Qué tristeza e impotencia provoca enterarse del asesinato del presidente municipal de Uruapan. Un hombre que luchaba día a día por el bienestar de su gente, que buscaba un mejor futuro para su municipio, hoy ya no está por culpa de la delincuencia que sigue avanzando sin freno.
Ya estamos cansados, hartos de un gobierno que promete seguridad pero no actúa, que permite que la violencia se lleve a quienes realmente quieren hacer las cosas bien. No es justo que los buenos paguen con su vida mientras los responsables siguen libres.