El mismo país que blanquea affaires de la élite convierte a un trabajador rescatado con vida en circo mediático. No es curiosidad, es clasismo: al pobre se le juzga la cama, al rico se le cubre. Chile ordinario, Chile clasista.
Este caso retrata el nivel de corrupción que existe dentro de una institución de carabineros: un carabinero prefirió entregarse a la justicia y enfrentar la cárcel, aun siendo inocente, porque denunciar la corrupción interna significaba poner en riesgo su propia vida.
Subir el impuesto a los combustibles es un golpe letal para los emprendedores, para el comercio, para los alimentos y en definitiva, para esforzada clase media. Este gobierno es bruto, ciego y sordo frente a la realidad que viven los chilenos. Salgan a la calle, despierten!