Nuestra generación está tan convencida de que siempre habrá algo mejor, que terminó olvidando cómo cuidar lo que ya tiene. Se nos olvida que los vínculos no se encuentran, se construyen y se cuidan.
La responsabilidad afectiva no es solo evitar herir, es entender que todo lo que haces, lo que dices, lo que callas, cómo actúas deja huella en la mente y el corazón del otro. No se trata de prometer, sino de ser consciente de lo que generas.
Hay personas que hasta solteras siguen siendo exclusivas, fieles a su forma de pensar y amar y no llenando vacíos con cualquiera. Y yo soy una de ellas.
Deja de actuar como si fueras a tener una segunda oportunidad en la vida.
No la tendrás.
Deja de perder a personas y oportunidades.
Deja de creer que el futuro se arreglará por si solo.
Si tú no valoras lo que tienes, la vida te enseñará a valorarlo cuando lo pierdas.
hoy mi abuela me dijo: no tengas miedo de gastar dinero en entradas de conciertos y viajes. Tené miedo de envejecer y darte cuenta de que al único lugar al que fuiste fue al trabajo. Y estoy totalmente de acuerdo.
Madurar es entender que ninguna relación funciona solo con amor, hay que construirla, hay que mejorar individualmente, saber escuchar, dedicar tiempo de calidad, aprender a pedir perdón y a perdonar, y sobre todo, proteger un corazón que no es nuestro de cualquier golpe o herida.