@lafm El que pilotea un avión, tiene que ser piloto, el que hace Stent tiene que ser hemodinamista, el Urologo a lo suyo,.. como así que una junta diversa??...ninguno ingeniero de petróleos o afines en la junta de ecopetrol??? Vea usted
Este video debería tener un millón de RT: Cayetana demolió en solo 2 minutos el verso del lenguaje inclusivo y el populismo. Subí el volumen y que exploten las redes. 🔥👏🏻
Extraordinaria intervención de @hernancadavidma explicando la persecución judicial contra el presidente @AlvaroUribeVel
Extrema izquierda con complicidad de sectores de la “justicia” y de ONG, persiguen a quienes con valor los han enfrentado y derrotado.
Silencio por favor
Paloma Valencia lo ha dicho todo no hay más nada que decir
Gracias Senadora
Y con educación, sin necesidad de gritar se merece más atención
Hoy el Presidente @petrogustavo es preso de sus adicciones, de su ego y de quienes les vendió el alma con tal de garantizar un proceso de paz que, ni en 3 meses o en 30 años, va a llegar.
Por eso en el Control Político realizado desde la Comisión de Derecho Humanos al Comisionado de Paz, Danilo Rueda; le he pedido que renuncie a su cargo, después de los desastrosos resultados del proceso de paz que hoy lidera.
El odio de Petro hacia Antioquia: nos arrebata los recursos para terminar las vías 4G. Eso significa bloquearnos el progreso. Abandona a Savia Salud y con eso deja en el limbo a cerca de 2 millones de usuarios de esa EPS. Mete las manos en Comfenalco Antioquia, porque no soporta que a las cajas de compensación de Antioquia les vaya bien y entreguen bienestar a sus trabajadores y familias. Y como si fuera poco ahora nombró amigos suyos y de Quintero en la junta del Metro de Medellín. Muy grave.
Antioquia no merece el odio y desprecio de Petro.
Procrastinar "es el mayor desperdicio de la vida",
Escribió Séneca. "Nos arrebata cada día... y nos niega el presente prometiéndonos el futuro."
¿Quieres dejar de malgastar tu vida?
Aquí tienes 8 tácticas estoicas para vencer la procrastinación:
1ra. escena: El Banco de la República sube las tasas de interés para controlar la inflación.
2da. escena: Petro ataca al BanRep por subir las tasas de interés (Se repite varias veces)
3ra. escena: Baja la inflación
4ta. escena: Petro dice que gracias a él bajó la inflación.
¿Cómo pasó Venezuela de ser la 5ta economía del mundo a la más miserable?: La hemorragia del socialismo a Venezuela llegó mucho antes que Chávez
Mucho se habla por estos días de la “siembra del comandante” para referirse a todo el desastre, la miseria y el hambre que ha ocasionado el chavismo en Venezuela, pero muy poco se habla de la siembra de AD y COPEI en el país, cuya cosecha fue precisamente el chavismo.
De los legados más catastróficos que nos dejó la era democrática en Venezuela, más allá de las nocivas políticas económicas que contaminaron por completo las relaciones comerciales en el país, fue la estructuración social y mental de los ciudadanos en torno a un Estado sobreprotector, que a su vez posicionó al socialismo y las dádivas estatales como la “única vía” para el progreso. A partir de allí se da inicio a la formación de élites corporativistas alrededor del Estado que propiciaron el facilismo en el país y la limitación de un verdadero apalancamiento social; la meritocracia desapareció y la forma de enriquecerse en Venezuela era ser amigo del poder, esto trastocó por completo el sistema de incentivos económicos, ya no se buscaba la eficiencia, se buscaba era tener los “amigos adecuados” para recibir los favores y contratos estatales que permitieran acumular riqueza a esa pequeña élite.
Gracias a esto y a que AD, Copei y URD excluyeron del Pacto de Puntofijo al Partido Comunista de Venezuela, se crea esta falsa ilusión que ha dominado el mundo en el último siglo, donde se plantea todo cambio social dirigido a estatizar la economía, como una lucha entre derecha e izquierda, cuando lo cierto es que, lo que ha habido siempre en Venezuela y la mayor parte de América Latina, es una lucha entre izquierdas más o menos radicales, entorpeciendo la comprensión de nociones ideológicas y creando ese mito absurdo que establecía que la economía de mercado y el capitalismo fracasaron en Venezuela, cuando lo cierto es que, “la economía de mercado nunca ha sido ensayada en el país”, tal como lo afirmara el gran intelectual que fue Carlos Rangel, y al que los venezolanos hechizados por élites políticas populistas no escucharon.
A partir de aquí nace, no solo el resentimiento que daría pie al discurso del chavismo, sino también las confusiones ideológicas que hoy en día gobierna el país; no en vano, en la actualidad, una gran parte de la población considera que la llegada del chavismo se originó debido al fracaso de las políticas derecha, y precisamente no por la falta de las mismas.
El socialismo democrático practicado por AD y Copei derrochó durante 40 años las riquezas del petróleo, centralizó la economía entorno a ese recurso, descuidó por completo el resto de áreas de producción, y por si fuera poco, instauró en las mentes de los venezolanos, la tóxica premisa de que el Estado se hará cargo de todo y que el empresario es un vil ladrón. El descalabro de valores, principios, nociones de trabajo y la corrupción fue obra y gracia de AD y Copei, el chavismo lo que hizo fue profundizar la tragedia y radicalizar el socialismo que heredaron de sus padres adecos y copeyanos.
La economía venezolana antes de la democracia
Venezuela llegó a ser el país más rico de América Latina y estar entre las cinco economías más fuertes del planeta tierra, si bien la era de hegemonía tachirense había producido un nivel bajo de libertades civiles, en materia económica el balance era positivo.
A un par de años de haber culminado la Segunda Guerra Mundial, el país latinoamericano era cuatro veces más rico que Japón y doce veces más rico que China.
Muchos alegan que la dictadura de Pérez Jiménez fue el período histórico más exitoso en Venezuela en el apartado económico, pues claro está que, en cuanto a derechos civiles, humanos y políticos, la gestión dictatorial fue una tragedia. Pero más allá de ello, los números que dejó la jefatura de Pérez Jiménez en el apartado económico son irrefutables.
En América Latina había iniciado una ola de intervencionismo estatal a partir de la década de 1930, en ese entonces se comenzó a aplicar la política de Industrialización por sustitución de importaciones (ISI), esto, aunque pueda sonar muy bien en el papel, trajo considerables problemas debido a la falta de preparación de los ciudadanos locales en temas industriales.
Venezuela no fue la excepción, el petróleo ya era una de las principales industrias en el país, pero era en su mayoría manejada por empresas transnacionales, esto fue generando al Estado vía tributación ingresos para el financiamiento de obras públicas, permitió ensanchar sus nóminas, pero respetando siempre el funcionamiento de la empresa privada y alentando la inversión extranjera, por lo que en el año 1955 la producción de petróleo en Venezuela superó los dos millones de barriles diarios (65 años después en Venezuela, se producen tan solo 700.000 barriles diarios); en ese sentido el gobierno de Pérez Jiménez logró mantener un gran equilibrio macroeconómico que se vio reflejado con un sostenido crecimiento, el Producto Interno Bruto (PIB) creció a un ritmo promedio del 9,4 % anual durante su gestión y la inflación fue tan solo del 0,7 % en ese mismo espacio de tiempo.
Más allá de las grandes obras construidas bajo su gestión, como la autopista regional del centro, avenida Los Próceres, los tramos de la autopista Caracas — La Guaira, diversas carreteras en la geografía nacional, el Hospital general de Maracaibo y San Cristóbal, el hospital de los Niños en Caracas, La Planta Siderúrgica del Orinoco, El Centro Simón Bolívar y las Torres del Silencio, la Ciudad Universitaria de Caracas, entre otras, lo más destacado que legó Pérez Jiménez fue una economía en crecimiento, con el añadido de un valor de trabajo, responsabilidad ciudadana, competitividad y desarrollo sostenido; obra ideológica que sería destruida por completo en los amaneceres de la democracia venezolana.
Los crímenes de Pérez Jiménez y falta de valores democráticos no están en tela de juicio, pero sus sucesores lejos de potenciar lo malo y tomar lo bueno, hicieron todo lo contrario, destruyeron la estructura económica que tan bien funcionaba en Venezuela (una tasa de crecimiento anual de casi el 10 % es impensado en casi cualquier país en la actualidad), y constituyeron una democracia imperfecta basada no en el desarrollo y progreso de una sociedad, sino en la acumulación de riquezas y el proteccionismo de una clase gobernante, sostenida con una lamentable repartición de miserias para los ciudadanos.
La burbuja económica de las élites y el conflicto árabe que cambiaría la historia de Venezuela
Hay una diferencia fundamental entre la época democrática venezolana y el chavismo, y esta resulta en que la primera premió a élites empresariales construyendo todo un sistema proteccionista y socialista, donde los ciudadanos debían adquirir sus bienes de consumo de estas élites cercanas al gobierno o empresas estatales, no por eficiencia, no porque sus productos fueran los mejores, sino porque era lo que había, y porque se establecían aranceles a la importación en ocasiones de más del 100 % para así privilegiar el consumo interno. Si en la era democrática se enriqueció una pequeña élite de familias, en su mayoría de la capital, con el chavismo quienes se enriquecieron fueron los militares, en ese sentido, el chavismo no cambió las condiciones de estructuración económica, lo que hizo fue cambiar a los protagonistas.
En el pasado se decía que empresarios como Gustavo Cisneros era quienes elegían a los presidentes; pues ahora la ecuación se ha modificado, al brindarle a los militares el manejo de los medios de producción, se convierten ellos en el principal poder económico, a la vez que poseen el monopolio de las armas, esto blinda por completo cualquier intento de derribar a la tiranía chavista con un golpe militar, pues el chavismo es en sí los militares.
En ese sentido, la diferencia es casi estética, en el pasado los ricos eran los empresarios hijos de las familias acomodadas de Caracas y algunas del interior, quienes negociaban con el Estado y generaban su fortuna; en la actualidad, los ricos son los militares del chavismo, que sin duda alguna son mucho más ineficientes y corruptos que los empresarios del pasado, pero esto no deja de ser un simple cambio de actores, y no un cambio de estructuración y dinámicas económicas.
Incluso, se debe profundizar mucho más, pues en la actualidad se ha difundido el mito que en el pasado Venezuela era un país ejemplar, de oportunidades, una economía sólida, fortificada, toda una potencia, y esto es relativamente falso; sí se creó una clase media pudiente, pero seguía habiendo mucha pobreza, no había democratización del capital, y los recursos del Estado nunca alcanzaron para todos (porque un Estado benefactor nunca podrá sustituir la fuerza laboral y productividad de toda una nación); yo mismo fui víctima de este engaño la mayor parte de mi vida, mi odio hacia el chavismo no me dejó ver nunca las deficiencias que se arrastraban desde el pasado, y esto se dificultó mucho más por el hecho de que yo vengo de una familia en la que, si bien no éramos ricos, gocé siempre de una muy buena calidad de vida.
En Venezuela lo que hubo fue un espejismo de abundancia y solidez que se creó a partir del enorme gasto público del Estado que generaron los ingresos del petróleo, ya en el año 1962 la producción petrolera en el país superó los tres millones de barriles diarios (en este entonces la explotación era en su mayoría privada y los ingresos al Estado eran vía impuestos), esto se potenció más adelante cuando se presentó el aumento sin precedentes de los precios del crudo, cuyo barril pasó de costar 2 dólares de aquel entonces, a 14 dólares. Esto ocurrió en el primer periodo presidencial de Carlos Andrés Pérez, donde el país recibió el nombre de “Venezuela Saudí” gracias al excedente de ingresos que propició la guerra de Yom Kipur.
Fue Carlos Andrés Pérez, más allá de los Rómulo Betancourt, Raúl Leoni o Rafael Caldera, el padre de este mega Estado regalón, burócrata e ineficiente, y el creador del pensamiento parasitario que arrastraría a Venezuela décadas después a la miseria y le cortaría la cabeza a su propio padre.
Para comprender esto mejor hay que volver al pasado y evaluar los indicadores económicos de las décadas anteriores, desde el año 1951, cuando Pérez Jiménez toma el poder, se creó una estructuración económica sólida que perduraría durante los primeros años de la democracia; hasta el año 1973 los precios del petróleo se mantuvieron estables, esto permitió al margen de que cada vez se fue agrandando el tamaño y las atribuciones del Estado, un ejercicio fiscal responsable y un gasto público equilibrado. Durante estas dos décadas Venezuela presentó una de las inflaciones más bajas del mundo, la interanual promedio fue de 1,6 % con una tasa de crecimiento del PIB de 5,7 %, que fue acompañada por un tipo de cambio fijo.
Hasta ese año, 1973, hubo un manejo, no ideal, pero sí parcialmente correcto de los recursos que ingresaban a la nación, y a pesar de las evidentes posturas socialdemócratas o socialcristanas de los partidos que manejaban la política nacional, el Estado benefactor y estatista todavía no se había desarrollado en su máxima expresión; había un proteccionismo notable en diferentes áreas económicas, pero el contexto en general era positivo.
Esto se mantuvo así hasta el conflicto anteriormente mencionado, el de Yom Kipur, una guerra entre una coalición de países árabes contra Israel, que curiosamente cambiaría para siempre el destino de Venezuela.
El desarrollo del conflicto en el que se ven inmiscuidos varios países exportadores de petróleo, no solo aumentaría los precios del crudo, sino que además convertiría a Venezuela en uno de los principales aliados comerciales de Estados Unidos. Esto ocurrió debido a que los norteamericanos siempre han sido socios estratégicos de Israel, por ende, los países árabes deciden dejar de exportar petróleo a la primera potencia mundial, y Venezuela, además de tomar ese gran mercado, lo hace en una época de conflictos con precios exorbitantes. Esta situación que vista en el corto plazo podría significar un escenario inmejorable para cualquier país, representó el inicio del cáncer ideológico que más adelante transmutaría hasta llegar al chavismo.
El nacimiento del cáncer ideológico que arruinaría el país
El conflicto que se desarrollaba en la otra mitad del mundo abrió las agallas de Carlos Andrés Pérez, al observar los grandes ingresos por vía del petróleo empezó a tomar forma la idea de nacionalizar por completo el subsuelo venezolano.
En el año 1974 la abundancia de recursos producidos por el petróleo comenzó a formar un Estado con esteroides, que poco a poco iría desplazando al sector privado. A través de sus instituciones el Estado otorga créditos subsidiados, estímulos a la inversión doméstica, y se decreta el aumento arancelario a las importaciones, junto a la prohibición en otros rubros para proteger a las empresas locales, a su vez que invierte en empresas públicas para producir insumos industriales. Fue tanto así, que incluso CAP condonó la deuda de todos los ganaderos del país, en lo que llamaron el “borrón y cuenta nueva”.
En un principio hubo intención de ahorrar el excedente de ingresos, incluso se creó el Fondo de Inversiones de Venezuela, pero esto sería simplemente anecdótico. Carlos Andrés Pérez emprendió una serie de reformas y proyectos que incluyeron nacionalizaciones estratégicas en la industria petrolera, en el campo del hierro y aluminio.
Esto fue progresando hasta que el presidente finalmente decreta la nacionalización absoluta del petróleo venezolano, el 1 de enero de 1976, la cuál sería a largo plazo la peor decisión económica tomada en la historia de Venezuela. A partir de esta nacionalización CAP siente que tiene dinero para financiar todo lo que su cerebro puede soñar, el gasto público se multiplica de una forma abismal (presentó un incremento del 96,9 % en términos reales entre 1973 y 1978), y entonces tarde o temprano termina ocurriendo lo lógico: los precios del petróleo caen, los grandes proyectos iniciados empujados por el excedente de ingresos no pueden continuar siendo financiados, todo se paraliza, y para continuar, el Estado debe endeudarse hasta más no poder, generando a largo plazo un efecto dominó que termina destruyendo la economía nacional.
Durante ese período el endeudamiento del Estado pasó de representar el 8,4 % del PIB en 1973, al 23,7 % tan solo cinco años después.
Lo que Pérez hizo no fue muy diferente a lo que hace una persona de poca o nula preparación intelectual y financiera al ganarse la lotería, cobran el dinero y empiezan a gastarlo sin pensar en el mañana, no se generan inversiones a largo plazo, por el contrario, todo el dinero se derrocha con escasos o nulos controles, muchas veces en suntuosidades o elementos innecesarios, hasta que poco a poco comienza a acabarse; sin embargo ya se han creado ciertas expectativas de vida elevadas y hábitos de consumo en quienes dependen del ganador de la lotería, entonces, a pesar de que el dinero se agota, el gasto no para, y si es necesario endeudarse para continuar gastando, se hará, hasta que en definitiva llegue la quiebra.
No en vano cuando llega Luis Herrera Campíns al poder pronuncia la frase “recibo un país hipotecado”, lo cual visto desde una perspectiva objetiva es un completo despropósito, puesto que Carlos Andrés Pérez manejó una cantidad de recursos casi ilimitados, y los dilapidó de forma populista, mediocre, centralizando toda la actividad económica en manos del Estado y el petróleo, y sin establecer ni impulsar estructuras para diversificar la economía; exactamente el mismo guion que repetiría Hugo Chávez unas décadas más adelante, con un barril de petróleo por encima de los 100 dólares.
Campíns llegó al poder en el inicio de una era de choque, se toparía con una de las más grandes recesiones experimentadas en el país, sin embargo, al igual que Pérez, en su primer año corrió con “un golpe de suerte”, una vez más el Medio Oriente definiría las políticas económicas de Venezuela, pues esta vez la revolución iraní liderada por Ruhollah Jomeini acababa de derrocar al Shah Mohammad Reza Pahlavi, lo que produjo un nuevo incremento en los precios del petróleo.
Este impulso inicial definió las políticas económicas del nuevo gobierno, por lo que lejos de intentar modificar la estructura legada por CAP, o de rehacer los errores de su antecesor, Campíns lo que hizo fue pronunciarlos y mantener el enorme gasto público.
Cuando una vez más el dinero del petróleo dejó de ser suficiente, se inició la impresión monetaria descontrolada para financiar el gasto, esto derivó en una inflación por encima del 20 % en su primer año de gobierno, y el incumplimiento de los programas sociales comprometidos por el Estado. Con el paso de los años esta estructura se mantuvo, y el Estado debía continuar endeudándose para poder continuar subsidiando la “calidad de vida” de los venezolanos, que cada vez era más paupérrima.
En el año 1981 el índice de pobreza total en Venezuela se ubicaba en 17 %.
En el año 1982 la deuda pública llegó a ser el 28,6 % del PIB, esto, junto a la nueva caída de los precios del petróleo (las exportaciones petroleras de 19.300 millones de dólares en 1981, pasaron a 13.500 millones en 1983, una caída del 30 %) produjo una crisis en la balanza de pagos de la nación, lo que posteriormente desencadenaría el famoso “Viernes Negro”, aquel 18 de febrero en el que el presidente copeyano devaluó la moneda venezolana y estableció un control cambiario llamado “RECADI”; la misma fórmula que emplearía años después Hugo Chávez con “CADIVI”, propiciando el mismo resultado en ambos casos: estancamiento económico y mucha corrupción.
Todos estos antojos y manipulaciones al sistema económico venezolano generó una enorme crisis en el tejido social y político, los partidos y sus allegados estaban más interesados en apropiarse y negociar con los ingresos del petróleo, que en formar una estructura económica de mercado autosustentable que pudiese sacar adelante al país. En pocas palabras, el ecosistema político se atrofió, los ingresos generados por el petróleo convirtieron al Estado venezolano en un ente restrictivo, controlador de precios, administrador de divisas, dueño del principal medio de producción, quién a su vez para continuar extrayendo su cuota sin inconvenientes, repartía una porción mínima de las rentas petroleras en dádivas a la población más necesitada.
Pueden seguir leyendo sobre la historia de Venezuela en mi libro "La reinvención ideológica de América Latina": https://t.co/ScDcVdygiZ
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¿Cómo pasó Argentina de ser el país más rico del mundo a la segunda economía más miserable?
A finales del siglo XIX Argentina era el país más rico del mundo, sí, no se trataba de que era una economía grande para la región, era, con todas las letras, el país más poderoso en términos económicos del planeta, por encima de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y las potencias habituales. Durante ese tiempo en la capital argentina, se construyeron todo tipo de monumentos y edificios que hoy siguen adornando la que es para mí, por mucho, la ciudad más hermosa y con la arquitectura más fascinante de América Latina, a pesar de que el socialismo implementado desde hace un par de décadas ya ha comenzado a deteriorar el paisaje visual de Buenos Aires.
Para el año 1895, Argentina tenía un PIB per capita de 5.786 dólares, seguido por Estados Unidos y Bélgica en tercer lugar.
Pero, ¿qué pasó? ¿Cómo pasó la economía argentina de ser la más rica a ser en la actualidad la segunda más miserable del mundo (según datos aportados por Bloomberg), solo por detrás de Venezuela? La respuesta es sencilla: un proteccionismo exacerbado, acompañado de una buena dosis de gasto público, estatización y en definitiva: socialismo.
En aquella época, la Argentina tenía una de las economías más liberales del planeta, aquello propició que los argentinos comenzaran a trabajar en el campo, y a exportar materia prima a Gran Bretaña, quien fue durante muchos años su principal socio comercial. El presidente Julio Argentino Roca fue quizás el mayor artífice del crecimiento económico argentino, en su primer mandato se produjo una expansión de la tierra, el trabajo y el capital, debido a la inmigración que fue muy bien aprovechada, con el otorgamiento de tierras disponibles. En aquel entones la lana de oveja era uno de los principales productos de exportación, y poco a poco la carne argentina fue ganando espacio y una enorme reputación en los mercados internacionales.
Bajo el mandato de Roca se produjo la llamada Conquista del desierto, que anexó al control argentino millones de hectáreas, que posteriormente serían aprovechadas para fortalecer e incrementar la producción y por ende, la economía argentina; durante ese período en la economía de la Pampa, se pasó de cultivar en unos 2 millones de hectáreas, a más de 20 millones; la producción de carne y granos, también aumentaron exponencialmente, y de a poco, Argentina, vendiendo al exterior sus productos, se convirtió en el pa��s más rico del planeta; tal era así, que para ese entonces, el PIB per cápita argentino era tres veces superior al del resto de países de una región subdesarrollada.
Luego de unos años con algunos reveses económicos bajo la administración del sucesor de Roca, Miguel Juárez, quién cayó en el vicio del enorme gasto público, el exmandatario de apellido “Argentino” volvió a la presidencia tras protestas por la afectación de la economía, entonces se volvió a encaminar el rumbo.
Mediante privatizaciones, exportaciones, e incentivos a la producción y el agro, la economía argentina volvió a ponerse sobre ruedas, llegando a ser un par de años el país más rico del mundo. Empezó entonces el proceso de industrialización de la nación, en el año 1914 ya la industrialización representaba el 16 % del PIB.
Argentina fue además un ejemplo exitoso de inclusión migrante: italianos, judíos, portugueses, alemanes, españoles, y guaraníes conformaron el más grueso grupo inmigrante; varios de estos llegaron con capital para invertir, lo que repercutió de manera favorable en el país. Entre la década de 1870 y 1920, más del 70 % de la inversión extranjera en la región, llegó a Argentina.
Sin embargo, la primera guerra mundial y la gran depresión norteamericana, afectaron la economía argentina al perder sus principales socios comerciales capacidad de pago.
El 1 de mayo de 1933 se firma el tratado Pacto—Roca—Runciman que establecía que el Reino Unido se comprometía a continuar comprando carnes argentinas siempre que su precio fuera menor al de los demás proveedores mundiales. Como contraparte, Argentina aceptó la liberación de impuestos para productos británicos al mismo tiempo que tomó el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales; esto hizo que llegada la segunda guerra mundial, Argentina alcanzara un excedente comercial de 1,7 mil millones de dólares acumulados; y entonces llegó el sujeto que cambiaría para siempre la historia de Argentina: Juan Domingo Perón.
A finales de la década de los 30, justo a un par de meses de dar inicio la Segunda Guerra Mundial un suceso cambiaría la historia de la Argentina para siempre: un desconocido teniente coronel de apellido Perón, serían enviado a la Italia fascista para capacitarse en áreas de economía y otras disciplinas militares; durante el par de años que Juan Domingo estuvo en Italia además de estudiar el modelo político fascista, también fue asignado brevemente a la embajada en Roma; en el interín el teniente coronel aprovechó para acudir en un par de ocasiones a congregaciones y discursos públicos de Benito Mussolini en Piazza Venecia.
De hecho, en una carta enviada por Perón a su cuñada durante su estancia en Italia escribe: ���Este gran hombre que es Mussolini sabe lo que quiere y conoce bien el camino para llegar a ese objetivo”.
Al regresar a su país natal, el teniente coronel Perón se hinchó de popularidad al ejercer como Secretario de Trabajo y Previsión, haciendo nexos con los sindicatos de trabajadores socialistas y comunistas del país, consiguiendo negociaciones que “favorecían” a los empleados, la popularidad de Perón fue creciendo hasta llegar a convertirse en vicepresidente, y luego ser electo presidente de la Argentina.
Durante la primera etapa peronista, su gobierno se caracterizó por mantener un exacerbado gasto público que justificaba con “redistribuir el ingreso hacia los más pobres”, y empezar a intervenir con fuerza en la economía.
Juan Domingo Perón empezó a imponer fuertes aranceles a la economía, de hecho, los cuatro principios fundamentales de su discurso fueron: “mercado interno”, “nacionalismo económico”, “rol preponderante del Estado”, y “papel central de la industria”.
Con base en estos principios el presidente argentino procedió a nacionalizar el Banco Central de Argentina en 1946, también fueron estatizadas todas las líneas férreas del país entre 1946 y 1948, que antes pertenecían a empresas británicas y francesas.
Empezó a construir un discurso populista de índole nacional socialista, inspirado en los tiempos que vivió de cerca el fascismo de Mussolini en Italia, y el nazismo alemán de Hitler; de hecho, Argentina durante la era Perón fue acusada de recibir y hacer negocios con los nazis. En ese sentido, la tercera vía que promulgaba Perón, no era otra cosa que un calco del fascismo socialista autárquico ideado por Giovanni Gentile.
Estos “principios económicos”, dieron origen a lo que se conocería más adelante como las “20 verdades peronistas”, que se convirtieron en mandamientos bíblicos para gran parte de los argentinos.
Algunas de las “verdades” más preponderantes en su gobierno eran las siguientes:
— Ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.
— Para un peronista de bien, no puede haber nada mejor que otro peronista
Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos, damos al pueblo un abrazo de justicia y amor.
— Como doctrina económica, el justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social.
— Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre.
Cuando Perón asumió como presidente en el año 1946 había aproximadamente 500.000 trabajadores agremiados; ya en el año 1951 esta cifra había sido elevada a 3 millones.
De esta forma inició la gran debacle económica argentina, los factores domésticos impulsados por Perón: impresión descontrolada de billetes, alto gasto público, inflación excesiva, proteccionismo elevado y un exceso de regulaciones, fueron dañando la competencia empresarial de la nación, pulverizando los márgenes de producción, y derrumbando la bonanza económica, a cambio de una “redistribución de los ingresos”; los argentinos empezaron a empobrecerse, pero tenían al frente a un hombre que les decía que estaba luchando por ellos, algo muy similar a lo que haría años después Hugo Chávez en Venezuela...
Pueden seguir leyendo sobre este tema en mi libro "La reinvención ideológica de América Latina": https://t.co/pViNvUvd5J
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