A veces, la mayor muestra de honestidad contigo misma es reconocer cuándo eres tú quién está siendo el problema. Sin drama, sin excusas y sin buscar culpables: simplemente verlo, asumirlo y tener el valor de cambiarlo.
Hay vínculos que llegan, nos acompañan, dejan aprendizajes y cumplen un propósito. No todos están destinados a quedarse. Recordar con cariño no significa querer regresar. Soltar no borra lo vivido; también es una forma de honrarlo y seguir construyendo nuestra historia.
Hice todo el ruido que pude: hablé, grité, expliqué, pedí, insistí.
Me despedí mil veces y esperé a que todo mejorara. De verdad no quería irme, pero cuando mi mente y mi cuerpo dijeron basta, entendí que ya no podía quedarme más.