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"Bueno, ¿esa es un poco la idea? Jolín, ya sabes", flexiona el brazo que el propio Argenti ha tocado antes, y ladea la cabeza para mirarle por debajo de la visera de su sombrero. "Robot y todo eso. Este cuerpo de metal no es de los que se oxida fácilmente, Argenti".
A veces Argenti le da un poquito de envidia. Ojalá tener tanta confianza en algo ajeno a sí mismo y a sus propias circunstancias. Y a sus compañeros, cuando el tiempo toca.
Las palabras ajenas le hacen reír y agitar la cabeza, divertido. Siempre tan galante, no para el tío. +
+ ojos robóticos hay un brillito de diversión infantil.
"Si no te atreves a investigar por tu cuenta, es bueno que haya llegado, ¿no crees?", comenta con ánimo. "Por algo somos compañeros", ya han investigado y resuelto problemas juntos, después de todo.
"La reina del canto definitivamente se merece unas vacaciones, después de toda la movida en Coloniapenal".
Se frota la nariz con el dorso de un dedo y después se lleva las manos a la cintura, inclinándose un poco en dirección a Robin y esbozando una nueva sonrisa. En sus +
"Yeahh... he aprendido que, diantres, el transporte por arrastre de mano no es mi método de viaje favorito".
Arruga la nariz de manera graciosa, suavizando después el gesto y la sonrisa al mirar a Robin.
"¡No he tenido mucho tiempo! Pero no ta' mal. Ya me conozco el ir en +
"Hah".
Reconocería ese cabello rojizo en cualquier parte. Boothill deja escapar una risilla divertida y, cuando Argenti se acerca lo suficiente, choca con suavidad sus nudillos de acero contra la hombrera del caballero.
"Parece que volvemos a cruzar caminos. ¿Tu diosa habrá +
Vaya, que no esperaba encontrarse con caras conocidas tan pronto.
"¡Vaya, vaya! ¡Pero si es la reina del canto en persona!", exclama risueño, mostrando los dientes afilados en una animada sonrisa dedica a Robin.
Está silbando una especie de melodía que sólo le suena a él mientras gira su revolver en una de sus manos. Se detiene en la puerta y se levanta la visera del sombrero de cowboy con la punta de la pistola.
"Yee-haw".
+ la mirada de cachorrito es muy efectiva con él. Que se calle. “Y encima enfadé a un par de petardos. Yo estaba todavía más cabreado, así que... bueno, quizá me pasé escalando las cosas. Pero se lo merecían. Por hacerme perder el tiempo”, bufa.
Y la reacción de Argenti le saca a Boothill un ruidito de sorpresa. Alza los brazos en un gesto casi reflejo, y con eso deja su cintura libre para ser explorada sin nada que interfiera. Qué cosas.
“U-uhm. ¿Gracias? Tampoco es pa' tanto...”, Argenti es siempre tan sincero y +
Bueno, no es que justamente le quiera ver con otro estilo de ropa, porque Argenti puede tener de todo en el armario menos unos pantalones estilo cowboy. Pero de que le quedan bien, le quedan. Le ha sacado hasta un ruidito de sorpresa al verle.
— Oh–. Por la señora Idrila, +
+ sorpresas, huh.
“¿Qué te voy a contar? Fue un callejón sin salida, una pista inútil. Encontré una reverenda— miércoles”, chasquea la lengua, sentándose y echándose el cabello hacia atrás para dejar su cara al descubierto. Sí, hasta el ojo que suele mantener oculto. Y sí, +
+ Argenti. El contrario es un poquito más alto que él, pero aún así su ropa le sienta bien. Descubrimientos que uno hace.
Sale del baño así: con la toalla todavía en la cabeza, el pecho metálico al aire y los pantalones puestos.
“Uegh. Es más cómodo caminar con ropa seca”.
Hay algo en esa sonrisa cálida de siempre que hace que Boothill se relaje de pronto. Ah. ¿Quizá era por eso por lo que había ido buscándole? Porque Argenti es cálido y acogedor, en contraste a la lluvia fría y desagradable.
... qué hace pensando estas cosas. A lo mejor se ha +
Tiene todos los pantalones del mundo si se trata de Boothill. Sólo cuando tiene la certeza de que se dejará ayudar es que baja también la guardia, pasando de la severidad en el rostro a una sonrisa de las suyas.
— Por supuesto, querido. Venga conmigo, le elegiré el que mejor +
+ de tomar los pantalones y caminar hasta el baño. Todo por respeto al contrario, que tampoco quiere ponerle incómodo. Bastante que le está invadiendo la casa.
Deja su ropa húmeda y manchada de barro dentro del lavamanos para limpiarla más tarde y se pone los pantalones de +