Señor, no soy una dama de compañía. Soy una mujer, soy licenciada, soy empresaria, soy esposa y soy madre.
No le permito que me hable así a mí, ni a ninguna otra mujer. No somos accesorios, ni objetos, ni puede faltarnos al respeto, y menos de esa forma tan vulgar.
Me molesta que digan que las personas no cambian, yo tuve actitudes feas en el pasado que ya no pienso repetir, crecí, maduré y hoy veo las cosas de otra forma. Sí, tal vez me equivoqué muchas veces, pero intento mejorar día a día. Quien no cambia es porque no quiere.