Hay actores que fingen llorar en pantalla. Y luego está Emma D’Arcy, cuya entrega es tan absoluta que hasta un moco involuntario termina por convencernos de que no estamos viendo una interpretación, sino una emoción real. Denle el Emmy de una vez.
El Indio se hizo multimillonario predicando socialismo y anticapitalismo, pero murió sin poner un peso para equipar un hospital, sin dejar una fundación para enfermos de Parkinson ni un peso para los pobres. Capitalista con la suya. Socialista con la de otros.