"Poner en el centro a la persona humana y no al progreso, al dinero, al lucro, es defender la sacralidad del ser, sobre todo cuando ese ser ha sido humillado u ofendido, desterrado por razones políticas o económicas, maltratado e incluso vejado..."
@rondon_EA26 La gran diferencia del 28 de julio del 2024 fue qué ningún sector de la oposición llamó a la abstención, toda la oposición llamó a la participación electoral, esa fue, por mucho, la gran diferencia.
@FernandoMiresOl@rtve Marco Rubio es uno de los protagonistas mediatico del momento, pero creo qué el gran actor tras bastidores es el señor Richard Grenell.
@Mibelis Boves era, para ese momento, el líder más popular de Venezuela. Un dato qué q veces pasa desapercibido. Por eso "no hay que confundir la verdad con la opinión de la mayoría" una sentencia de Jean Cocteau, que lamentablemente, siempre o casi siempre, aplica para Venezuela.
Dejaré una reflexión aquí, aprovechando que es domingo y me siento feliz porque hablé con dos familiares míos —a quienes quiero muchísimo— que van a ser abuela y mamá.
No espero hacer milagros entre la militancia de la “nobel de la paz”, pero sí espero sembrar alguna semilla de reflexión en aquellos que valga la pena rescatar de tal nefasto destino.
Voy a empezar rechazando la dicotomía “si criticas a María Corina eres chavista”, pues ella advierte del peligro del fanatismo político que no hemos superado pese a que llevamos 26 largos y duros años de desgracia.
Siempre me ha resultado preocupante que una sociedad que ha sufrido tanto por el dogmatismo político, repita hoy el mismo gesto que una vez abrió la puerta al autoritarismo: 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐜𝐚𝐩𝐚𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐝𝐢𝐬𝐭𝐢𝐧𝐠𝐮𝐢𝐫 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐜𝐫𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐨 𝐲 𝐦𝐢𝐥𝐢𝐭𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚.
Que alguien cuestione a una figura política no lo convierte en enemigo de la libertad ni en aliado del régimen. Lo convierte, simplemente, en un ciudadano que se niega a abdicar de su criterio. Lean bien: 𝐮𝐧 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝𝐚𝐧𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐧𝐢𝐞𝐠𝐚 𝐚 𝐚𝐛𝐝𝐢𝐜��𝐫 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐜𝐫𝐢𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨.
En los inicios del chavismo, al igual que en esta época de la “nobel de la paz”, 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐮𝐧𝐝𝐢𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐭𝐮𝐬𝐢𝐚𝐬𝐦𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐥 𝐣𝐮𝐢𝐜𝐢𝐨. La adhesión ciega a un líder que prometía redención y justicia terminó siendo la antesala de la subordinación colectiva.
Hoy, irónicamente, se reedita el mismo patrón, pero invertido: 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐬𝐞 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐩𝐫𝐨𝐜𝐥𝐚𝐦𝐚𝐧 𝐡𝐞𝐫𝐞𝐝𝐞𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 “𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐫𝐞́𝐠𝐢𝐦𝐞𝐧” 𝐫𝐞𝐩𝐢𝐭𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚𝐬 𝐥𝐨́𝐠𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐟𝐞 𝐩𝐨𝐥𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐧𝐮𝐧𝐜𝐢𝐚𝐫𝐨𝐧. Se invoca la libertad mientras se sofoca la crítica; se exigen sacrificios en nombre del cambio mientras se levanta un culto personalista ¿se puede ser más incoherente? ¿Se puede ser más ciego?
La política, en su sentido más profundo no es un espacio de purezas morales, es cierto, sino de intereses, estrategias y equilibrios de poder. Allí, cada actor juega su papel en un sistema donde incluso la oposición puede volverse funcional al poder que dice combatir, pues ello también representa su equilibrio. Basta con traer los episodios de Capriles, Guaidó y Leopoldo López para argumentar tal idea.
Comprender esto no es cinismo, no es amargura, no es odio, como algunos tratan de escupir, es lucidez, simple LUCIDEZ, porque de lo que se trata es de entender —y no olvidar— que el poder, para sostenerse, 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐚𝐥𝐢𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐚𝐠𝐨𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬. Por eso, insistir en ver el mundo político como una lucha entre santos (los que están con mi líder) y demonios(los que critican a mi líder), o entre felices y amargados, no solo es ingenuo: es peligroso. MUY PELIGROSO.
El verdadero ciudadano libre no milita en torno a personas, lea bien esto: 𝐄𝐥 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚��𝐞𝐫𝐨 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝𝐚𝐧𝐨 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐞 𝐧𝐨 𝐦𝐢𝐥𝐢𝐭𝐚 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐫𝐧𝐨 𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐬 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐫𝐧𝐨 𝐚 𝐢𝐝𝐞𝐚𝐬 𝐲 𝐩𝐫𝐢𝐧𝐜𝐢𝐩𝐢��𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚𝐧 𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐢𝐠𝐧𝐚 𝐲 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝.
Cuando la identidad política se funde con la figura de un líder, no solo la democracia se debilita, sino —y más importante que eso— el pensamiento se anula.
Ser crítico no es ser enemigo; es ejercer la única libertad que el poder teme: la libertad de pensar. No hay nada más funcional al autoritarismo, sea rojo o azul, que un pueblo emocionalmente cautivo. Por eso, el desafío no está en elegir entre bandos, sino en recuperar el sentido de lo político como espacio de discernimiento, no de adoración.
La política no necesita creyentes, necesita ciudadanos conscientes. Si el futuro vuelve a construirse sobre la base de la obediencia y la devoción, entonces habremos cambiado de amo, no de destino.
La #paz es desarmada y desarmante. No es disuasión, sino fraternidad; no es ultimátum, sino diálogo. No llegará como fruto de victorias sobre el enemigo, sino como el resultado de sembrar justicia e intrépido perdón.