La felicidad es subestimada. La pintan como éxtasis, pero casi siempre es calma. Es la ausencia de problemas urgentes. Es un domingo por la tarde sin nada que resolver.
Hay un peligro implícito en ese discurso de que todo vínculo debe ser recíproco. Porque hay quienes jamás van a poder devolvernos lo que les dimos. Quizás por eso hay tan poca solidaridad y empatía. Aunque me cueste, me quedo con que la medida del amor es amar sin medida.