No hay que olvidarse nunca de
quien estuvo ahí para calmarte
cuando tenías un ataque de llanto,
de miedo, de angustia, o de enojo.
No hay que olvidarse nunca quien
nos prestó un hombro, un beso, un abrazo. No hay que olvidarse de quien nos refugió cuando más lo necesitábamos.
Mereces a alguien que ame todo lo que llevas dentro, lo que aún duele y lo que ya has sanado, lo que fuiste y lo que eres, lo que lograste y lo que sueñas, lo que has vivido y lo que quieres vivir. Alguien que vea la belleza del viaje que te ha convertido en quien eres hoy.