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Un homenaje a radio Oasis (2000-2013) proyecto de Julián García Reyes.
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El askos en forma de pato es una célebre vasija cerámica de la cultura etrusca datada entre el 330 y 310 a.C., perteneciente a la destacada colección de antigüedades griegas, etruscas y romanas del Museo del Louvre en París.
Proviene de la región de Volterra (o Chiusi) en Italia, un área famosa por sus avanzados talleres cerámicos durante el periodo Clásico tardío y Helenístico temprano.
Esta pieza se atribuye al llamado Grupo de Clusium (Chiusi) o talleres estrechamente vinculados en Volterra.
Ambas ciudades compartían un floreciente comercio y estilos artísticos comunes en la segunda mitad del siglo IV a.C.
Un askos es un recipiente diseñado originalmente para almacenar y verter líquidos valiosos como aceites perfumados, ungüentos cosméticos o vino.
Debido a su elaborada estética y tamaño, muchos especialistas sugieren que estos ejemplares zoomorfos tenían un propósito puramente ritual o funerario, depositados en las tumbas de la élite etrusca como ofrendas para el viaje al más allá.
Elaborado con arcilla modelada a mano y elementos torneados. Emplea la técnica de figuras rojas etruscas combinada, en ocasiones, con policromía y sutiles detalles grabados o añadidos en relieve.
En la cosmovisión etrusca, estas divinidades menores se identifican como Lasas, seres psicopompos (guías de las almas) o ninfas vinculadas al tocado, el embellecimiento femenino y los rituales del amor.
Arte en movimiento con apoyo de Grok.
La crianza respetuosa no tiene la cagá. Lo que tiene la cagá son los papás que no ponen ningún límite. Eso NO es crianza respetuosa, al contrario, la crianza respetuosa promueve, dentro de sus orientaciones, establecer límites y su cumplimiento.
1/8 Un agricultor de Cholchol fotografió a su familia y su entorno entre 1905 y 1940. Sin proponérselo, dejó un registro clave para entender la llegada del Estado chileno a la Araucanía. 🧵
Domenico Modugno visitó Chile por primera vez del 19 al 24 de agosto de 1959. Realizó presentaciones en el Teatro Astor, en el Waldorf y en Radio Minería.
@ItalyinChile@ValeriaBiagiott
@frankaentumente@EduardoArcosA Yo tengo mi siguiente teoría: de la cuesta el melón al norte es el norte. Y de angostura al sur es el sur. Lo que está entre medio es el centro-centro.
Siguiendo con datos de la Historia de Chile, comparto acerca de la Colonización alemana, cantidad de personas por año, regiones de la cuales procedían y profesiones.
Debemos resistir a la mercantilización de las necesidades humanas esenciales. El agua, los alimentos y la asistencia sanitaria no pueden estar subordinados a consideraciones de mercado o a intereses geopolíticos. El acceso a una alimentación adecuada es un derecho humano fundamental arraigado en la dignidad de cada persona. Responder a esta necesidad no solo sirve para aliviar el sufrimiento, sino también para afrontar las causas que subyacen a la inestabilidad geopolítica. De hecho, la seguridad alimentaria es un componente esencial de la seguridad global e integral. https://t.co/xj8YIAaaKi
Siguiendo con Chile Colonial ayer comenté acerca de las españolas, hoy nos toca a las mestizas fundadoras de la sociedad chilena, dejo sus nombres, una incluso es antepasado de 15 Presidentes de la República por ser hija de Bárbola Coya princesa incaica. (J.G Muñoz Correa et al)
😳 "MURIÓ EL FÚTBOL PARA SIEMPRE"
El mundo del fútbol no puede creer que a segundos de comenzar el Mundial los mexicanos empezaron a cantar OLÉ OLÉ por pases intrascendentes en su propio campo y con el partido 0-0
Novedades en estudio para Chile.
A mediados de la próxima semana una situación en altura podría hacer de las suyas en sectores del norte chico, especialmente en cordillera.
La zona central también podría recibir novedades hacia el fin de semana.
Estos eventos se encuentran en observación. Estaré actualizando.
VIOLENCIA SIMBÓLICA
La victimización del victimario. Hay una forma de violencia particularmente perversa. No rompe vidrios, no deja hematomas, no dispara balines ni lanza piedras. No necesita gritar porque sabe que puede herir susurrando. Es la violencia simbólica: esa modalidad refinada de agresión que se disfraza de opinión, performance o simple libertad de expresión, mientras inocula desprecio, humillación y provocación calculada.
La violencia física es condenable. La verbal también.
Sobre ello existe un consenso razonable. Sin embargo, hay una categoría más sofisticada y escurridiza que suele escapar al escrutinio público porque opera desde la ambigüedad. Su fuerza radica precisamente en que puede negar su propia existencia. Golpea y luego afirma que jamás levantó la mano.
La violencia simbólica consiste en utilizar símbolos, mensajes, imágenes o conductas destinadas a provocar, degradar o imponer una visión sobre otros, especialmente cuando dichos símbolos evocan experiencias traumáticas, abusos o episodios dolorosos para una parte significativa de la sociedad.
Quien se viste deliberadamente evocando a un dictador, quien reivindica represiones que dejaron víctimas o quien transforma el sufrimiento ajeno en una puesta en escena política, sabe muy bien lo que está haciendo. No hay ingenuidad posible.
La provocación calculada rara vez es un accidente. Lo fascinante, y al mismo tiempo miserable, es que los cultores de esta práctica suelen presentarse como paladines de la tolerancia. Lanzan la piedra simbólica y esconden la mano. Instalan el agravio y luego exigen respeto. Provocan hasta el límite y, cuando alguien reacciona, se apresuran a ocupar el papel de víctimas.
Es una operación política de una pobreza intelectual notable. Consiste en reemplazar las ideas por la provocación, el debate por el espectáculo y los argumentos por la manipulación emocional. No se busca convencer; se busca irritar. No se pretende construir; se pretende detonar. El procedimiento es conocido. Primero se introduce un símbolo destinado a herir sensibilidades. Luego se espera la reacción. Finalmente, cuando esta llega, se denuncia intolerancia, censura o fanatismo.
El agresor se transforma mágicamente en agredido. El victimario se disfraza de víctima. Y la discusión pública queda reducida a una representación grotesca donde la responsabilidad desaparece. Nada de esto justifica insultos, amenazas o agresiones físicas. La violencia nunca es una respuesta legítima. Pero tampoco puede aceptarse la ficción de que la provocación permanente carece de consecuencias.
La convivencia democrática exige derechos, pero también responsabilidades. Las democracias saludables descansan sobre desacuerdos profundos administrados mediante reglas compartidas de respeto. Cuando actores políticos convierten la provocación en estrategia, erosionan precisamente esas reglas. Transforman el espacio público en una arena donde el objetivo ya no es deliberar, sino exasperar.
La violencia simbólica es especialmente dañina porque es persistente. No actúa como un golpe aislado, sino como una gotera constante que deteriora lentamente la confianza social. Va normalizando el desprecio, trivializando el dolor ajeno y degradando el lenguaje político hasta convertirlo en una competencia de provocaciones cada vez más extremas. Por eso resulta tan peligrosa. Porque destruye la convivencia mientras proclama defenderla, y agrede mientras reclama respeto.
Porque ofende mientras exige consideración. Y porque, en su versión más ruin, convierte la reacción de los otros en combustible para su propio relato victimista. Provocar deliberadamente para obtener una respuesta y luego denunciar al provocado no es valentía. Tampoco es libertad. Mucho menos política. Es una forma de cobardía. Una de las más refinadas y miserables. La cobardía de quien no tiene nada que ofrecer salvo el agravio. La mediocridad de quien, incapaz de construir una idea, decide construir una trampa.
via @Eneatipo7@MisColumnas