Estoy cansada de que me prometan que llegará alguien mejor. No quiero que llegue nadie; a veces quiero que quien está aquí decida quedarse, sanar, crecer y elegirme con hechos.
A mí no me preocupa cómo me cuenten o cómo me pinten, yo sé muy bien con quién fui luz y con quién tuve que defenderme, mis actitudes siempre fueron una respuesta, nunca un ataque; al final, cada quien carga con su conciencia, y la mia duerme tranquila.
No te dejes convencer de que tu reacción es el problema cuando fue provocada por una larga historia de límites ignorados, necesidades invalidadas y faltas de respeto.
Cuando alguien te empuja hasta tu límite y luego te culpa por haber llegado a él, está desviando la atención de
Hay despedidas que no te rompen, te despiertan. Porque llega un punto donde tienes que dejar de mendigar amor y aceptar que eso no es vivir, es sobrevivir a medias. Y ahí es donde todo cambia: cuando dejas de buscar en alguien más lo que te falta por construir en ti.
Te enamoraste de alguien roto y terminó rompiéndote a ti.
No fue por falta de amor, ni porque no supieras amar. La realidad es que no basta solo con querer, porque el amor no puede salvar a quien aún no está listo para enfrentarse a sí mismo.
Yo nunca he sido tibia. Si tiro la piedra, no escondo la mano, si digo algo, lo sostengo. Si alguien no me agrada y hablo mal de esa persona, seguro se lo merece. Si se meten con las personas que quiero, las defiendo, y si fui tibia con alguien, seguramente también lo merecía.