Hoy en LEXCONSULTO: según Morena, la reforma perdió casi 60% de jueces locales capacitados; y un amparo de 2020 no evitó que Pablo López Alavez siguiera preso hasta 2026. Justicia renovada: sin especialistas y con el reloj roto. #PJF#Amparo#Oaxaca#Justicia#ReformaJudicial
Dice la Constitución claramente que la renuncia de un Magistrado Electoral solamente procede por causa grave que debe aprobar el Legislativo. La carta de renuncia presentada el día de ayer no expone ninguna que la justifique. Se va porque “ha tomado la decisión de concluir el ciclo…” e incluso pone fecha para hacerlo. Seguramente el Senado la aprobará.
Interpretar las normas a conveniencia, atropellando la Constitución, se está volviendo la regla en México. Si la causa grave ya no es requisito para renunciar, ¿qué sentido tiene que la Constitución la exija?
La comparación con La lista de Schindler no solo es históricamente incorrecta: invierte por completo su significado.
Oskar Schindler elaboró una lista para salvar vidas. Los nombres incluidos eran los de personas judías que buscaba proteger de la persecución y el exterminio nazi. Era una lista para sustraer personas del poder persecutorio, no una lista elaborada por el poder para identificar a sus críticos.
Si queremos buscar antecedentes históricos, las listas elaboradas desde el poder para identificar, clasificar o exhibir a quienes considera adversarios tienen referentes muy distintos.
El propio régimen nazi recurrió sistemáticamente a registros, fichas y listas para identificar a quienes consideraba enemigos o amenazas. La Gestapo acumuló información y expedientes sobre opositores políticos, integrantes de la resistencia y otros grupos perseguidos. Identificar y clasificar permitía al aparato estatal saber quién era considerado peligroso, disidente o indeseable. En ese contexto, el registro no protegía frente al poder: era una herramienta del poder persecutorio.
En la Unión Soviética de Stalin, durante la Gran Purga, existieron las conocidas como “listas de Stalin”, con nombres de personas sometidas a la maquinaria represiva del régimen y que eran elevadas para aprobación de las máximas autoridades soviéticas. Nuevamente, la lista no protegía al perseguido: lo individualizaba frente al aparato represivo del Estado.
Durante el macartismo en Estados Unidos, particularmente a finales de los años cuarenta y durante los cincuenta, actores, guionistas, directores y otros profesionales fueron identificados por sus supuestas simpatías comunistas. La Hollywood blacklist convirtió el señalamiento político en un mecanismo de exclusión profesional. Aparecer asociado a determinadas ideas podía significar perder el trabajo o quedar prácticamente fuera de una industria. Y el mensaje trascendía a quienes aparecían en las listas: advertía a los demás sobre el costo de determinadas posiciones.
La Stasi, en la República Democrática Alemana, construyó un enorme sistema de vigilancia, registros y expedientes sobre ciudadanos, intelectuales, opositores y disidentes. Identificar, registrar y clasificar permitía al Estado saber quién criticaba, qué decía y con quién se relacionaba.
Y no necesitamos salir de México.
Durante la llamada Guerra Sucia, instituciones de seguridad e inteligencia del Estado -entre ellas la Dirección Federal de Seguridad- elaboraron fichas, expedientes y registros sobre estudiantes, activistas, integrantes de movimientos sociales, intelectuales y opositores. El Estado observaba, clasificaba y acumulaba información sobre quienes consideraba políticamente relevantes o incómodos.
Cada uno de estos episodios ocurrió en circunstancias históricas distintas y tuvo consecuencias diferentes. Pero esa diferencia no vuelve irrelevante la comparación ni permite trivializar lo que significa que el poder público identifique, clasifique y exhiba nominalmente a quienes lo cuestionan.
Mucho menos en México.
México es desde hace años uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Aquí periodistas han sido amenazados, desaparecidos y asesinados por hacer justamente aquello que corresponde a una prensa libre: investigar, cuestionar y poner el dedo en la llaga. Corrupción, abuso de poder, delincuencia organizada, vínculos entre autoridades y grupos criminales, redes de intereses políticos y económicos.
Por eso, una lista de periodistas críticos elaborada y exhibida desde la Presidencia no es solamente una lista.
Es un señalamiento desde el poder.
Y el señalamiento adquiere otra dimensión cuando proviene de uno de los poderes más importantes del Estado y recae sobre personas cuya actividad profesional las coloca ya en una situación de riesgo.
Por eso resulta particularmente desafortunada la referencia a La lista de Schindler.
Schindler hizo una lista para salvar a personas perseguidas por el poder.
Si esta señora llega a la presidencia de la corte, el personal del poder judicial deberá irse despidiendo de sus derechos laborales #PoderJudicial#leniabatres