tomar distancia de un vínculo significativo es una de las decisiones mas dolorosas que conozco, pero a veces tenemos que ser racionales y dejar de lado lo puramente emocional y priorizar nuestra salud mental.
Como último acto de amor, te dejé en paz para que pudieras ser como siempre quisiste, como siempre fuiste y como siempre serás, pero esta vez sin lastimarme.
El peor tipo de persona no es la que se equivoca y lo admite, sino la que finge tener buen corazón mientras miente, manipula y convierte cada daño que causa en una historia donde parece la víctima.
A veces, sanar no implica grandes respuestas ni procesos complicados. Es algo más sutil, más humano: Volver a lo básico. Respirar sin prisa es un acto de presencia, una forma de decirle al cuerpo que ya no está en peligro, que puede bajar la guardia.
En esa respiración lenta, el pensamiento deja de correr y el corazón encuentra un ritmo más amable. No se trata de olvidar lo vivido, sino de permitir que deje de doler en cada instante. Sanar, entonces, no siempre es avanzar; a veces es detenerse lo suficiente como para habitar el momento sin resistencia.
Y en ese simple gesto de inhalar y exhalar con calma la vida vuelve a sentirse un poco más habitable.
Se que no es fácil quererme, a veces, hasta a mí me cuesta. Se necesita mucho corazón, coraje, paciencia y sobre todo mucho amor. Y no, no cualquiera se queda.