NO PUEDES DONAR TU MEDIO LITRO. Sobre lo que hace tu cuerpo cuando donas.
Ayer hablábamos de esto. En comentarios, un hematólogo precisó algunos datos. Aquí va la segunda parte.
La curiosidad que más me enamora: por qué 50 kilos.
La norma dice que jamás puedes extraer a una persona más del 13% de su volumen sanguíneo en una sola donación. Es el techo que aguantan los mecanismos de compensación del cuerpo antes de fallar.
Cuando pierdes sangre, el cuerpo se defiende: los vasos se estrechan, el corazón acelera, el líquido de los tejidos pasa a las venas. Una orquesta a contrarreloj que aguanta hasta ese 13%. Pierdes más y se desincroniza: cae la tensión, te mareas, te desmayas.
Haz la cuenta. 70 ml de sangre por kilo de peso. Si pesas 50 kilos son 3.500 ml. El 13% son 455 ml. Casi lo que te sacan en una donación.
Por debajo de 50 kilos el sistema se descompensa antes.
Respecto al número de veces que puedes donar al año, he visto cifras bailando, supongo que depende de cada persona.
Con el plasma cambia el juego. Se regenera en 48 horas, así que puedes donarlo cada 15 días.
¿Y para qué quiere un hospital plasma en vez de sangre entera? Porque la mayoría de pacientes no la necesitan completa.
El cirrótico que va a sangrar en quirófano solo necesita factores de coagulación. El gran quemado, volumen y proteínas. Y luego están las inmunoglobulinas, defensas que se extraen del plasma y salvan a niños sin sistema inmune o a pacientes con Guillain-Barré. Sólo se obtienen del plasma humano.
PD: gracias por los testimonios que estáis compartiendo. Donantes habituales, ocasionales, gente que ha recibido sangre y vive para contarlo. Sois el mejor argumento.
#LaTraumatologaGeek
DONAS MEDIO LITRO DE SANGRE. Esto es lo que tu cuerpo hace después.
Es una pregunta estupenda, me la he hecho durante los años de carrera en los que donaba y luego como traumatóloga.
Te sientas en la silla. Te ponen el torniquete. La aguja entra. Diez minutos después sales con una galleta María en la mano y 450 mililitros menos. En los años buenos, te regalaban hasta una plantita.
Tu cuerpo acaba de perder el 10% de su volumen sanguíneo. Y aunque tú vayas tan tranquilo a por el café, dentro ha empezado una operación a contrarreloj.
Lo primero que el organismo nota es la caída de presión. El plasma (que es básicamente agua con sal y proteínas) ha bajado, y eso se arregla rapidísimo. Bebes, comes algo, y en 24 o 48 horas el depósito está lleno otra vez. Por eso te insisten tanto en beber al salir.
Si tuviste un mareo al terminar de donar, te recuperas en horas.
Pero pasan más cosas, esto va por fases.
También has perdido glóbulos rojos. Y eso no se arregla con un vaso de agua.
Tus riñones detectan que llega menos oxígeno y sueltan una hormona, la eritropoyetina. Viaja como un mensajero hasta la médula ósea con un recado muy claro: “fabrica, pero ya.”
Tu médula, que en condiciones normales produce dos millones de glóbulos rojos por segundo (sí, por segundo), acelera el ritmo.
Pero tiene un problema. Necesita hierro. Y con cada donación se te van entre 200 y 250 miligramos del que tenías. Sin hierro no hay hemoglobina. Y la hemoglobina es el núcleo del glóbulo rojo nuevo.
Por eso tu cuerpo tarda entre 4 y 8 semanas en reponer todo lo que ha perdido. En España no te dejan volver a donar hasta dos meses después.
Por eso los hombres pueden donar cuatro veces al año, y las mujeres, tres. Nosotras siempre vamos más justas de hierro por la menstruación.
Tu cuerpo es generoso. Sólo te pide a cambio: hierro y tiempo.
Y mientras tu médula trabaja en silencio, alguien, en algún sitio, sigue vivo el lunes. ¡Gracias por donar!
#LaTraumatologaGeek
Soy la ruina del que vende gafas naranjas
Te lo confieso. No puedo dejar de leer.
Lo he intentado. He fracasado estrepitosamente.
La única diferencia entre un día laborable y un domingo es que los domingos abro los ojos y lo primero que hago es leer. Pero antes de dormir, sin excepción, siempre leo. Esté reventada, esté de guardia, llueva, truene o se acabe el mundo.
Supongo que soy la ruina del que vende esas gafas naranjas. Ya sabes. Las que te prometen seguir enganchada al móvil sin trastocar los ritmos circadianos. Una solución elegantísima a un problema que se arregla… apagando el móvil. Pero claro, eso no se vende. Las gafas, sí.
Tu cerebro no estaba diseñado para leer. Lo digo en serio. Hablamos como especie desde hace unos 100.000 años. Leemos desde hace apenas 5.000. La lectura es un hackeo cortical: secuestramos un trozo del córtex visual (el que distinguía depredadores en la sabana), lo enchufamos con las áreas del lenguaje y nos inventamos esto. Lo llaman “reciclaje neuronal”.
Por eso cuesta. Cuando lees, ese cerebro tuyo trabaja como un mulo: atención sostenida, memoria de trabajo, simulación mental, empatía. No hay app que iguale eso. No hay scroll que se le acerque.
Miedo me dan las generaciones que ya no aguantan veinte minutos delante de una página sin un estímulo nuevo. Porque ese músculo, si no se entrena, se atrofia.
Mi dopamina está en el final inesperado. En acariciar las páginas que me quedan. En esa tentación, casi siempre vencida, de leerme las dos últimas y arruinarme el libro entero.
#LaTraumatologaGeek
Álex Marquez. Una caída en MotoGP
Un obrero australiano de 1940
Y un costalero sevillano ✝️
Tres mundos distintos. La misma fractura: C7. La llamada clay shoveler’s fracture, descrita en trabajadores que lanzaban arcilla con palas.
La medicina tiene algo fascinante: el cuerpo no entiende de profesiones.
#motogp #medicina #traumatologia #historia #curiosidades
113 vueltas para entrar en la historia… una vez más | 113 vueltas. 757,74 kilómetros. Más de 90 horas en movimiento. Récord de España. Un sólo par de zapatillas, las C1 de Mount to Coast. Oriol Antolí firma en Bélgica la mejor actuación de su vida y deja una imagen que resume su esencia: la de un corredor que, después de 758 kilómetros, se sienta, sonríe… y parece estar pensando en la siguiente vuelta.
https://t.co/syJSL45hsM
🚀¡Qué auténtica barbaridad!
🇰🇪El keniano Sebastian Sawe se ha convertido en primer atleta en bajar de las 2 horas en el maratón estableciendo un récord del mundo estratosférico en Londres (1 hora 59 minutos y 30 segundos)