> información de la mujer en el móvil para ver qué encontraba públicamente de camino al coche.
Para cuando cerró la puerta, había visto más que suficiente; ya haría una comprobación de antecedentes luego, mientras tanto, fue marcando el número de @CLAIRDVLUNE.
Después de dos horas hablando con la secretaría del colegio y replanteándose el haberse quedado en el país en lugar de haberse comprado una isla donde pudiera elegir no contratar incompetentes, finalmente Leelah se dirigió hacia la salida del edificio.
En la entrada, vio un >
> aburrido que probablemente consideraba la trompeta algo digno de escuchar; mujer con experiencia en pianos...
Bueno, la de los pianos sonaba suficientemente creíble. Cogió uno de los papelitos con el número de teléfono y fue empezando a hacer una búsqueda rápida de la >
@stopthvclocks > favoritos de exportación que al escuchar una voz viniendo de su costado levantó la cabeza más rápido de lo que debía, sobresaltada.
— Oh, buenas noches —le sonrió, extendiendo una mano para que le dejase la botella—, a ver, déjeme y reviso.
@stopthvclocks > concentrada en el trabajo, sin embargo, que entre unas cosas y otras se le había hecho de noche y había tenido que dejarlo con sus padres, muy a su pesar.
Así que estaba intentando darse prisa, sin mucho éxito, mirando las botellas con fijeza, en busca de sus tintos >
— Oh, en ese caso seguro que conoce a mi familia, ¡los Jackson! Y espero que me disculpe, llevo tanto tiempo fuera de Red Bay que no conozco a la mayoría.
>
No imposible.
Nunca imposible.
Pero mientras Asher y ella se adaptaban a una nueva vida en aquel 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑛𝑡𝑎𝑑𝑜𝑟 lugar, le tocaría trabajar desde el sótano y aparentar ser una Karen que sólo pensaba en vino, dinero y hombres.
Justo lo que sus padres habían querido.
> que ejecutar su plan de emergencia.
Sus traumas y principios valían mucho menos que la vida de su hijo y, aunque quien la buscaba descubriera su identidad real, que pudieran rastrearla hasta Leelah Jackson, la agente inmobiliaria, era extremadamente complejo. >