No puedes pasar página de tu familia. —farfulla, la protesta ceñuda interrumpiendo al propio Haneul. Por muchos errores que hubiesen cometido, seguían siendo ellos. La desastrosa e inherente familia Kim—. Hablaré con los demás.
Papá y mamá nos jodieron la vida, no tú. —exige algo afónico, balanceándose sobre los talones. No puede tocarle. Ni siquiera hace el amago, porque ya no se acuerda de la sensación. El impulso previo, la calidez de un abrazo suyo.
Yo te perdono. —jura, la promesa desbocándose sin filtro. Es difícil saber qué parte hay de verdad y cuál de mentira, porque Iseul no está bien. Nadie se daba cuenta, pero había perdido el control de nuevo—. Y ellos también. Te necesitamos.
¿Por qué no quieres volver a vernos? —a pesar de que se contradiga una y otra vez a sí mismo, es incapaz de verle sentido. Son una familia. Las familias no separaban sin más, y menos la suya.
¡No te odian! Nadie te odia. Yo no te odio. —jura entre dientes, rebuscando en todos los argumentos posibles como si no le conociese y no supiese quién era Haneul. La manera en la que se aferraba al pasado, al mismo tiempo que huía de él—. Y tú no nos odias a nosotros. >