. This "general will" is not the loudest opinion, nor the sum of private interests. It is what remains when selfishness is disciplined. This idea would later inspire revolutions, misunderstandings, and a great deal of blood none of which Rousseau lived to see, which is probably fortunate for his reputation. If his political thought frightened governments, his personal writings frightened polite society. In his "Confessions", Rousseau did something scandalous: he told the truth about himself, or at least a truth that refused to flatter. He admitted weakness, shame, paranoia, and contradiction. He did not present a model citizen, but a human being. It was the literary equivalent of walking into a formal dinner and speaking honestly. People never forgive that.
Rousseau was not easy to love. He quarreled with friends, suspected conspiracies, and withdrew frequently into solitude. Unlike Voltaire, he did not enjoy the game of power at a safe ironic distance. He felt everything too much and trusted nothing completely. Where Voltaire laughed at fanaticism, Rousseau trembled at alienation. One disarmed enemies; the other exposed wounds. His ideas about education, especially in "Émile", insist that children are not miniature adults to be corrected, but beings to be protected from premature corruption. Nature, for Rousseau, is not naïve innocence but a standard by which society should be judged. When society fails that standard, Rousseau does not adjust the standard he indicts society.
At his death, Rousseau was buried quietly, without triumph. Later, like Voltaire, he would be moved to the Panthéon, that grand mausoleum of delayed recognition. France honored him once it had finished misunderstanding him.
Voltaire made tyranny ridiculous. Rousseau made freedom heavy with responsibility. One taught people how to doubt authority; the other forced them to ask whether they deserved it. Together they form the tension at the heart of modernity: reason without warmth is cruelty, and feeling without structure is chaos.
Rousseau did not promise comfort. He promised sincerity. And history, which enjoys comfort far more than sincerity, has been arguing with him ever since.