Estoy harta de fingir que no veo las contradicciones. Harta de aceptar excusas, de buscarle sentido a comportamientos que no lo tienen y de ponerme siempre en el lugar de los demás. No quiero seguir justificando lo injustificable ni sosteniendo vínculos llenos de hipocresía.
La única persona de la que me enamoré y con quien quería pasar el resto de mi vida, se convirtió en mi mayor lección. Así que no, no me interesa saber nada de nadie.
A veces la empatía también necesita descanso. Porque entender a alguien no te obliga a justificarlo, perdonarlo, rescatarlo ni estar disponible todo el tiempo.